BLOG ORLANDO TAMBOSI
Depois de uma exitosa carreira como neurocirurgião, Henry Marsh iniciou outra igualmente exitosa como memorialista, abordando algumas das interrogações mais importantes do nosso tempo. Entrevista a David Vázquez, da revista Ethic:
A
Henry Marsh (Oxford, 1950) le van los cambios de tercio. Hijo de una
familia que se vio obligada a exiliarse de la Alemania nazi para huir de
la Gestapo, Marsh –un hombre comprometido siempre con su tiempo– amagó
en un primer momento con cursar estudios humanísticos. Un año sabático
trabajando en un hospital cambió su destino para siempre. En 2014, hacia
el final de su exitosísima carrera como neurocirujano, arrancó su
carrera como autor. ‘Al final, asuntos de vida o muerte’ (Salamandra) es su tercer libro, una reflexión sobre lo que ha significado para él pasar de ser médico a ser paciente.
¿Cómo
alguien que empezó estudiando Política, Filosofía y Economía en Oxford
acabó siendo un famoso neurocirujano? ¿Qué le atrajo de la Medicina?
Soy
una persona muy práctica en el sentido de que siempre me ha gustado
usar las manos. Prefiero hacer cosas prácticas a limitarme a la teoría.
Además, siempre he aspirado a cambiar el mundo en el que vivimos de
forma práctica y no teórica. Por otra parte, vengo de una familia no
científica ni médica y fue casi algo automático inclinarme a estudiar
esto en la universidad. Mi madre, que no era comunista, solía citarme a
Marx cuando yo era joven. Mis padres eran idealistas, formaban parte del
grupo que fundó Amnistía Internacional, y me transmitieron la firme
convicción de estar al servicio público. Cuando me tomé un año libre de
mis estudios en Oxford, trabajé en el quirófano de un hospital como
portero y allí descubrí mi amor por la cirugía.
Tras la publicación de sus memorias, ¿cómo ha afrontado la escritura de este tercer libro? ¿Qué lo diferencia de los otros dos?
Siempre
estoy escribiendo –llevo un diario desde los 12 años– y los libros son
una especie de efecto secundario derivado de ello. Este trata sobre
envejecer y la transición que me ha convertido en paciente. Me retiré de
la práctica médica poco antes de la pandemia, aunque sigo dando clases y
conferencias.
Al hilo de esto, ¿qué mensaje quería enviar esta vez?
Quería
describir el difícil equilibrio que los médicos deben encontrar entre
la amabilidad hacia sus pacientes y el frío distanciamiento clínico.
También quería hablar de cómo, cuando nos acercamos al final de nuestras
vidas, queda muy claro lo que es realmente importante.
Sus
libros anteriores fueron grandes éxitos de crítica y público. ¿Se lo
esperaba? ¿Le supuso más presión cuando se sentó a escribir este nuevo
libro?
No
esperaba el éxito de mis dos primeros libros, pero no me he sentido
presionado tampoco con el tercero. Escribo para mí, y solo espero que a
los demás les guste lo que escribo.
Su primer libro se titula No hagas daño. Parece un objetivo modesto para un aclamado neurocirujano como usted.
El
título es más bien irónico porque el verdadero problema es que los
cirujanos a veces no podemos evitar hacer daño. Ninguna operación es
segura. El problema es vivir con ello y aprender sin perder la humanidad
en el proceso.
Precisamente
para no perder la humanidad, ha hablado en alguna ocasión de la
importancia de reconocer los errores y aprender a vivir con ellos. ¿Es
posible convivir en paz con errores que cuestan vidas?
Hasta
cierto punto, pero los fantasmas de los pacientes a los que siento que
he fallado de un modo u otro están conmigo. Han estado siempre conmigo y
me han seguido hasta la jubilación. Lo acepto como un precio que debo
pagar por el enorme privilegio de ser médico y por haber tenido éxitos
más o menos frecuentes. Lo importante ahora para mí es ayudar a la
próxima generación de cirujanos a evitar los errores que yo cometí. Por
eso sigo enseñando y dando conferencias.
En
sus memorias critica a algunos médicos reacios a admitir errores, pero
también la burocracia de la sanidad pública británica. ¿Hace más daño un
mal médico o un mal político?
Las
malas decisiones de un político afectan a mucha más gente que las de un
mal médico. Además, hay que decir que la mayoría de los errores de los
médicos son involuntarios. Muchos políticos, aunque no todos, solo están
motivados por la codicia y el amor al poder.
Aunque
ha trabajado en hospitales toda su vida, en alguna ocasión ha dicho que
no le gustan porque le parecen lugares muy fríos. ¿Existe falta de
cercanía con el paciente?
Los
hospitales son lo que en inglés llamamos «instituciones totales» y en
su diseño, en realidad, se parecen bastante a las cárceles, aunque creo
que esto es algo que se ha dado de manera más o menos involuntaria e
inconsciente. En mi opinión, lo mejor sería por un lado restar poder a
los pacientes y por otro reducir la carga emocional del personal
sanitario. Así, podrían percibir a los pacientes como a gente humilde de
la que cuidar. Los pacientes se sentirían más como en casa.
Por
otro lado, también ha hablado del enorme problema que supone que la
sociedad exija perfección a los médicos. ¿Tenemos demasiado miedo a la muerte?
Sí.
Es una tontería intentar desesperadamente vivir el mayor tiempo
posible. Las vidas muy largas no son a menudo vidas buenas, al menos en
sus últimas décadas. Lo importante es llevar una vida que tenga sentido,
y vivir hasta los 95 no da necesariamente más sentido a la vida que
hacerlo hasta los 75. Ayudar a los demás, a todas las formas de vida
–aquí, como médico, permítame que excluya a las bacterias y los virus
patógenos– es lo que da sentido a la vida. Pero todos tenemos un miedo
profundamente arraigado a la muerte y a morir.
También
suele hablar de cómo tiende a recordar más los casos que salieron mal
que los que salieron bien. ¿No es demasiado duro consigo mismo?
En
absoluto. Veo la búsqueda de fallos en mí mismo como el camino para
hacerlo mejor en el futuro. En otras palabras, es un proceso
profundamente positivo, aunque también es doloroso y difícil.
Como
alguien cuya familia tuvo que huir del régimen nazi, ¿qué piensa del
auge de la extrema derecha en el mundo? ¿Estamos olvidando las lecciones
aprendidas?
Sí,
la gente está olvidando los horrores de la Segunda Guerra Mundial. En
el caso de Rusia, por ejemplo, hay que recordar que la crueldad de los
líderes rusos y su desprecio por los pueblos cercanos se remonta a
Gengis Kan.
Usted trabajó además durante años en Ucrania. ¿Qué opina de la invasión rusa y la guerra que asola el país?
Es
terrible. Lo que hay en juego es algo mucho más importantes que salvar
Ucrania y a los muchos amigos que tengo allí. Cualquier victoria de
Putin es la victoria de la dictadura y de la idea de que el poder es el
derecho. Será una luz verde para los líderes antidemocráticos y
despóticos de todo el planeta, el fin de cualquier intento de mitigar
los desastres del cambio climático sin guerras y sufrimiento masivo.
Si solo pudiera dar un consejo a alguien que quiere estudiar Medicina, ¿cuál sería?
¡Que pida ayuda!
Para
terminar por donde empezamos, si pudiera volver a aquellos años en los
que eligió la Medicina por encima de la Política y la Filosofía ¿Lo
volvería a hacer?
Sí, pero ahora entiendo que hay muchas otras formas de hacer del mundo un lugar mejor que ser médico.
Postado há 3 days ago por Orlando Tambosi

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