BLOG ORLANDO TAMBOSII
![]() |
| Lápide com inscrição (A. S. Leybin, agosto 1886) |
Uma
investigação publicada pela Nature localiza o Quirguistão, em 1338, o
início da peste negra que devastou 60 por cento da população europeia no
século XIV. José Pichel para El Confidencial:
La
historia de la humanidad está repleta de nombres de grandes personajes,
batallas, descubrimientos y revoluciones. Sin embargo, los hechos que
realmente han marcado el devenir de nuestra especie aparecen más
difuminados en el relato, ocultos entre una maraña de fechas y muchas
veces olvidados. Estos últimos años, marcados por el covid, nos han
recordado que el ser humano ha sobrevivido a otras pandemias y que algunas han sido mucho más devastadoras. Sin duda, la que se lleva la palma es la peste negra:
según las estimaciones más pesimistas, pudo acabar con el 60% de la
población de Europa y causar un total 200 millones de muertes en todo el
planeta, sumando las de Asia y África. El desastre dio lugar a un nuevo
mundo, pero hasta hoy apenas sabíamos cuál fue origen geográfico y
cronológico.
Para
los europeos, llegó a bordo de barcos comerciales que alcanzaban el
Mediterráneo procedentes del mar Negro y transportaban mercancías desde
los territorios de la Horda de Oro, desgajada del Imperio mongol.
También conocida como peste bubónica, entre 1346 y 1353 se diseminó por
todo el continente, además del norte de África y Oriente Medio. Después
de esas fechas se dio por desaparecida en la mayor parte de los lugares,
pero en realidad se volvió endémica y siguió causando estragos en lo
que se conoce como “segunda peste pandémica”, que duró hasta principios
del siglo XIX, sumando 500 años de una pesadilla de procedencia
desconocida. Aunque existían diversas hipótesis, un artículo publicado ahora en 'Nature'
parece aportar evidencias definitivas: el ADN de antiguos restos
humanos sitúa el comienzo de la enfermedad en Asia Central, cerca del
lago Issyk Kul, en el actual noreste de Kirguistán, y en la década de
1330.
La
investigación es una minuciosa recopilación de datos paleogenéticos,
históricos y arqueológicos liderada por científicos alemanes de la
Universidad de Tubinga y el Instituto Max Planck, y por la Universidad
de Sterling (Escocia, Reino Unido). Para encontrar la primera pista hay
que remontarse a una excavación arqueológica de hace casi 140 años,
cuando en los cementerios de Kara-Djigach y Burana, ubicados en el valle
del río Chu, junto a las montañas de Tian Shan, se identificó un número
desproporcionadamente alto de entierros de entre 1338 y 1339, con
lápidas que indicaban que la causa de la muerte era la "pestilencia".
Desde aquel descubrimiento, estos restos arqueológicos escritos en
idioma siríaco desataron una gran controversia entre los expertos sobre
su relación con la peste negra. Este nuevo estudio parece confirmar que
sí la tienen. Los científicos han logrado extraer material genético de
los dientes de siete esqueletos en cuyas tumbas estaba inscrito el año
1338 y han identificado ADN de la bacteria 'Yersinia pestis', causante
de la enfermedad, en tres de las muestras.
La
evidencia parece contundente: el debate queda resuelto a favor de que
los sostenían que la peste causó esta alta mortalidad en la región y,
como mínimo, nos habríamos remontado casi una década en la localización
de la enfermedad con respecto a su aparición en Europa, con una
ubicación geográfica distinta y concreta que informaría sobre la
dirección de la que procedía la pandemia. “Finalmente, pudimos demostrar
que la epidemia mencionada en las lápidas fue causada por la peste”,
afirma Phil Slavin, uno de los autores principales del estudio e
historiador de la Universidad de Stirling.
La evolución de la bacteria
Sin
embargo, el análisis del ADN permite sacar conclusiones aún más
interesantes. Los científicos creen que este rincón de Kirguistán es el
verdadero origen de la peste negra por la evolución genética de la
propia bacteria. Estos restos de 'Yersinia pestis' pertenecen a una sola
cepa y son el ancestro común más inmediato a un evento de
diversificación genética que dio lugar a distintos linajes, una cuestión
que ya se conocía gracias a la secuenciación completa del genoma de
este microorganismo, publicada también en 'Nature' en 2011.
Ese “big bang' de diversidad de la peste”, como lo llaman los expertos,
tuvo que ocurrir en algún momento previo a la expansión de la
enfermedad en el siglo XIV. Ahora, “hemos descubierto que las cepas
antiguas de Kirguistán están ubicadas exactamente en el nodo de este
evento de diversificación masiva. En otras palabras, encontramos la cepa
original de la peste negra e incluso sabemos su fecha exacta”, comenta
Maria Spyrou, autora principal e investigadora de la Universidad de
Tubinga, en referencia al año 1338.
Víctimas de peste negra en una ilustración de la Biblia de Toggenburgo.
No
obstante, quedaría por saber de dónde vino exactamente esa cepa.
¿Evolucionó justo donde se ha encontrado o se propagó desde otros
lugares? En realidad, la peste no es una enfermedad propiamente humana,
sino que la bacteria sobrevive en roedores salvajes de todo el mundo, es
decir, lo que se conoce como un reservorio animal. De hecho, las pulgas
de las ratas son el vector de la enfermedad, un intermediario clave
para el contagio, aunque también se produce por un contacto estrecho
entre personas, de tejidos o gotículas respiratorias. Los investigadores
creen que esta cepa, causante de la epidemia de 1338 y 1339 en torno al
lago Issyk Kul, tiene que haber saltado de estos animales al hombre en
este escenario. Pero, además, “encontramos que las cepas modernas más
estrechamente relacionadas con la antigua se encuentran hoy en
reservorios alrededor de las montañas Tian Shan, muy cerca de donde se
encontró la cepa antigua”, explica Johannes Krause, otro de los autores
del estudio y director del Instituto Max Planck de Antropología
Evolutiva. Es decir, que la prolongada segunda peste pandémica tendría
esta misma procedencia, una cuestión igual de relevante para la
epidemiología.
“Las
pruebas aportadas abonan la tesis del origen asiático de la segunda ola
de la peste negra”, destaca en declaraciones a Teknautas Adrián Hugo
Aginagalde Llorente, experto en Historia de las Pandemias y director del
Observatorio de Salud Pública de Cantabria. “Ya en la época su origen
se ubicó en China, como ha ocurrido con otras tantas epidemias”, pero
estos datos confirman “la historicidad de los primeros brotes descritos
del siglo XIV, que no fueron tifus sino peste”. Gracias a los cristianos
nestorianos ya se conocía que entre 1338 y 1339 hubo un brote epidémico
cerca del lago Issyk-Kul, pero este estudio no solo confirma la causa,
sino que “proporciona una mayor precisión sobre el origen, tanto
cronológicamente como geográficamente”.
Factores asociados al origen de una pandemia
Hay
otro dato interesante que “concuerda con las explicaciones causales de
la aparición de esta epidemia”, según el experto español. En el siglo
XIV comenzó lo que se conoce como Pequeña Glaciación o Pequeña Edad de
Hielo, una bajada de las temperaturas que duraría hasta el siglo XIX,
“cambio climático que pudo haber empujado a los roedores hacia zonas más
pobladas”. A partir de ahí también hay que tener en cuenta que la zona
de Kirguistán que centra esta investigación tenía un importante tránsito
de personas en la época, lo que pudo ser clave para la expansión de la
peste “a través de la Ruta de la Seda desde Asia Central o empujada por
los movimientos de poblaciones provocadas por las hordas de los
mongoles”.
No
obstante, este trabajo no permite confirmar esas hipótesis, puesto que
“no aporta información sobre las vías de extensión ni los factores que
favorecieron el que adquiriera magnitud epidémica ni tan elevada
letalidad”. Se trata de restos que “confirman las fases iniciales de las
epidemias, es decir, los brotes localizados en zonas que ecológica e
históricamente son compatibles con la aparición de esta zoonosis”,
afirma Aginagalde.
¿Son
comparables el covid y la peste? ¿Tienen algún patrón en común? Existen
algunas coincidencias, como ese cambio climático incipiente o una gran
intensidad en el tránsito de personas y en los movimientos comerciales,
pero también hay notables diferencias. “Son situaciones bastante
distintas, hablamos de zoonosis que precisan de un vector y que no tiene
tan buena transmisión de persona a persona, al menos, a nivel teórico”,
puntualiza el experto. En cualquier caso, Johannes Krause, uno de los
firmantes del artículo, destaca que en su momento la peste también fue
una enfermedad emergente y que “es muy importante entender en qué
circunstancias surgió”.
La fascinante unión de arqueología y genética
“Nuestro
estudio pone fin a una de las preguntas más grandes y fascinantes de la
historia y determina cuándo y dónde tuvo su origen el mayor asesino de
humanos”, destaca el historiador Philip Slavin en relación con la peste
negra. El proceso para lograrlo ha sido posible gracias a una compleja
alianza de arqueólogos y genetistas. Las excavaciones de la década de
1880 desenterraron una treintena de esqueletos, pero seguirles la pista y
extraer su ADN no ha sido nada fácil. Slavin y otros colaboradores
tuvieron que estudiar los diarios de los arqueólogos de esa época para
hacer coincidir los esqueletos que se habían conservado con las tumbas.
Además, tuvieron que traducir las inscripciones del siríaco.
Excavación de Kara-Djigach. (A. S. Leybin, August 1886)
Esta
investigación entrañaba ciertos riesgos, como la contaminación
ambiental, y no existían garantías de que el material genético
correspondiente a la bacteria hubiera podido conservarse, así que la
secuenciación del ADN de los restos humanos y el hallazgo del material
microbiano en tres de los individuos ha sido un éxito formidable que
ayuda a escribir la historia y que al mismo tiempo aporta mucho a la
epidemiología.
En
los últimos tiempos, la unión de expertos de distintas disciplinas está
revelando información sobre las enfermedades del pasado que parecía
imposible de recuperar. En particular, el conocimiento de la peste negra
es cada vez más preciso. Hace poco, una investigación del CSIC
publicada en la revista 'Nature Ecology and Evolution'
mostró que su impacto fue muy irregular en Europa. Mientras que en
algunas zonas, como Escandinavia o Francia, causó una enorme mortalidad,
todo indica que en otras, como Irlanda o la península ibérica, las
consecuencias fueron mucho menores. ¿Cómo se ha podido saber? El estudio
del polen y de las esporas fosilizados, que aparecen ahora en las
excavaciones, es lo que permite realizar esta deducción. En las zonas
que sufrieron una drástica disminución de la población se redujo la
actividad agropecuaria, dando paso al avance de los bosques y, por lo
tanto, a un cambio de vegetación que aún se puede rastrear en los
trabajos arqueológicos.



Nenhum comentário:
Postar um comentário