Em "A Beleza e o Terror", Catherine Fletcher descobre os massacres, a escravidão e a repressão que as grandes obras da época escondem. Andrés Secane para El Cultural:
Tras
siglos de oscuridad medieval, el Renacimiento surgió como un movimiento
artístico e intelectual que basándose en el humanismo logró mejorar la
sociedad y sentar las bases de los modernos individualismo y
racionalismo. Pero ¿y si no fue exactamente así? Si negar todo lo
anterior, cuyo reflejo se encuentra en el soberbio arte de la época que
sigue extasiándonos hoy en día, los siglos XV y XVI en Italia fueron
también una época plagada de luchas políticas, matanzas, saqueos,
violaciones, trata de esclavos y todo tipo de tropelías que convivían en
el día a día de este periodo de esplendor.
Esta
compleja y ambivalente realidad cotidiana es la que contextualiza la
historiadora británica Catherine Fletcher en La belleza y el terror. Una
historia alternativa del Renacimiento italiano (Taurus), un enjundioso y
enciclopédico ensayo que desvela las partes más oscuras de esta época,
indisolublemente ligadas con los grandes maestros y sus obras, “que
normalmente vemos colgadas en los museos ajenas al ambiente en el que
fueron creadas”, explica.
La
Italia del siglo XV se convirtió en un lugar estratégico de primer
orden por su riqueza, nacida del comercio con Oriente y la ruta de la
seda, por su excepcional posición en el centro del Mediterráneo y porque
allí residían los papas. La constelación de pequeños Estados en lucha
constante provocó que las grandes potencias de la época la convirtieran
en un tablero de batalla. “La experiencia de los italianos de la época
era la de vivir en una zona en guerra. Se cometieron atrocidades como el
saqueo de Prato de 1512, en el que murieron miles de personas, o el
famoso Saco de Roma, cuando las tropas alemanas se ensañaron con el
Vaticano y dibujaron grafitis en sus paredes”.
Un mundo de claroscuros
Pero
la guerra endémica y las sórdidas intrigas políticas no impidieron el
florecimiento de un arte sublime, envuelto eso sí en historias crueles.
Por ejemplo, cuenta Fletcher que Lisa Gherardini, modelo de la famosa
Gioconda, estaba casada con el acaudalado comerciante Francesco del
Giocondo, célebre tratante de esclavos que hizo su fortuna comerciando
con personas por todo el Mediterráneo. O también la de la rica cortesana
Angela del Moro, conocida como la Zaffetta y modelo de la Venus de
Urbino de Tiziano, que fue víctima de una violación ritual en grupo perpetrada por más de 30 hombres.
“Debemos
saber que todo este arte estaba manchado de sangre. Eso no quiere decir
que no podamos sentir placer al contemplar hoy en día las obras de
estos genios, pero conocer su origen y su contexto es capital para
apreciar nuevos matices de una realidad que siempre se nos ha vendido
separada”, insiste la escritora. En este sentido, la carrera de Leonardo da Vinci
es para ella un perfecto ejemplo de la época. “Su vida demuestra que en
el Renacimiento no puedes separar arte y guerra. En sus cartas, se ve
que tenía que ofrecer sus inventos y artefactos bélicos para poder
después pintar cuadros en tiempos de paz”.

Además
de enfocar esta otra cara del periodo, el ensayo de Fletcher pone en
valor el profundo cambio de una sociedad que, azotada por todos estos
males, comienza a dejar atrás la mentalidad medieval para constituirse
en valores que podríamos asociar con nuestro mundo contemporáneo.
“Comienza a aparecer un interés por las finanzas, por el dinero, que
genera tensiones cuando la Iglesia prohíbe ciertos negocios, como el
tráfico de armas de fuego o esclavos. Prohibiciones que no
fructificarían. Por primera vez desde hacía siglos, los beneficios
empezaron a imponerse a la ley religiosa”, apunta Fletcher.
Libertad para unos pocos
También la política sufrió cambios morales de primer orden, como consignó una de las figuras emblemáticas del periodo, Maquiavelo.
“Él escribe lo que ve: los asesinatos, traiciones y las prácticas
políticas habituales a su alrededor. Conservamos su correspondencia con
la marquesa de Mantua Isabel de Este, y en algunas de sus cartas alude a
la necesidad de tomar territorios con las premisas de El príncipe.
Maquiavelo muestra cómo funcionaba la política y, de hecho, su obra fue
censurada y los papas lo consideraban algo preocupante”.
Una preocupación que la Iglesia quiso cortar de raíz, acosada por la Reforma de Lutero
y por la expansión del pensamiento crítico y del cuestionamiento del
poder divino y temporal. “Es cierto que el Renacimiento fue la época en
la que se originaron los debates sobre el origen del poder, la libertad
del hombre y tantas otras cuestiones heterodoxas”, reconoce Fletcher,
“sin embargo, esa sensación de libertad es un poco mítica. La libertad
tal y como la entendemos hoy solo era real para un reducido grupo de
ciudadanos, los hombres de las élites, pero nunca para las mujeres, los
trabajadores medios, los esclavos ni los judíos, que estaban excluidos y
segregados en guetos. Era un concepto ceñido a un reducido grupo”.
Desunida
políticamente y desbancada en muchos aspectos tras el descubrimiento de
América y la apertura del comercio atlántico, Italia continuaría siendo
en los sucesivos siglos un modelo cultural sin el que sería
inconcebible Europa. “La Italia renacentista, con su herencia clásica,
fue en parte como la antigua Atenas, un modelo que tomarían imperios
como el hispánico o el británico para construir su discurso y su
narrativa, para justificar que Europa tomara el control de todo el
mundo”, reconoce Fletcher, que asegura que “comprender en totalidad esta
época puede ayudar a reforzar nuestra pertenencia al continente y a
aceptar partes oscuras de nuestro pasado para que no se vuelvan a
repetir”.
BLOG ORLANDO TAMBOSI

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