BLOG ORLANDO TAMBOSI
Em artigo publicado pelo Instituto Cato, Alberto Benegas Lynch (h) considera a propriedade privada a instituição mais importante, pois traduz o respeito recíproco:
Abro
este análisis con citas de una obra magnífica del célebre historiador
de la Universidad de Harvard Niall Ferguson titulada Civilization. The
West and the Rest en donde comienza por aclarar que “Civilización es una
palabra de origen francés originalmente utilizada por el economista
Turgot en 1752 y primero publicada por Mirabeau”, luego escribe que “el
debate actual entre los patrocinadores del mercado libre y los que
suscriben la intervención estatal […], entre los que siguen a Adam Smith
y los que comparten los postulados de John Maynard Keynes y Karl Marx”.
Enfatiza que la civilización remite a instituciones que protegen
derechos: “El punto crítico de la diferencia entre Occidente y el resto
es institucional […] Occidente es mucho más que un lugar geográfico. Es
un conjunto de normas”.
Nos
dice que “América latina ha estado atrás de Estados Unidos. ¿Por qué
ocurre esto? Se podrá pensar que es porque la tierra en el Norte es más
fértil o porque tiene más oro y petróleo, o por su clima mejor o debido a
que los ríos están mejor localizados o como consecuencia de la cercanía
de Europa. Pero nada de esto tiene que ver con el éxito estadounidense
[…] Se trata de una idea que hizo toda la diferencia entre unos y otros
que es el modo en que se gobiernan. Algunos incurren en el error de
identificar esa idea con la democracia e imaginando que cualquier país
la puede adoptar simplemente con llamar a elecciones. En realidad la
democracia es el resultado de un edificio que tiene por sustento el
Estado de Derecho para preservar la santidad de las libertades
individuales y la santidad de los derechos de propiedad privada
segurados por un gobierno representativo y constitucional”. En esta
línea argumental, sostiene que “no hay término que se use más
livianamente que civilización” en cuyo contexto refiere a John Locke
quien consigna que “el fin medular que permite la comunidad ordenada es
la preservación de la propiedad” y concluye Ferguson que “en la raíz
todo se subsume en la propiedad”.
La
propiedad privada resulta indispensable e insustituible para asignar
los siempre escasos factores de producción a los fines más apetecidos
por la gente. Como las cosas no crecen en los árboles y no hay de todo
para todos todo el tiempo se torna inexorable el establecimiento de
prioridades. Y el único modo de encauzarlas es a través del sistema de
precios que son precisamente expresiones de intercambios de derechos de
propiedad en el contexto de ese sistema de señales que marcan que es más
urgente y que secundario. Las ganancias y las pérdidas muestran el
acierto o el desacierto de la utilización de los escasos bienes
disponibles. El empresario que da en la tecla con las necesidades de su
prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. De este
modo se le da el mejor uso a los recursos disponibles siempre según en
criterio de la gente que con sus votos en el plebiscito diario en el
supermercado y afines va dirigiendo el proceso. El comerciante que no
atiende debidamente a sus clientes tiene sus días contados en el ramo.
Lo
dicho debe distinguirse nítidamente del barón feudal, cazadores de
privilegios o ladrones de guante blanco que explotan a sus semejantes a
través de privilegios y mercados cautivos de diversa índole obtenidos en
una cópula hedionda con el poder político de turno. Cuando hablamos de
sociedad libre nos referimos a empresarios en competencia abiertos a
procesos innovadores de cualquier procedencia. Y al referirnos a la
competencia no nos estamos pronunciando por la cantidad de oferentes ya
que puede no haber ninguno en cierto reglón, uno o varios lo relevante
en que el mercado esté abierto para que cualquiera que estime puede
hacer algo mejor que proceda en consecuencia y si no cuenta con el
capital suficiente puede vender su idea a socios locales o extranjeros
que si nadie se la compra significa que la idea es antieconómica o que
aun no le ha llegado el turno de ejecutarse siempre según las
preferencias de los miembros de la sociedad en cuestión.
Como
es sabido Marx y Engles en el Manifiesto Comunista de 1848 escriben que
toda su propuesta puede centrarse en la abolición de la propiedad
privada. Ahora bien como se ha señalado, si no hay propiedad no hay
precios que como dijimos es su correlato indefectible por lo que en esa
situación no hay posibilidad de evaluar proyectos ni contabilidad ni
cálculo económico alguno. Tal como he ilustrado antes, si no hay
propiedad no se sabe si conviene construir caminos con oro o con asfalto
y si alguien considera que con el metal aurífero es un derroche es
porque recordó los precios relativos antes de abolir la propiedad.
Además de los inmensos costos de vidas humanas y de miseria
generalizada, esto que comentamos fue la causa del derrumbe del Muro de
la Vergüenza.
Sin
llegar al extremo de eliminar de cuajo la propiedad privada, en la
medida en que se la ataque por medio de controles de precios, empresas
estatales, reformas agrarias, peso impositivo más allá de lo
indispensable para garantizar derechos, inflación, deuda estatal,
legislaciones laborales contra el trabajo, cerrazón del comercio
internacional junto con manipulaciones en el tipo de cambio y demás
intervenciones estatales, en esa media se desdibujan los precios y
consecuentemente se desperdician y despilfarran recursos lo cual
necesariamente repercute negativamente en ingresos y salarios en
términos reales de todos pero muy especialmente de los más vulnerables
que son los principales afectados por niveles inferiores de inversiones.
La
institución fundamentalísima de la propiedad privada es inseparable del
derecho a la vida y a la misma libertad puesto que significa usar y
disponer de lo propio, sea su cuerpo o lo adquirido legítimamente. Y
téngase en cuenta que carece de sentido hacer referencia al “abuso del
derecho” ya que un mismo acto no puede ser conforme y contrario al
derecho. Todo derecho tiene como contrapartida una obligación. Si
alguien gana mil en el mercado, todos tiene la obligación de respetar
ese ingreso pero si la persona que obtiene mil pretende dos mil aunque
no reciba en el mercado pero el gobierno otorga este último monto quiere
decir que otro u otros serán despojados del fruto de su trabajo para
entregar sea suma dineraria lo cual convierte el acto en un
pseudoderecho, una situación de la que están plagadas muchas economías
modernas regenteadas por demagogos.
En
este sentido las Constituciones son para establecer límites al poder de
los gobiernos en resguardo de las libertades individuales, sin embargo
en gran medida en la actualidad esos documentos fundacionales aparecen
como cheques en blanco a favor de déspotas que reemplazan gobiernos
civilizados en el sentido mencionado por Niall Ferguson, más aun el
positivismo legal ha hecho tantos estragos que quedan desdibujados los
mojones y puntos de referencia extramuros de la legislación vigente
fruto de mayorías circunstanciales que aplastan libertades en el
contexto de lo que el decimonónico Frederic Bastiat denominó con justeza
“robo legal”.
Adam
Smith en La teoría de los sentimientos morales, en La riqueza de las
naciones y en Lecciones de jurisprudencia de diferentes maneras enfatiza
en esa triada inseparable –la moral, la economía y el derecho– la
trascendencia de la propiedad privada que permite que cada uno
persiguiendo su interés personal en mejorar su situación se ve obligado a
ofrecer bienes y servicios que sus congéneres requieren lo cual crea un
proceso notable de cooperación social y división de trabajo. Esto puede
ejemplificarse con solo mirar lo que tiene lugar en cualquier comercio
donde luego de realizada la transacción ambas partes se agradecen
recíprocamente.
En
este plano es pertinente remarcar que la mencionada cooperación social y
división del trabajo quedan amputadas cuando los aparatos estatales
imponen la guillotina horizontal con el tan cacareado igualitarismo pues
en una sociedad de seres iguales no hay interés ni beneficio en
interactuar, incluso la propia conversación se tornaría en un tedio
espantoso ya que sería lo mismo que la parla con el espejo. En esa
situación a todos nos gustaría ser médicos y no habría panaderos, a
todos los hombres nos gustaría la misma mujer y así sucesivamente,
circunstancia que convierte la vida social en insoportable. Las
diferentes vocaciones, inclinaciones, preferencias, fuerzas físicas,
talentos etc. hacen de las relaciones interpersonales un atractivo
permanente.
También
desde Adam Smith se ha demostrado los males del mercantilismo y sus
imitadores que provocan la autarquía y los aranceles, tarifas y cupos en
las relaciones internacionales. Se puso en evidencia que esas vallas
demandan mayor gasto por unidad de producto que significa menor cantidad
de productos para el país receptor cosa que es otra forma de aludir a
una reducción en el nivel de vida de sus habitantes. Asimismo se refutó
que es más provechoso para un país exportar que importar puesto que el
objeto del comercio internacional es importar lo más que se pueda, igual
que con nosotros individualmente nuestro objeto final es comprar, no
tenemos más remedio que vender servicios profesionales o bienes para
poder adquirir lo que deseamos. Lo ideal para cada uno de nosotros sería
comprar sin límite pero no podemos, no tenemos más remedio que vender
(trabajar) para poder comprar. Idéntico fenómeno tiene lugar en el plano
internacional, el costo de la importación es la exportación una
situación que en el mercado libre de cambios hace que el balance de
pagos siempre resulte equilibrado. Si un país fuera inepto para todo no
hay de que preocuparse en esta materia puesto que el que no vende o no
recibe capitales no puede adquirir nada en el exterior. Pero si por
ventura esos ineptos pueden fabricar y vender algo que es apreciado por
otros en el extranjeros no se cometa el crimen de encajarle aranceles a
lo único que puede importar. La sandez de “vivir con lo nuestro” ha
hecho estragos en diversos lares.
La
propiedad privada está íntimamente vinculada al cuarto poder, es decir,
a la imprescindible libertad de expresión como aprendizaje recíproco y
para contribuir con el derecho transformado el ley para encajar
estrictos límites al poder en un proceso democrático en el que tiene
prioridad el respeto a las libertades individuales.
El
premio Nobel en economía Friedrich Hayek concluye que la propiedad
privada “es la única solución que descubrieron los hombres para el
problema de reconciliar la libertad individual con la ausencia de
conflicto. El derecho, la libertad y la propiedad constituyen una
trinidad inseparable […] y ciertamente todo lo que denominamos
civilización ha crecido sobre la base del orden espontáneo de las
acciones que son posibles debido a la protección del dominio de los
individuos” (Law, Legislation and Liberty, tomo I, pags. 107/8). Lo
mismo enfatizaron antes autores clásicos de envergadura en la filosofía,
el derecho, la historia y la economía, luego ampliados por destacados
contemporáneos en idénticas ramas del conocimiento.
Es
importante consignar que el llamado “ambientalismo” pretende proteger
la propiedad del planeta liquidando la propiedad privada vía las figuras
de “derechos difusos” y “subjetividad plural” con lo que se encajan en
lo que en ciencia política se denomina la tragedia de los comunes, es
decir, lo que es de todos no es de nadie. En este sentido, es de mucho
interés consultar en YouTube exposiciones que muestran las falsedades en
que se basa ese movimiento sobre las que, entre otros, se refiere el
premio Nobel en física Ivar Giaever, el fundador y primer CEO de Weather
Channel, John Coleman y el ex presidente de Greenpeace de Canadá
Patrick Moore. También son muy ilustrativos en esa línea argumental los
libros de T. R. Anderson y D. R. Leal Ambientalismo de mercado libre, de
D. L. Ray y L. Guzzo Trasching the Plantet, el doceavo capítulo de M.
N. Rothbard Para una nueva libertad, de J. Simon y H. Kahan The
Resourceful Earth, de M. Shellenberger Apocalypse Never y de catorce
autores compilados por R. Bailey bajo el título de The State of the
Planet. En este tema, además del generalmente mal estudiado
calentamiento global y la lluvia ácida, se destaca la extinción de la
riqueza marina por no asignar derechos de propiedad en el mar y se
explica como la extinción de animales como el elefante se resolvió con
la asignación de derechos de propiedad de la manada, del mismo modo que
antiguamente se resolvió el encaminarse a la extinción del ganado vacuno
en nuestro continente con la revolución tecnológica de la época: la
marca y el alambrado.
Entonces
nada más importante que el respeto a la institución de la propiedad
privada que invariablemente se traduce en el respeto recíproco que es el
alma del liberalismo y la consecuente prosperidad moral y material. En
este plano es muy pertinente recordar lo escrito por Juan Bautista
Alberdi en cuanto a que “arrebatad la propiedad, es decir, el derecho
exclusivo que cada hombre tiene de usar y disponer ampliamente de su
trabajo, de su capital y de sus tierras para producir lo conveniente a
sus necesidades y con ello no haceis más que arrebatar a la producción
sus instrumentos, es decir, paralizarla en sus funciones fecundas, hacer
imposible la riqueza” (Obras Completas, tomo IV, pag. 165). En lo que
se refiere también a nuestro país, es sumamente pertinente que tengamos a
la vista que Domingo Faustino Sarmiento apuntó en 1850 que “Las
palabras ignorante y argentino tienen las mismas letras. Luchemos para
que no se conviertan en sinónimos” (Nuevo Prólogo a Método de lectura
gradual).
Este artículo fue publicado originalmente en Infobae (Argentina) el 1 de julio de 2023.
Postado há 3 weeks ago por Orlando Tambosi

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