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O medievalista Levi Roach resume em livro a história dos normandos, os filhos do guerreiro Rollo, que conectaram e integraram grandes zonas do Velho Continente e do Mediterrâneo. David Barreira para El Cultural:
A
Haroldo Godwinson, el hombre más poderoso de Inglaterra en 1066, le
amenazaban por dos flancos. Guillermo, el duque de Normandía que poco
tiempo después sería ungido como "el Conquistador", había concentrado en
la costa norte de Francia un ejército excepcionalmente grande
y se disponía a cruzar el Canal de la Mancha. El hermano del soberano
inglés, Tostig, que había efectuado varias incursiones devastadoras en
las zonas meridional y oriental de la isla, presentaba ahora una nueva
alianza con el rey norguego Harald Hardrada, que también se agarraba a
un residual derecho de sangre para reivindicar el trono.
De la primera empresa, Haroldo salió triunfante llevando a cabo una de las grandes hazañas de la logística medieval:
reclutó en Londres de forma apresurada un contingente que se acercaba
en número a las tropas enemigas y, recorriendo más de 40 kilómetros
diarios, se plantó el 25 de septiembre en la localidad de Stamford
Bridge, al oeste de York, sorprendiendo y derrotando al ejército
vikingo. Esta batalla, de hecho, se ha considerado tradicionalmente como
la clausura de la Era Vikinga (793-1066).
Sin
embargo, Haroldo cayó derrotado y muerto el 14 de octubre en la famosa
batalla de Hastings. Guillermo accedió así a la corona que codiciaba y
se convirtió en el primer rey normando de Inglaterra.
El tapiz de Bayeux, una crónica encomiástica y propagandística de estos
acontecimientos, con numerosas escenas y más de medio millar de
personajes que trazan un relato ambiguo y lleno de misterios, es el
monumento más icónico de la conquista normanda y de este pueblo de
guerreros.
Las
acciones bélicas y políticas de los normandos, no obstante, no se
circunscribieron exclusivamente a las islas británicas. Su linaje llegó a
gobernar el norte de Francia, el sur de Italia, Escocia y grandes zonas
de Gales e Irlanda, y también protagonizaron un espectacular —aunque
efímero— impacto el Mediterráneo oriental, donde pusieron en riesgo la estabilidad del Imperio bizantino.
El cénit lo alcanzaron en 1212 con la coronación del normando siciliano
Federico II, apodado "el niño de Apulia", como gobernante de los
alemanes. Ocho años más tarde le sería entregado también el cetro del
Sacro Imperio Romano Germánico.
Para
el medievalista Levi Roach, profesor en la Universidad de Exter, los
normandos fueron uno de los principales motores del surgimiento "por
primera vez de una cultura europea común". En su libro Normandos, que
edita ahora en español Crítica, narra cómo todas sus aventuras
"reconfiguraron por completo el mapa de Eurasia occidental". "No es
exagerado decir que el mundo moderno sería irreconocible de no haber
sido por los normandos", sentencia.
De paganos a cristianos
Pero
el historiador desliza ya hacia el final de su relato otra
característica definitoria en la biografía de estos "sujetos
extraordinariamente resbaladizos": de la misma forma que se asentaron y
echaron raíces en multitud de regiones, su identidad fue difuminándose,
se convirtieron en franceses, ingleses, sicilianos o escoceses. "Estaban
al mismo tiempo en todas partes y en ninguna: eran un pueblo con un
pasado glorioso, pero con poco futuro", escribe. Fueron, en definitiva,
víctimas de su propio éxito.
El
ensayo de Roach es interesante porque presenta una historia accesible
pero de alta divulgación —brilla sobre todo a la hora de contraponer las
fuentes escritas y desnudar sus exageraciones o partidismos— sobre esta
singular civilización. No es un análisis sesudo sino un estupendo
resumen instruido para descubrir las peripecias y el legado de los
descendientes de Rollo.

Sí, los normandos eran vikingos en su origen.
El conocido guerrero que participó en el asedio de París entre 885 y
886 invadió con sus hombres la región al norte del río Sena. Hacia el
año 911, el rey francés Carlos el Simple llegó a un acuerdo con Rollo
por el que le entregó una parte importante de lo que se convertiría en
Normandía a cambio de garantizar la seguridad del reino. Poco a poco,
los nórdicos paganos se fueron convirtiendo en normandos cristianos,
participaron en luchas dinásticas y comenzaron a explorar otros rincones
del continente.
Uno
de los normandos de mayor fama fue Roberto Guiscardo (c. 1040-1085).
Gracias a una serie de audaces operaciones militares aseguró el control
de gran parte de la península itálica y fundó el reino de Sicilia,
uniendo toda la zona bajo un mismo estandarte por primera vez en casi
medio milenio y reforzando los lazos de la Europa occidental católica.
En las islas británicas, señala el autor, introdujeron los castillos o
la cultura caballeresca. Su principal tesis es que los normandos
conectaron e integraron grandes zonas del Viejo Continente y el
Mediterráeno.
Roach dedica un capítulo a la presencia normanda en la Península Ibérica,
sobre todo por su participación en el asedio de Lisboa en 1147. Hubo un
importante asentamiento en Tortosa y sus alrededores y personajes como
Rotrón del Perche participaron en las primeras campañas contra los
musulmanes encabezadas por Alfonso I el Batallador. A pesar de su
significativo papel, nunca se integraron en las estructuras de poder
locales y no tuvieron éxito a la hora de crear un estado independiente.
El historiador lo achaca a una cuestión de "suerte", cuando más bien el
número de participantes rara vez destacó.
Asimismo, los normandos establecieron un reino fugaz en el norte de África, que amenazó a los gobernantes fatimíes de Egipto
y a los señores almohades de Marruecos, desempeñaron un papel destacado
en la génesis de la Primera Cruzada y se labraron frente a los
bizantinos una reputación marcada por su valentía y ferocidad. De
vikingos a conquistadores de Europa.
Postado há 2 days ago por Orlando Tambosi

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