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Arturo Reverter percorre algumas das obras sacras mais conhecidas, como a de Bach, a de Vivaldi e a de Mozart, em artigo para El Cultural:
Las
religiones han necesitado de la música para prosperar, para envolver el
mensaje místico o humanista. Hay que admitir en todo caso que la música
sagrada pertenece más a la liturgia que a la música; pero no es una
servidora de aquella, forma parte esencial del todo.
Stabat Mater
El
Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736) es un oratorio
–o cantata– escrito pocos días antes de la temprana muerte de su autor.
Esta evocación de la Pasión de Cristo y del sufrimiento de la Virgen es
una auténtica obra maestra de la expresión religiosa. La partitura llega
directamente al corazón a través de las líneas melódicas y armónicas
entre las que emergen curiosas disonancias. Buena piedra de toque para
una soprano y una mezzo duchas en las agilidades.
Muy distinto es el de Antonio Vivaldi
(1678-1741), para soprano y cuerdas, que rompe con los principios que
regían casi todas sus composiciones. En este caso se renuncia a la
alternancia de tempos vivos y lentos. Todos sus movimientos son pausados
y van del Largo al Andante. Se estrenó en Brescia en 1712.
Pasiones
Entre las obras más representativas e interpretadas por estas fechas se sitúan las pasiones de Johann Sebastian Bach
(1685-1750), en particular la de San Mateo, estrenada en 1727; un gran
fresco dramático en el que la disposición de elementos y el tono general
poseen un evidente aire operístico, cargado de dramatismo, de un
intenso lirismo y de un énfasis que a veces está llamando a gritos la
escena.
Bach
introdujo 12 corales armonizados, a los que han de sumarse los cánticos
de los números 1 y 25 y el gran coral con el que concluye la primera
parte. El doble coro es uno de los factores distintivos de la obra, y
ello de acuerdo con la disposición antifonal de la iglesia de Santo
Tomás de Leipzig. Bach escribió también La pasión según San Juan.
Hay otros músicos que han hincado el diente a estos testimonios de los apóstoles, como el polaco Krzysztof Penderecki (1933-2020), cuya obra sobre lo escrito por San Lucas fue estrenada en 1966,
Te Deum
Hay que citar también el famoso Te Deum de Georg Fiedrich Händel
(1685-1759), compuesto para festejar la victoria de los ingleses sobre
los franceses en la batalla de Dettingen (1743). No es que tuviera
demasiada relevancia histórica pero Händel quiso festejar la victoria
sobre Francia con esta composición, que se escuchó cinco meses después
del acontecimiento. La obra es formidable y aparece conectada con los
oratorios El Mesías, Saul e Israel en Egipto. Coros ceremoniales,
trompeterías y una energía vivificante caracterizan la obra.
Réquiem
Seguramente
el género musical religioso más determinante en cuanto a la consecución
de grandes piezas es el de la misa de difuntos, el réquiem. Podríamos
destacar tres: el de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), el de Giuseppe Verdi (1813-1901) y el de Johannes Brahms
(1833-1897). El primero surgió gracias a un misterioso encargo del
conde Walsegg-Stuppach, un compositor aficionado que deseaba dedicar un
réquiem a la memoria de su joven esposa.
Copiaría
la partitura de su puño y letra y la haría ejecutar bajo su dirección
en la parroquia de Wiener-Neustadt el 14 de diciembre de 1793. No
tardaría mucho en saberse que la obra, incompleta, había sido terminada
por un discípulo, Franz Xaver Süssmayr; y muy dignamente, un cierre
considerado a la altura inmarcesible de la música que llegó a escribir
el maestro.
El
Requiem verdiano es una ingenua y tonante visión que se debate “entre
una combustión miguelangelesca y una aristocrática respiración a flor de
labios” (Gustavo Marchesi). Tiene una fuerza directa, un poder de
convocatoria, una sencilla y majestuosa belleza y una grandeza
indiscutibles albergados en su bien estudiada construcción, en su hábil
juego armónico, en su respiración dramática y en su sensual y hermosa
línea melódica, tan profundamente verdiana, tan sugestiva, tan
identificada con la semántica del texto latino cantado. Nació en 1874 a
partir del Liberame Domine escrito años atrás en memoria de Rossini.
Brahms
construyó con su Requiem una de sus partituras más diáfanas, de más
claros planteamientos contrapuntísticos, de más honda espiritualidad.
Sus siete partes encierran un sinnúmero de bellezas. La efusión íntima
que emana de esos pentagramas, de tan delicado trazado, (lo que no
excluye el vigor) es siempre prueba para la sensibilidad y dotes
constructivas de un director. Su quinto número es un entrañable y dulce
recuerdo de la madre muerta en el que la soprano solista ha de realizar
una evocación de extrema delicadeza. La obra fue estrenada en su versión
integral el 18 de febrero de 1869 en Leipzig.
Siete palabras de Cristo
Es importante para finalizar este recorrido sacro hacer mención de una singular creación orquestal de Franz Joseph Haydn
(1732-1809), Las siete palabras de Cristo en la Cruz, encargo de la
Catedral de Cádiz. Algo no tan sorprendente considerando que los
pentagramas del maestro fueron especialmente difundidos y disfrutados en
España, donde su presencia fue continua. Datan de 1786. El propio
compositor arregló el original para cuarteto y piano y finalmente lo
transformó en oratorio.
Discos para tocar el cielo

Stabat Mater, Pergolesi
Director: Diego Fasolis. Intérpretes: Julia Lezhneva, Philippe Jaroussky. Orquesta: I Barocchisti. Sello: Erato.
Hace
diez años el contratenor francés Jaroussky aún no tenía ni la fama ni
la influencia ni los recursos que hoy atesora, pero era ya una autoridad
dentro de su campo. Y la voz, suave, cálida, bien emitida, timbrada y
dulce, la de una soprano o de una mezzo muy lírica, ya nos captaba.
Aspectos que se pueden apreciar en esta luminosa interpretación de la
obra de Pergolesi.
Más
tarde, el cantante, con la dirección de la contralto Nathalie Stutzmann
al frente del grupo Orfeo 55 y con la compañía de la soprano Emöke
Baráth, volvió a grabar la partitura. Preferimos la versión antigua, más
transparente, más cándida. Con una cristalina Julia Lezhneva. El
fraseo, bien cincelado, la emisión, tan natural, la dicción, el sentido
del recogimiento están presentes en todo momento, con un Amén de
perfectas agilidades. En el disco aparecen asimismo el Laudate pueri y
el Confitebor. Con el Coro de la Radiotelevisión Suiza.

Las siete palabras de Cristo, Haydn/Barbieri
Director: Rafael Ruibérriz. Cuarteto: La Spagna. Sello: Brilliant.
El
profesor Emilio Casares describe a Francisco Asenjo Barbieri
(1823-1894) como “una figura multiforme: compositor, director, poeta,
escritor, filólogo, musicólogo, empresario, bibliófilo y organólogo”.
Fue un gran admirador y defensor de la música de Haydn, lo que le llevó a
realizar en sus años mozos como ejercicio, probablemente a instancias
de su maestro Ramón Carnicer, un arreglo de la versión para cuarteto de
Las siete palabras con flauta añadida.
En
ella, como apunta Ruibérriz –que duda de si el encargo de la partitura
original provino de la propia Catedral gaditana o de algunos miembros de
la Cofradía–, la flauta actúa como una quinta voz, con material
melódico completamente nuevo. La interpretación es respetuosa, afinada,
bien fraseada y singularmente expresiva y “descriptiva” (escúchese el
‘Terremoto’ final). Interviene como narrador, quizá con un exceso de
énfasis poco natural, el actor José Luis Gómez.

La pasión según San Mateo, Bach
Director: Raphaël Pichon. Orquesta: Ensemble Pygmalion. Sello: Harmonia Mundi.
En
los últimos años ha habido un aluvión de nuevas recreaciones
discográficas de esta obra. Una de las últimas es la consignada en la
ficha. Merece la pena que nos detengamos aquí para recomendarla. Pichon
ha sabido unificar sabiamente criterios y estilos para dar cima a una
magnífica visión de la obra en la que el drama de la Pasión de Cristo
aflora con una verdad casi cinematográfica tras el cúmulo de contrastes y
efectos narrativos de la mejor ley que nos propone este músico, que
cuenta con dieciséis voces en cada uno de los coros y 18 y 17
instrumentistas, respectivamente, en las dos orquestas.
El
planteamiento del director, que consigue un inmejorable empaste de los
conjuntos, es animado y expresivo, de tal forma que la narración
discurre de manera muy fluida sin decaer ni un instante; con todo el
relieve necesario. Y con una magnífica prestación de las voces solistas,
todas en su sitio e imantadas por la rectoría.

Réquiem, Verdi
Director:
Antonio Pappano. Intérpretes: Anja Harteros, Sonia Ganassi, Rolando
Villazón, René Pape. Orquesta: Santa Cecilia. Sello: EMI.
Hay decenas de versiones discográficas de esta obra. En la memoria quedan las de Serafin, De Sabata, Karajan, Solti, Barbirolli, Abbado, Muti…
y tantas otras. ¿Qué aporta la de Antonio Pappano, un director
aplicado, seguro, de buena visión musical, conocedor y sabedor de cómo
combinan las líneas vocales y las orquestales? Orden, excelente
organización, adecuada disposición de volúmenes, equilibrio polifónico,
lirismo bien administrado y experta coloración de atmósferas.
Una
interpretación honrada, con las cosas en su sitio, equilibrada y
musical. Con algunas soluciones de índole dinámica discutibles, unos
conjuntos que se las saben todas en este repertorio. Y cuatro buenos
solistas que tienen sus problemas, en especial la muy lírica mezzo
Ganassi y el engoladillo Villazón. Se nota, sin duda, que la grabación
está hecha en la soberbia acústica del Auditorio de Santa Cecilia de
Roma.
Postado há 1 week ago por Orlando Tambosi

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