Em artigo publicado pelo Instituto Cato,
o professor Carlos Rodríguez Braun critica a jornalista espanhola
Mariana Mazzucato, do El País, que chama de "favorita do pensamento
único":
Mariana Mazzucato, favorita del pensamiento único, publicó dos artículos
en El País con su habitual idolatría del Estado. En el primero de ellos
defiende “el apoyo financiero a la BBC”, es decir, defiende que el
poder político siga obligando a los británicos a pagar 180 euros anuales
por cada familia, empresa o institución que tenga un televisor. Para
justificar esta incursión en la propiedad de los ciudadanos, Mazzucato
recuerda lo bueno de la BBC, desde sus contenidos originales hasta sus
tecnologías innovadoras, y concluye: “Las inversiones de la BBC
respondieron más a los valores sociales que al valor financiero”. Es que
el valor financiero es lo que el Estado le arrebata al pueblo
británico. Esta realidad es algo que la profesora, que insiste en el
papel del Estado como “creador de valor colectivo”, prefiere ignorar,
como si no importara la destrucción del valor individual llevado a cabo
por la fiscalidad.
Con
la acostumbrada demonización del sector privado, en concreto, las
empresas de Murdoch, doña Mariana nos advierte de que “si la BBC pasa a
depender de un modelo de suscripciones, su futuro sería mucho más
endeble”. No lo sabemos, porque dependería de la libre decisión de los
consumidores, como Netflix o Amazon. Y esa libertad les parece muy mal a
los intervencionistas de todos los partidos.
En
un segundo artículo, Mazzucato invita a “reconstruir el Estado”,
antiguo camelo que da por supuesto que el Estado está destruido. Si
hubiera sido así, habrían desaparecido los impuestos, y usted lo habría
notado, señora. Pero los impuestos son materia menor para la profesora,
que quiere evitar “un comportamiento parasitario de las empresas”, y
establecer “un nuevo contrato social que promueva la creación de valor
por sobre la extracción de ganancias”. Lógicamente, nunca utiliza la
palabra “extracción” para referirse a los impuestos. Saluda, en cambio, a
la NASA, a la que considera modélica porque ayuda a las empresas y
porque en su relación con ellas “los contratos contenían cláusulas
contra el beneficio excesivo, para que la motivación de la carrera
espacial fuera la curiosidad científica en vez de la codicia o la
especulación”. Lógicamente, esos defectos terribles son monopolizados
por el sector privado, mientras que el idolatrado sector público es pura
y talentosa generosidad.
Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 22 de mayo de 2021.
BLOG ORLANDO TAMBOSI

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