O Jovem Marx e a Utopia Comunista é o novo livro do intelectual chileno
Mauricio Rojas, que busca dissecar essa ideologia que delineou o século
XX. Rojas fala sobre o tema em entrevista a Daniel Zuñiga:
Fue un verano de lecturas en Tongoy. Mauricio Rojas tenía 14 años y
vacacionaba junto a su madre, una profesora de Historia y Geografía
Económica, marxista, lectora, con una curiosidad intelectual que la
llevó a tener una biblioteca generosa en casa. De esa biblioteca -donde
estaban las Obras Completas de Lenin-, Rojas sacó los primeros títulos
de Karl Marx, que leyó aquel verano en Tongoy.
No olvidaría nunca esa lectura, pues Marx sería un filósofo que
terminaría marcando -intelectual y vitalmente- su vida, particularmente
su juventud.
Años más tarde, cuando Mauricio Rojas fuera otro -cuando pensara
completamente distinto a aquel joven que se fascinó con el marxismo-,
las ideas del filósofo alemán seguirían rondando en su cabeza. Tanto
así, que terminó dedicándole su tesis doctoral en la Universidad de
Lund, Suecia, país en el que se radicó a partir de octubre de 1973.
Y esa tesis, que escribió en sueco en los años 80, es el origen de su
nuevo libro, que acaba de publicar Penguin Random House en su sello
Debate: El joven Karl Marx y la utopía comunista.
—El libro es básicamente una parte de mi tesis doctoral, por supuesto
que actualizada. Este es un trabajo que emprendí a comienzo de los años
80, que tuvo mucho que ver con mi propio desarrollo. El libro trata,
por supuesto, de Marx, de su biografía intelectual, y enfrenta un
problema que es histórico: el éxito, la atracción enorme que tuvo su
pensamiento y después el fracaso. Pero detrás de todo eso está la
historia personal, mi historia, la de un hombre que se sintió
profundamente atraído por estas ideas y que después hace un proceso
crítico y autocrítico también, y en ese proceso trato de entender qué es
lo que me fascinó de este pensamiento -explica Rojas, sentado en una
oficina de la Fundación para el Progreso, donde es senior fellow.
Hace unos días le llegaron los primeros ejemplares de su nuevo libro,
un ensayo en el que rastrea la importancia que tuvo la herencia de
Hegel en un joven Karl Marx, aunque detrás de este análisis está, dice
él, un pedazo de su experiencia. Aunque esta vez esa experiencia no está
expuesta de forma tan evidente y lamentable como en su libro anterior,
94 horas, crónica de una infamia, sino que ahora opta por un tono más
neutro y formal, más cercano a su trabajo como profesor universitario.
¿Por qué publicar hoy un libro sobre Marx? ¿Cuál es la vigencia de ese pensamiento?
Creo que es fundamental comprender lo que fue el marxismo, que es,
digamos, la ideología revolucionaria más importante de la modernidad. Es
imposible entender el Chile de hoy y el mundo actual sin entender lo
que fue el marxismo.
¿Y cómo se manifiesta lo autobiográfico en un ensayo de estas características, más cercano a lo académico?
Tiene que ver con mi formación, con los libros que había en casa. Leí
muy joven algunas obras de Marx que fueron las que me captaron
profundamente. Transformaron mi vida. El manifiesto comunista, que es un
texto extraordinario, para mí debiera ser lectura obligatoria en toda
escuela, tal como lo es la Biblia o el Nuevo Testamento, porque son
textos que han formado el mundo occidental, para bien o para mal, eso se
puede discutir, pero son fundamentales.
Usted ha contado que fue en Suecia donde empezó a alejarse de las
ideas políticas que lo guiaron en su juventud. Particularmente, cuando
en los 80 tuvo contacto con personas que, según cuenta, arrancaban de
los totalitarismos de izquierda. Pareciera que es más fácil entender ese
distanciamiento desde lo emocional que desde lo intelectual. ¿Cómo
recuerda que fue todo ese proceso?
Yo voy observando a fines de los 70 algo que era obvio para otros:
siempre que estas ideas se han puesto en práctica, poco tiene que ver
con ese paraíso en la tierra que es lo que forma la propuesta comunista.
Para mí lo que fue quedando claro es que lo que atrae del marxismo es
que es una propuesta religiosa. Era una invitación que no podías
rechazar. Pero luego descubrí la realidad terrible de cómo resultan esas
cosas. Cuando hablé con judíos que arrancaban del antisemitismo
comunista o la historia de un cubano homosexual que tuvo que arrancar…,
todo eso me llevó a replantearme muchas cosas. Y cuando me enfrenté a
eso, tuve que recurrir a una gran parte de la literatura que había
entendido este mensaje religioso del marxismo y que lo había
cuestionado.
Ahora, llama la atención que mientras usted tiene contacto con
estas personas que arrancan de regímenes comunistas, Chile estaba bajo
una dictadura antimarxista, anticomunista, donde mucha gente sufría lo
mismo que esas personas…
Claro, claro.
¿Cómo se conectan esos dos hechos? O sea, usted dice que abrió los
ojos y se dio cuenta de los males del marxismo. ¿Pero cuáles eran las
opciones, si en Chile también se estaban cometiendo crímenes?
Ese es un punto muy fácil de conexión: yo venía huyendo de una
dictadura brutal y me encontraba a gente huyendo de otra dictadura
brutal, y llegué al convencimiento de que los problemas eran las
dictaduras. O sea, todo régimen político que se arroga el derecho de
violentar a la persona, violar los derechos humanos, lo que se hacía en
Chile y en la RDA, o en Rusia, era algo que yo rechazaba. Para mí había
una coincidencia que me golpeaba muchísimo: somos todos prófugos de
sistemas que atentan contra la dignidad de un ser humano. Para mí la
condena de una y otra dictadura deben ir juntas.
¿Qué significó para usted volver a revisar material que fue parte
de su tesis? Hoy, el marxismo tiene una presencia mucho más difusa en la
política chilena actual.
Para mí este es un texto sobre la tragedia de la modernidad y de la
formación de nuestro mundo. Si alguien me dijera que ya no tiene interés
en entender cómo pasó todo esto, o en estudiar el nazismo ni la
dictadura, no lo entendería. Todas estas grandes tragedias históricas
hay que estudiarlas, porque tienen una lección. Además, puede que mañana
reaparezcan bajo otra forma, porque lo que planteo acá es que en el ser
humano hay una contradicción que tiene estos aspectos peligrosos y que
en la modernidad se ha manifestado con más fuerza incluso que en las
épocas anteriores. Me parecería extraño que como en Chile ya no tenemos
marxistas reconocibles o activos, esto ya no tiene interés.
¿Cree que la clase política ya no lee a Marx?
Es cierto que nuestra generación se tomaba en serio estas cosas y lo
leía. Hoy día, el marxismo ni se estudia ni tiene esa presencia en
absoluto, lo que para bien y para mal demuestra que hay una liviandad
intelectual que antes no existía.
A propósito de esa liviandad intelectual: se suele asociar la
cultura y las ideas más con la izquierda que con la derecha, que en
general manifiesta poco interés por estas materias. ¿Cree que eso puede
cambiar?
Creo que el debate de ideas hoy día es mucho más vital en la
centroderecha que en la centroizquierda. Yo no veo un debate allá, pero
en la centroderecha sí veo un debate entre tendencias más conservadoras,
podríamos llamar, socialcristianas, difícil de definirlo, pero tienes a
gente como Daniel Mansuy, como (Hugo) Herrera, (Pablo) Ortúzar, y
tienes pensamiento más liberales, como el que representa esta fundación
(FPP), y a cada rato aparecen en los diarios enfrentamientos de gran
interés. Son muy prometedores y a veces se dejan llevar por la pasión de
sus posiciones, pelean mucho entre ellos, pero están reflejando una
vitalidad que es muy bienvenida. Mi único llamado es a cuidar un poquito
la forma. Discrepen de las ideas, pero no se traten como enemigos. De
hecho, ni siquiera la izquierda es nuestro enemigo. Es un adversario
político.
Un adversario que intelectualmente, según usted, no pasa por un buen momento.
Para mí hay una decadencia terrible. Ahora, la oportunidad de
recobrar un poco más de profundidad intelectual era el Frente Amplio.
Pero tuvieron un dilema muy importante: eran chicos jóvenes, en general,
que saltaron de la calle al estrellato y no tuvieron el tiempo para
hacer un proceso intelectual más profundo. Eso ha sido muy perjudicial
para ellos. Estos muchachos prometedores, que lo son, y que los veo con
mucha simpatía, porque es bueno que haya gente así, pasaron demasiado
pronto a jugar en la primera división mediática, sin tener ese tiempo de
formación que es tan importante. Por eso, para mí hoy el panorama es
muy claro: la centroderecha tiene un fuerte y vital debate de ideas, y
la centroizquierda, lamentablemente no.
¿Cómo convive esa centroderecha de “ideas” con una derecha conservadora, donde no se observa un mayor espesor intelectual?
Estoy de acuerdo contigo cuando dices que hay una tradición en la
cual durante mucho tiempo la cultura, las ideas, la literatura, fueron
una especie de patrimonio de la izquierda. La derecha formó muchos y
buenos economistas, mientras la izquierda habitualmente formó sociólogos
y acumuló un capital muy importante… Pero en la derecha hay una clara
contradicción entre su vieja estructura dirigencial en cuanto a la parte
cultural, teórica, que no tiene mayor profundidad (con algunas
excepciones, claro), y los más jóvenes. Es un cambio que no se va a
producir de aquí a mañana, pero sí de aquí a pasado mañana.
¿Confía en que esta nueva generación va a renovar de ideas a la centroderecha?
Ahora están saliendo de la cancha algunas generaciones de viejos
cracks y están entrando en la cancha, haciendo mucho ruido en los
camarines de la política, por lo menos, nuevos jugadores. Creo que eso
le va a hacer muy bien a la centroderecha. Hay una vitalidad importante
para no reducir la política a la cosa cotidiana y pensar en proyectos a
largo plazo, y es ahí donde veo con mucho entusiasmo toda esta vitalidad
en estos jóvenes.
Usted en 2011 dijo que un problema de la centroderecha es que no había podido construir un relato. ¿Cree que eso ha cambiado?
Yo creo que la gente tiene una cierta confusión. Se está esperando
que los políticos de primera fila o el Presidente construyan un relato, y
eso es una idea un poco extraña. Así no surgen los relatos
históricos. El marxismo es el relato más importante de la época moderna.
Este relato no lo hizo un político activo ni nada por el estilo. Esto
lo hicieron los intelectuales, personajes con una pasión por las ideas,
los sueños, que son las que después les dan a los políticos activos ese
marco de idea en el que se orientan y construyen sus relatos más
cotidianos para una elección, etc. Por lo tanto, lo que ha faltado acá
no es tanto que un Presidente haga un relato, sino todo ese entorno
intelectual que debe generarlo.
¿Y ahí es donde estas nuevas generaciones deberían tener un rol importante?
La derecha está buscando nuevos relatos a través de estos jóvenes
intelectuales. Los políticos se mueven dentro de una ventana de
posibilidades, pero los marcos de la ventana los ponen la sociedad
civil, los intelectuales, los debates culturales, todo eso va moviendo
esto… y el político, que es una persona realista siempre, sigue estas
orientaciones.
¿Cree que Chile Vamos va a aprehender ese relato?
Eso es imposible decirlo hoy. Son varios relatos que están
enfrentados, y tú los ves en los diarios cuando discuten. Para que
fructifique un relato debe pasar un buen tiempo. Si alguien piensa que
estos intelectuales están construyendo el discurso para el próximo
candidato… es difícil. Esto tiene que ser pensado en otros plazos para
que la influencia sea mucho más importante. (Instituto Independiente).
BLOG ORLANDO TAMBOSI

A utopía comunista fracasou.É certo que en bastantes poucos anos a URSS pasou de ser unha sociedade semi feudal a ser a 2º potencia mundial, isto hai que recoñecelo, pero foi a base de non ter libertades individuais, que tampouco tiñan moitas antes, incluso ata estaba recente a época da servidume. E o que é peor, foi a base dunha severa represión, sobor de todo na época do sanguinario Stalin. E cunhas decisións económicas que causaron severas fames. E, coa sua caída, viuse claramente que era un xigante cos pes de barro.
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