BLOG ORLANDO TAMBOSI
Os mundos que os escritores criam nascem da insatisfação que lhes produz o mundo dos adultos, solene, previsível e aborrecido. Rafael Narbona para El Cultural:
Hace tiempo una escritora de cuyo nombre no quiero acordarme entrevistó a Javier Marías
en su casa. Aprovechó la visita para escupir toda clase de malicias,
burlándose —entre otras cosas— de los soldaditos de plomo que adornaban
las estanterías. No sé si reparó en que muchos escritores tienen la
misma afición. Luis Alberto de Cuenca
ha llenado su biblioteca de figuras de Conan, la Guerra de las Galaxias
o Tintín. Entre ellas, destaca una hermosa estatuilla de la Princesa
Leia Organa de Alderaan.
Fernando Savater no es menos aficionado a las figuritas. En sus estanterías proliferan los caballos y los personajes de cómic. Arturo Pérez-Reverte
comparte con Luis Alberto de Cuenca la pasión por Tintín. Una estatua
de tamaño casi natural del reportero del mechón pelirrojo y otra de su
perro Milú acompañan a sus más de cincuenta mil libros. Por cierto, la
biblioteca de Pérez-Reverte es una de las bibliotecas privadas más
bellas, con sus hermosas encuadernaciones en un espacio que evoca un
torreón medieval, pero con un interior conradiano.
No
quiero compararme con los nombres citados hasta ahora, pero mi
biblioteca también cobija en sus estanterías soldados de plomo y figuras
del mundo del tebeo o el cine. Estoy particularmente orgulloso de mis
yanquis y confederados, de un Gizmo de peluche y de las figuras de
Tintín en resina, casi todas con el sello de Moulinsart, salvo un
capitán Haddock elaborado por un artesano español, que hasta ahora ha
eludido el celo inquisitorial de Nick Rodwell.
La
combinación de juguetes y libros no me parece antinatural, sino
totalmente comprensible. La literatura no nace de un impulso solemne.
Casi todos los que cometen la temeridad de escribir sienten nostalgia de
su infancia. A fin de cuentas, ¿qué es la literatura? Un deicidio, como
sostiene Vargas Llosa
(que —por cierto— colecciona figuras de hipopótamos), y los deicidios
no son arrebatos filosóficos, sino una regresión hacia la niñez. Los
dioses no son ancianos venerables, sino niños que juegan.
Así lo advirtió Nietzsche,
que identificó al superhombre con un niño. Los adultos juzgan, razonan,
pontifican. En cambio, los niños solo quieren jugar, disfrutar,
experimentar. Los escritores, incluso en su senectud, conservan ese
impulso. Los mundos que crean nacen de la insatisfacción que les produce
el mundo de los adultos, solemne, previsible y aburrido.
¿Significa
eso que la literatura solo es evasión? No, en absoluto. La literatura
es rebelión. A veces, rebelión personal, sentimental, como la de Madame
Bovary, que no acepta su destino de mujer infelizmente casada. Y otras,
rebelión moral y metafísica. El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde no es una simple parábola sobre la dualidad del ser humano.
Stevenson
va más allá. Anticipándose a Nietzsche, protesta contra la tiranía del
yo, un concepto que mutila la pluralidad inherente a la condición
humana. No somos uno, sino muchos. Y, de hecho, casi todas las vidas
incluyen muchas vidas. Vidas opuestas, pero sinceras, no simples
máscaras sucesivas. El Dostoievski revolucionario no es menos verdadero que el Dostoievski tradicionalista.
Los
adultos no suelen rebelarse. Oscilan entre la resignación y el
fatalismo. Piensan que los sueños, sueños son. Por el contrario, los
niños no están dispuestos a renunciar a sus sueños. Observamos esta
actitud en los grandes clásicos literarios. Cervantes parece mofarse de
Alonso Quijano, sometiéndole a toda clase de vejaciones, pero no hay que
ser un lector muy avispado para advertir que tras la befa se esconden
la simpatía y la admiración. Don Quijote no soporta la mediocridad de la
Mancha, con sus paisajes áridos y sus ventas polvorientas. Por eso
convierte los páramos en forestas y las ventas en castillos.
El
cuarto de juegos de un escritor es su imaginación. Allí todo es
posible. Cervantes frecuenta esa estancia para rectificar la época que
le ha tocado vivir. En apariencia fracasa, pero el eco que ha dejado la
invención del Quijote sugiere lo contrario. De hecho, su personaje ha
incorporado un adjetivo que ha trascendido los siglos: quijotesco. La
literatura ensancha el universo. O quizás sería más exacto decir que
materializa la teoría del multiverso, creando nuevos orbes con reglas
diferentes, donde es posible volar, viajar al futuro o resucitar.
En
la infancia, no existe la muerte. En la literatura, tampoco. Sus héroes
mueren en el papel, pero perviven en la imaginación colectiva. ¿Quién
se atreve a decir que Aquiles o Ulises están muertos? Pero los héroes no
solo sobreviven en la imaginación, sino que a veces reviven incluso en
la misma ficción. Sherlock Holmes
vuelve a la vida después de su terrible caída por las cataratas de
Reichenbach. Engullido por el Maelstrom, el capitán Nemo reaparece en La
isla misteriosa. ¿Y quién puede asegurar que la redención de
Raskolnikov en Siberia no constituye una resurrección? No pretendo
banalizar la resurrección de Jesús de Nazaret, pero me parece revelador
que se produzca en el marco de un relato. Contar historias no significa
mentir, sino reinventar el mundo.
Me
llama la atención que las escritoras no sean tan aficionadas a los
juguetes como sus colegas masculinos. Quizás es porque la mujer está más
apegada a la realidad. O porque desarrolla una visión más madura de las
cosas. Los grandes fabuladores como Stevenson, Chesterton, Swift o Borges
son inmaduros crónicos. Las escritoras son menos propensas a fabular.
Sus obras diseccionan el mundo real, a veces con una gran perspicacia,
como es el caso de Jane Austen, una de mis autoras favoritas. No suelen inventar mundos imaginarios porque la vida ya les parece sumamente interesante.
No
me incluyo entre los grandes fabuladores, pero sí entre los inmaduros
crónicos. Y no tengo ninguna intención de cambiar. Hasta que la Parca me
visite, las figuras de Tintín, Haddock y Milú con trajes de astronautas
seguirán en mi escritorio, manteniendo viva la llama de mi niñez. O, lo
que es lo mismo, mi amor por la literatura.
Postado há 2 days ago por Orlando Tambosi

Nenhum comentário:
Postar um comentário