MEDIÇÃO DE TERRA

MEDIÇÃO DE TERRA
MEDIÇÃO DE TERRAS

domingo, 1 de outubro de 2023

A grande contradição de Salvador Allende

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

O intento de subverter as instituições para encurralar uma parte da sociedade não tinha como dar certo. José Carlos Rodríguez para The Objective:


Alas tres de la tarde del 11 de septiembre de 1973 se radia desde Santiago: «El orden reina en Chile». Si la alocución respondía a la verdad, era un verdadero ojo del huracán. Por detrás quedaba la trágica experiencia de Salvador Allende, y por delante la criminal dictadura de Pinochet.

Pero a decir de las crónicas, en ese momento sí debió de producirse un gran alivio. El país había tenido pendiente a todo el mundo de la «vía chilena al socialismo», un audaz intento de llegar al total control de la economía y la sociedad por la vía democrática.

Visto con perspectiva, el intento era absurdo. Nunca tuvo opciones de triunfar. Si era plenamente democrático, no podía llegar al socialismo. Si era plenamente socialista, nunca podría implantarse por métodos democráticos.

Lo cierto es que Salvador Allende estuvo prácticamente solo en su intento. El Partido Socialista (una formación marxista desasida del yugo soviético) descartó la vía democrática ya en 1967. La mayor concesión que el PS le hizo a la democracia es la de mantenerla mientras no fuera estrictamente necesario el uso de la violencia: «Las formas pacíficas de lucha solo son aceptables como tácticas limitadas dentro de un curso que implica un creciente uso de la violencia por opresores y oprimidos».

No es que cambiaran de parecer una vez en el gobierno. Carlos Altamirano, dirigente del PS, dijo en 1971 que ellos no habían llegado al poder para mantener «la rotación partidista del ejercicio del poder dentro de las reglas burguesas de la democracia representativa».

La posición del Partido Comunista, este sí una terminal de Moscú, era más estricta. Condenaba sin paliativos el aventurismo revolucionario, y animaba a ampliar la coalición con otros partidos de izquierda para ir avanzando en el programa de socialización desde las instituciones chilenas, que eran democráticas. Pero no se engañaban al respecto de lo que habría de pasar. En última instancia se habrá de producir un enfrentamiento a muerte entre la burguesía y la facción del pueblo que ellos representaban. Luis Altamirano, seis meses antes del golpe de Estado, lo dijo sin ambages: «Está claro que en el curso del proceso revolucionario puede volverse imperioso pasar de la vía pacífica a la vía armada (…) Jamás hemos considerado que la vía de la revolución chilena era una vía exclusivamente electoral».

Fidel Castro visitó el país durante 24 días, 24 tortuosos días para Salvador Allende, que era un don nadie en su propio país al lado del triunfante dictador cubano. Fidel profería arengas por todo el país, daba órdenes y organizaba a grupos que apoyaban la revolución en Chile.

Castro se lo dijo a Allende: «¿Por qué esperar que los sectores dominantes cedan de buena gana su poder? ¿Qué clase de marxista se sienta a esperar que las clases explotadoras entreguen mansamente sus privilegios? ¿Dónde había ocurrido algo así?». En uno de sus múltiples discursos, precisó: «Elecciones… ¿para qué? No hemos venido a aprender cosas caducas y anacrónicas en la historia de la humanidad».

Salvador Allende llegó al poder con estas palabras: «Chile es hoy la primera nación de la Tierra llamada a conformar el segundo modelo de transición a la sociedad socialista». Pero él mismo sabía que debían producirse cambios fundamentales en el sistema político del país. Chile tenía una democracia convencional, con imperio de la ley y división de poderes, y el socialismo exigía lo contrario: unificar el poder bajo la batuta de un dictador, y que las normas no fueran un impedimento a la actuación arbitraria del líder socialista.

¿Cómo podían encajar una democracia liberal con el poder sin oposición de un gestor socialista? La respuesta es fácil: no podían. Salvador Allende, cuando apenas llevaba siete meses en el poder, amenazó al sistema político, haciéndole ver que tenía dos opciones: plegarse y facilitar la implantación del socialismo, o atenerse a las consecuencias; a la violencia política: «Nuestro sistema legal debe ser modificado. De ahí la gran responsabilidad de las Cámaras en la hora presente: contribuir a que no se bloquee la transformación de nuestro sistema jurídico. Del realismo del Congreso depende, en gran medida, que a la legalidad capitalista suceda la legalidad socialista conforme a las transformaciones socioeconómicas que estamos implantando, sin que una fractura violenta de la juridicidad abra las puertas a arbitrariedades y excesos que, responsablemente, queremos evitar».

Allende mantuvo esa ambivalencia entre el cascarón democrático y la realidad de la violencia política durante todo su mandato. La contradicción era insalvable, y Allende la resolvió ejerciendo la violencia contra sí mismo, cuando se suicidó pegándose un tiro bajo el mentón con fusil que llevaba la inscripción: «A Salvador Allende, de su compañero de armas Fidel».

El presidente chileno, por ejemplo, nunca condenó el terrorismo. Lo ejercían sus socios de gobierno, y dependía de ellos. Pero tampoco jugó con la idea de mostrar una incomodidad ante el constante goteo de asesinatos por motivos políticos. Es más, en más de una ocasión mostró su cercanía con los asesinos.

El 8 de junio, cuando no se había cumplido un año de su mandato, unos correligionarios mataron a tiros a Edmundo Pérez Zujovic, exvicepresidente de la República por la Democracia Cristiana. Allende indultó a estos militantes, a los que calificó de «jóvenes idealistas».

En enero de 1972, la oposición acusó al ministro del Interior, José Tohá, de complicidad con los crímenes que ensangrentaban las calles de Chile. Tohá fue incapaz de dar una respuesta convincente ante la evidencia de que los grupos armados que mataban a quien se opusiera a la revolución formaban parte de las organizaciones que apoyaban al propio gobierno. Así, presentó la dimisión como ministro de Interior. Salvador Allende acto seguido lo nombró ministro de Defensa y dijo: «El Parlamento lo acusará y el pueblo lo absolverá». El MIR y el resto de organizaciones terroristas siguieron aplicándole el socialismo a balazos a periodistas, propietarios, políticos y todo el que se pusiera por delante. El número de muertos no dejó de crecer hasta el último día de Allende.

Formalismo democrático en una mano, sangre revolucionaria en la otra. Así es como se presentaba Allende ante el Parlamento, al cual iba a proponer una reforma política fundamental. El 4 de noviembre de 1971, con motivo del primer aniversario de su gobierno, dijo: «Debemos fijarnos nuevos objetivos para el año 1972. Transformar las instituciones, ajustándolas a la nueva realidad social que estamos construyendo. Por eso, el martes 10 de la próxima semana entregaré al Congreso Nacional el proyecto que establece la Cámara Única para reemplazar al Senado y a la Cámara de Diputados (…) Se podrá disolver el Congreso en un período presidencial».

Su propuesta fue rechazada. Su conclusión parece certera, aunque nunca llegó a asumir su corolario: «El Estado burgués no sirve para construir el socialismo, y es necesaria su destrucción» (El Mercurio, 12 de marzo de 1972). Su ministro de Justicia fue igualmente claro: «La revolución se mantendrá dentro del derecho mientras el derecho no pretenda frenar la revolución».

El gobierno también le aplicó el socialismo a la prensa, que tuvo que elegir entre entregarse al poder o sucumbir ante él. Esto fue lo que ocurrió, en última instancia, a medida que pasaban los meses. Pero hubo una fuerza a la que el gobierno socialista no pudo sobreponerse: las consecuencias políticas de la grave crisis económica a la que condujo al país.

El 21 de agosto de 1972 se inició una huelga de los camioneros. Era un sector atomizado y competitivo, con 56.000 camiones en manos de unos 40.000 propietarios. El Gobierno les amenazó con crear una empresa pública para acaparar el mercado, y ante la perspectiva de perder su medio de vida, paralizaron el país. El Gobierno decretó el estado de sitio en 18 provincias, y anunció que requisaría los camiones de los propietarios en huelga, sin posibilidad de devolverlos. Pero la protesta se extendió por muchos otros sectores (cientos de miles de campesinos y de comerciantes), y pasado un mes el gobierno tuvo que ceder ante los manifestantes.

Al año siguiente, una revuelta en la mina de El Teniente se extendió también por otros sectores. Tras tres meses de enfrentamientos violentos, los manifestantes decidieron marchar de Rancagua a Santiago. No pararon ni ante la actividad terrorista de la coalición de gobierno. Allende tuvo que ceder de nuevo.

En 1973, las elecciones legislativas le dieron un pequeño respiro a la coalición UP, ya que mejoró su presencia en la Cámara, pero certificaron que Allende representaba una minoría (el 43%) frente a una oposición que acudió unida por pura supervivencia. Entonces, el Gobierno propuso una reforma educativa de carácter socialista con «la urgencia de crear un nombre nuevo», pero fue rechazada.

Entre el desprecio, los ataques verbales y de nuevo el terrorismo, el enfrentamiento del Gobierno con el poder judicial fue total. Una de las manifestaciones de esta actitud del gobierno fue que el ministro Carlos Prats firmó una circular secreta (enero de 1973) en la que ordenaba no conceder fuerza pública al cumplimiento de las sentencias. El Tribunal Supremo acabaría diciendo: «Tomamos acta de lo que Su Excelencia entiende al someter el libre criterio del Poder Judicial a las necesidades políticas del gobierno. Sepan que este poder no será excluido del marco político y que jamás será revocada su independencia».

De nuevo, Salvador Allende puso su indudable capacidad retórica al servicio de una lógica implacable, y brutal: «En un período de revolución, el poder político tiene derecho a decidir en el último recurso si las decisiones judiciales se corresponden o no con las necesidades históricas de transformación de la sociedad, las que deben tomar absoluta procedencia sobre cualquier otra consideración; en consecuencia, el Ejecutivo tiene derecho a decidir si lleva a cabo o no los fallos de la justicia».

El 22 de agosto de 1973, la Cámara de Diputados aprobó una declaración en la que hacía una prolija exposición de todos los atentados de Allende contra la Democracia. Al día siguiente, el Senado se sumaba a esa declaración. Prácticamente, era una llamada a la intervención por parte del Ejército.

Hay varios paralelismos de la experiencia del socialismo chileno con la España del Frente Popular, cuatro décadas antes. En España, la izquierda quiso rebasar la legalidad, y no temía un enfrentamiento violento con la derecha; una parte lo esperaba, de hecho, para firmar con sangre ajena una revolución apenas empezada.

El paralelismo con la España actual es más inseguro. Pero lo que es indudable es que los intentos por subvertir las instituciones para arrinconar a una parte de la sociedad no tienen por qué salir bien.
Postado há por

 

Quem dá a seu bebê o nome de Techno Mechanicus? Elon Musk, claro.

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

Biógrafo diz que o homem mais rico do mundo é o mais complicado que já conheceu, com traumas de infância e obsessão por salvar o planeta. Vilma Gryzinski:


Pode um homem ser gênio e, ao mesmo tempo, um idiota?

Elon Musk faz de tudo para provar que sim. Sua nova biografia autorizada, o que colocou o autor, Walter Isaacson, na sua cola durante dois anos, em vários sentidos confirma isso.

Só os nomes dos filhos com a cantora Grimes já mostram o lado mais bizarro. Já conhecíamos X Æ A-12 (com ele na foto acima) e Exa Dark Sideræl. Agora sabemos que a terceira criança, de gênero não revelado, recebeu o nome de Techno Mechanicus. Mas podem chamar de Tau.

É justo sobrecarregar os filhos com nomes assim? Elon Musk, obviamente, vive em outro mundo, com pouco a ver com os mortais comuns. Por exemplo, a biografia revela que ele não deu acesso à Ucrânia para usar a rede de satélites Starlink num ataque concatenado de drones contra a frota russa no Mar Negro. Só para lembrar: foi com as antenas conectadas ao Starlink, doadas de início do próprio bolso, que Musk salvou o país da total escuridão de comunicações.

Musk disse que conversou com o embaixador russo nos Estados Unidos, Anatoli Antonov, e se convenceu de que o ataque à frota, planejado no ano passado, poderia levar a uma “resposta nuclear”.

Quem pode levar a sério, desde a invasão da Ucrânia, o que diz um diplomata russo? Musk, obviamente.

“Se eu tivesse concordado com o ataque, a SpaceX seria explicitamente cúmplice num grande ato de guerra e na escalada do conflito”, disse ele, aumentando o prestígio que conquistou entre a direita trumpista americana, que, contraditoriamente, fica cada vez mais do lado escuro da força no caso da Ucrânia. Ao vice-primeiro-ministro ucraniano que implorou pela liberação da rede, sem a qual os drones não atingiriam os alvos, Musk aconselhou que “buscasse a paz enquanto estão em posição de vantagem”.

Brincar de Deus e interferir num conflito de grandes proporções é uma das várias alternativas com que os gênios bilionários do mundo high tech se ocupam.

Só para dar um senso de proporção: o PIB da Ucrânia é de 160 bilhões de dólares e a fortuna de Musk é de 250 bilhões. Ele também tem o Twitter, que rebatizou de X, com pouco sucesso, para pontificar sobre tudo e todas as coisas.

Elon Musk pensa muito em catástrofes como uma guerra nuclear, colapso climático, autoextinção pelas baixas taxas de crescimento populacional e devastação dos humanos pela inteligência artificial. Quer nos salvar disso tudo, à sua maneira, através da exploração espacial. E vê nos exageros politicamente corretos, hoje chamados de pensamento woke, o caminho para todas as desgraças que quer evitar.

“A civilização nunca se tornará multiplanetária se não acabarmos com o vírus woke, que é fundamentalmente anticientífico, antimeritocrático e anti-humano de forma geral”.

Note-se que ninguém está mais falando na luta que colocaria no octógono Musk contra Mark Zuckerberg, um confronto provavelmente imaginário que serviu como instrumento de promoção para os dois multibilionários.

Dar ou levar pancadas evocaria para Musk uma infância extremamente infeliz na África do Sul, com um pai brutal que o levava para temporadas num acampamento para meninos especializado em “sobrevivência” na selva, Na primeira temporada, Musk, uma criança miúda e com sérios problemas de comunicação, foi impiedosamente espancado. Já tinha experiência: apanhava muito dos meninos maiores na escola.

“Isaacson acredita que Musk queria comprar o Twitter porque sofreu tanto bullying quando criança e agora pode ser o dono do playground”, escreveu o New York Times, que teve acesso antecipado à biografia que está sendo lançada hoje.

É uma explicação provavelmente muito simples para um sujeito complexo, que se considera bipolar e portador de Asperger, um gênio com QI de 155 e baixa inteligência emocional, capaz de construir um programa espacial do próprio bolso, para não falar em outros portentos, incluindo a Tesla. Sem falar nos onze filhos (o primeiro, teve morte prematura, dois foram gerados com esperma doado a uma funcionária e um que era menino virou menina, tendo pedido na justiça a ruptura de qualquer laço com o pai). Musk disse a Isaacson que a atividade mais recompensadora que tem é o tempo passado com os filhos.

Construtores de fortunas sem precedentes na história da humanidade despertam uma enorme curiosidade e a nova biografia acrescenta dados e histórias curiosas sobre um dos personagens mais intrigantes do mundo contemporâneo, com um pé aqui, no nosso planeta, e outro já partido para o próximo. Um visionário que exige dos funcionários que contestem tudo, o tempo todo, e só aceitem os limites das leis da física. Pai de X, Y e Tau, como são chamados os filhos com Grimes, sem se preocupar que um dia as crianças também sofram bullying. Muito dinheiro dá muita proteção, mas não blinda contra tudo.

“De que outro jeito vamos eleger Donald Trump em 2024”, disse ele aos filhos mais velhos, adolescentes, quando comprou o Twitter, segundo Isaacson. Era uma ironia, mas tem gente que leva a sério. Desde que reabilitou a conta do ex-presidente, passou a ser visto como um trumpista perigoso, embora declare não ser “fã de Trump” e o considere, basicamente, um vigarista.

Uma historinha final: quando Grimes (nome verdadeiro: Claire Boucher), deu à luz o primogênito X (a menina nasceu de barriga de aluguel; Tau, ninguém sabe), Musk fotografou o instante do parto e compartilhou a foto com parentes e amigos, incluindo o pai e o irmão da mulher. Não compreendeu por que ela ficou mortificada.

“Eu reinventei os carros elétricos e vou mandar gente para Marte num foguete espacial”, definiu-se Musk ironicamente no programa humorístico Saturday Night Live. No caminho, vai continuar incomodando incontáveis inimigos – e também aqueles que não conseguem colocá-lo sob nenhum rótulo. Se existe alguém que encarna a ideia de viver fora da caixa no mundo, hoje, dificilmente não se chamaria Elon Musk.
Postado há por

 

O Supremo está abusando do direito de errar por último

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

As confissões da Lava-Jato foram fartas, os bilhões devolvidos são reais, assim como reais são os bilhões de dólares que o governo brasileiro pagou a investidores estrangeiros da Petrobras e de outras estatais. Merval Pereira para O Globo:


O Supremo Tribunal Federal (STF) está abusando do direito de errar por último. Alguém tem de avisar às excelências que a frase de Rui Barbosa tem o sentido de que o STF tem a palavra final. Mas e se a palavra final de um mesmo juiz muda como biruta ao vento? Muda o Zeitgeist (espírito do tempo, em alemão), muda o voto?

O então ex-presidente Lula foi para a cadeia por uma decisão do Supremo de permitir a prisão depois de condenação em segunda instância. Ficou preso 1 ano, 7 meses e 1 dia, período em que vários habeas corpus em seu favor foram recusados pela maioria do Supremo. Um belo dia, ministros mudaram de ideia e de voto, permitindo que se formasse a maioria para liberar Lula: Rosa Weber, que sempre fora contra, mas seguira a maioria na votação anterior, Gilmar Mendes e Dias Toffoli, alegando que havia abuso na prisão em segunda instância.

O ministro Dias Toffoli, ao tomar a decisão drástica de anular todos os processos da Lava-Jato, mostrou quão volúvel é. Umbilicalmente ligado ao PT, de quem foi advogado, e a Lula, foi cruel ao impedi-lo, preso, de assistir ao funeral de um irmão. Ao assumir a presidência do STF, inovou ao convidar para assessorá-lo o general Fernando Azevedo, um militar tão próximo ao então presidente Bolsonaro que acabou nomeado ministro da Defesa. E passou a chamar o golpe de 64 de “movimento militar”.

O ministro Gilmar Mendes, fluente em alemão, sabe o que é isso. Classificou de cleptocracia o governo petista, com base nas descobertas da Operação Lava-Jato. Mudou o Zeitgeist, mudou sua visão. Classificou de “organização criminosa” o grupo de Curitiba que desnudou a “cleptocracia”, depois que conversas entre os procuradores e o então juiz Sergio Moro foram vazadas devido ao hacker, hoje preso, Walter Delgatti.

O ministro Gilmar alega, com razão, que não se pode combater a corrupção cometendo ilegalidades. Mas por que os processos contra os corruptos não continuaram até o final, escoimados das ilegalidades? A velha máxima jurídica de que “o que não está nos autos não está na vida” já não vale mais. As provas obtidas de maneira ilegal pelo hacker contra os procuradores de Curitiba e Moro foram usadas em diversos votos por variados ministros, até liberadas para a defesa de Lula.

O advogado Alberto Toron, de muitos dos envolvidos na Lava-Jato, aplaudiu a decisão de Toffoli e alegou que não se pode saber a legalidade das decisões sobre o acordo de leniência da Odebrecht porque há “incertezas quanto à veracidade das informações que constam dessas plataformas” (referindo-se aos sistemas MyWebDay e Drousys, que guardavam os nomes, codinomes e quanto cada corrompido recebeu).

Por acaso foi atestada a veracidade das mensagens hackeadas dos celulares dos procuradores no Telegram? Também lhes faltam a “cadeia de custódia”, até por terem sido conseguidas de maneira ilegal. Além do mais, as confissões foram fartas, os bilhões devolvidos são reais, assim como reais são os bilhões de dólares que o governo brasileiro pagou a investidores estrangeiros da Petrobras e de outras estatais. A cleptocracia foi comprovada vastamente, e agora, com a liberação geral de todos os condenados, viveremos a esdrúxula situação de ter que devolver dinheiro a corruptos.

Veja-se o caso atual da delação premiada do tenente-coronel Mauro Cid, ajudante de ordens do ex-presidente Bolsonaro. Não é preciso ser bolsonarista para estranhar que nenhum ministro do Supremo tenha se levantado contra a prisão preventiva alongada do militar, método denunciado como “tortura psicológica” pelo ministro Toffoli contra a Lava-Jato.

Outra questão que a volubilidade do Supremo pode provocar: até quando as consequências da delação do assessor de Bolsonaro valerão? Bolsonaro continuará inelegível ou, se mudar o Zeitgeist, mudarão também os votos de nossos ministros? Se eventualmente a direita ganhar a eleição em 2026, as joias acabarão legalizadas? Qual será o Zeitgeist do momento? São dúvidas que parecem absurdas, mas pertinentes diante da insegurança jurídica que as mudanças de rumo do Supremo ensejam.
Postado há por

 

Forças Armadas e a ordem democrática: virar a página.

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

Estão criadas as condições para efetiva normalização das relações entre civis e militares, com o compromisso de ambas as partes de respeito mútuo e preservação da ordem democrática. Rubens Barbosa para o Estadão:


A passagem do 7 de setembro, celebrando a Independência do Brasil, num momento delicado da relação entre civis e militares, por tudo o que está sendo divulgado, aconselha algumas reflexões voltadas para o futuro.

Desde a Proclamação da República até 1985, a interferência e a participação dos militares na política foram um fator de instabilidade interna e de restrição à democracia no País. Nos últimos quatro anos, apesar das sucessivas tentativas de envolver as Forças Armadas politicamente, essa instituição manteve-se isenta e alheia a qualquer tentativa de pôr em risco os princípios democráticos e as eleições presidenciais. Os acontecimentos de 8 de janeiro geraram desconfiança da parte do novo governo, explicitada pelo presidente eleito, quanto à lealdade de membros individuais da corporação. Essa situação está sendo superada pela construção de confiança mútua e por sucessivos pronunciamentos de altas autoridade militares sobre a vocação profissional das Forças Armadas e o seu afastamento de ações políticas que possam interferir no processo democrático.

Estão, assim, criadas as condições para uma efetiva normalização das relações entre civis e militares, com o compromisso de ambas as partes de respeito mútuo e preservação da ordem democrática, com o apoio civil para a crescente profissionalização dos militares e o fortalecimento das Forças Armadas como instituição, segundo os preceitos constitucionais. Será virada a página das intervenções militares na vida pública nacional.

A normalização das relações entre civis e militares deve estar baseada em princípios que serão respeitados por todas as partes diretamente interessadas. A efetiva normalização das relações entre civis e militares deve ser parte do fortalecimento institucional e da democracia no Brasil.

Confiança mútua ajuda a superar as fricções que existem ou possam surgir no processo. Os grupos civis e militares constroem sua confiança na interação diária e a reforçam e utilizam durante tempos de crise.

O projeto democrático não fica ameaçado pela existência de posições firmes dos militares na medida em que os líderes civis e militares – e os membros das corporações liderados por eles – aceitem e implementem uma efetiva normalização das relações entre civis e militares.

Há limites significativos no papel público dos militares na política partidária, como definido nos regulamentos do Ministério da Defesa e na legislação aprovada pelo Congresso. As lideranças militares e civis devem seguir as normas em vigor para manter os militares separados da atividade político-partidária.

Segundo a Constituição brasileira, as Forças Armadas devem estar subordinadas ao poder civil do presidente da República. O poder civil, desta forma, deve operar no contexto do marco constitucional, sob o império da lei. Oficiais militares juraram apoiar e defender a Constituição, e não oferecer lealdade a uma pessoa ou a uma posição política ou partidária. Todos os civis estão também obrigados a apoiar e defender a Constituição como seu dever mais importante.

Legislações, políticas e ordens são revistas regularmente por múltiplos ministérios para assegurar sua legalidade, efetividade e correção, que civis e militares devem cumprir.

O poder civil deve ser afirmado nos três braços do governo: Executivo, Legislativo e Judiciário.

No Executivo, por meio de ordens operacionais, seguindo a cadeia de comando, desde o presidente até o ministro civil da Defesa. O controle civil é também exercido pelo Executivo pelo desenvolvimento de políticas – inclusive no tocante às implicações externas, sob a coordenação do Ministério das Relações Exteriores – e sua implementação pelos diferentes órgãos do governo, para dar forma aos planos e opções, com o conselho e a participação dos militares, quando chamados a opinar.

No Legislativo, por meio de poderes enunciados pela Constituição, a começar pelo poder de declarar guerra e buscar apoio das Forças Armadas. O Congresso determina e autoriza recursos públicos para possibilitar a atividade militar. O Congresso tem de examinar e aprovar a Política Nacional de Defesa e a Estratégia Nacional de Defesa. Os membros do Congresso, por meio das Comissões de Relações Exteriores e de Defesa, acompanham e podem sugerir medidas e políticas ao Executivo, e dessa forma ter um papel importante na supervisão civil de políticas na área de Defesa.

No Judiciário, em certos casos ou em controvérsias, pela revisão de políticas, ordens executivas e ações envolvendo os militares. Na prática, o poder de declarar ilegais ou inconstitucionais políticas, ordens e ações é decisivo, porque os militares são obrigados (por lei ou pela ética profissional) a recusar-se a cumprir uma política, ordem ou ação ilegal ou inconstitucional. O Supremo Tribunal Federal se pronunciou contrário à interpretação de que o artigo 142 da Constituição atribui um poder moderador às Forças Armadas.

As relações civis-militares compreendem um processo dinâmico e interativo, ajustado ao estilo da liderança civil. Segundo as melhores práticas, as relações entre civis e militares devem seguir a Constituição para a intransigente defesa da legalidade, da pacificação e da democracia.

É chegada a hora de, com serenidade, virar a página da história dos últimos 134 anos no tocante à participação dos militares na vida política nacional.
Postado há por

 

Beber de barriga vazia é tão perigoso quanto beber de cabeça vazia

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

Será possível contemplar, ainda que na surdina, algumas virtudes no consumo inteligente do líquido? João Pereira Coutinho para a FSP:


Centro de Lisboa. Estou sentado na minha mesa, sozinho, a escutar as conversas dos outros. Dizem que é feio. Talvez seja. Prefiro encarar o hábito como uma forma de exercitar a audição antes que a velhice ajuste contas comigo.

Um casal inglês (acho) consulta o cardápio e faz o pedido. O garçom anota e pergunta se querem ver a carta de vinhos. "Tem sangria?", pergunta o rapaz.

O garçom faz a mesma cara que Farinelli não conseguiu esconder quando lhe disseram que havia um preço a pagar para se dedicar ao canto lírico e só então responde: "Não, temos bons vinhos". Optaram por cerveja.

Disse que o casal era inglês, mas talvez fosse irlandês. A Irlanda tenciona colocar avisos nas garrafas sobre os malefícios do vinho, tal como já acontece nos pacotes de cigarros. As jarras de sangria, até ver, estão a salvo.

Deus inventou o álcool para que os irlandeses não conquistassem o mundo, dizia-se nos velhos tempos. Não mais. A religião da Saúde só descansa quando converter o mundo aos seus dogmas.

O pior é que a Irlanda não é caso único. Leio nos jornais lusitanos que a União Europeia pondera alargar a prática a todos os países do clube. Alguns, que fizeram do vinho uma arte, protestam. Como Portugal, abençoada pátria.

O espírito do tempo não aconselha otimismos. Da próxima vez que o leitor vier a Lisboa, não será de excluir que a palavra "cirrose", ou a imagem de uma, esteja a decorar um bom tinto do Douro.

É nessas alturas que uma pessoa tem de dizer o óbvio, porque há sempre uns abstêmios que não entendem: sim, o vinho pode adoecer uma criatura. Como, aliás, incontáveis substâncias que existem sobre a Terra para perdição das almas.

Mas será possível contemplar, ainda que na surdina, algumas virtudes no consumo inteligente do líquido?

O saudoso Roger Scruton, no seu "Bebo, Logo Existo" (já tem tradução no Brasil; corra logo, antes que proíbam), lembrava que uma sociedade tem algo a ganhar com esse consumo inteligente. Como?

Aliando o vinho ao pensamento, à conversa e à intimidade –a "cultura de simpósio", como chama Scruton, em direta referência aos clássicos.

O vinho é então uma celebração da existência, da amizade e da imaginação –um momento de abertura à vida e de aceitação das suas dissonâncias.

Para Scruton, é tão perigoso beber de estômago vazio como de cabeça vazia –uma grande verdade que, essa, sim, deveria estar nos rótulos das garrafas. Os maus bebedores, na maioria dos casos, são sobretudo falhos de curiosidade, ironia e perdão. São narcísicos e chatos.

Termino o meu almoço, pago, levanto-me e, passando pelo casal inglês, reparo que os copos de cerveja se acumulam sobre a mesa. Os dois, com os rostos enfiados nas respetivas rações, não trocam uma única palavra.

De fato, servir vinho a qualquer um deles seria um imperdoável desperdício.
Postado há por

 

"Não estão se divertindo?"

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI


Haverá um segmento da população americana, tanto do lado dos Republicanos como dos Democratas, que está animado para ver Trump nos tribunais enquanto faz campanha para a nomeação. Ricardo Silvestre para o Observador:


No filme Gladiador, do realizador Ridley Scott, existe um momento, discreto, com uma severa crítica social para a altura dos Jogos Romanos mas que pode ser transportada para os dias de hoje. Maximus, brilhantemente representado por Russell Crowe, ao ganhar um conjunto de combates num qualquer coliseu secundário, vira-se para a plateia, que está em silêncio, impressionada pela sua capacidade de lutar, e grita, “Are you not entertained?!” A tradução para português não faz a frase soar tão bem como no original, podendo ser ‘Não estão entretidos!?’, ou ‘Não estão divertidos?’. A crítica oferecida nesse momento é a necessidade da plateia, do espectador, do ser humano, de ser entretido, de estar divertido, mesmo na face do caos, da brutalidade e do sofrimento.

O entretenimento preenche a nossa vida, e é procurado para completar outras necessidades. Pode ser encontrado na arte, no desporto, na filosofia, nas relações humanas. Porém, normalmente, não se pensa em governação e em política como uma fonte de entretenimento. Ao longo do tempo, políticos souberam explorar a vertente de entretenimento para fazer o cidadão ignorar questões de governação. Voltando ao império romano, desta vez no mundo real, pão e circo foi um tipo de política implementada durante a administração de Caio Semprônio Graco para condicionar o interesse da plebe romana pelas maquinações da política. Em Portugal, basta lembrar os três f’s, “Futebol, Fado e Fátima”, que serviam para distrair os portugueses da administração brutal e empobrecedora do Estado Novo.

Política e governação tendiam, até há bem pouco tempo e de uma forma maioritária, a ser vistas como uma atitude nobre e um comportamento sério. Uma esfera de intervenção para os mais instruídos, com mais conhecimento técnico, ou sociológico, ou com a experiência de anos passados no processo que se traduz em legitimidade e valor. Esta majestade e valor têm-se perdido gradualmente, também em Portugal, para dar lugar a arruaceiros, oportunistas e cínicos. Políticos que se apoiam em mensagens de populismo infantil, ou com certezas típicas de quem sofre do efeito Dunning–Kruger, onde os ignorantes e incompetentes tendem a sobrestimar as suas capacidades mentais ou de liderança.

Nos Estados Unidos da América, este fenómeno é ainda mais extremo (como são muitas coisas naquele país). Nos últimos anos a política nos USA passou a ser clubismo, interesse desmedido, matéria para polarização e guerras culturais. A percentagem de americanos que agora querem prestar atenção à política para estarem entretidos merece uma reflexão cuidada. No primeiro debate para a nomeação do candidato pelos Republicanos para a eleição presidencial de 2024, quando confrontados com a pergunta “apoiaria o candidato Trump para a eleição mesmo que seja condenado em tribunal”, sete em nove levantaram o braço a dizer que sim. O que seria impensável observar na política americana há uma década, o partido Republicano estar perfeitamente confortável com um criminoso a ser o seu representante, é agora uma inevitabilidade. E esta normalização absurda acontece porque a base do partido assim o quer. Uma sondagem da Reuters/Ipsos mostra que 35% dos Republicanos disseram que votariam em Trump mesmo que fosse condenado por um júri de pares, e 28% disseram que votariam nele mesmo que estivesse preso no momento da eleição.

Haverá um segmento da população americana, e, diga-se, tanto do lado dos Republicanos como dos Democratas, que está animado (por razões diferentes) para ver Trump nos tribunais enquanto faz campanha para a nomeação. De saber se os julgamentos vão acontecer antes das eleições. Se os seus coconspiradores vão testemunhar contra ele, ou se preferem ir para a prisão do que denunciá-lo. Se o partido Republicano continuará a apoiar o seu líder à medida que mais informação dos seus alegados crimes são tornadas públicos. Se haverá câmaras nas salas de audiências. Se Trump irá quebrar as condições para estar em liberdade enquanto espera pelos julgamentos. Em última análise, se o vencedor na nomeação poderá estar em prisão efetiva (apesar de muito improvável) enquanto aceita a nomeação, ou quando concorrer para presidente.

Está assim montado um circo que traz uma nova dimensão de entretenimento, seja por identificação ou schadenfreude, para experimentar no Twitter (este autor recusa-se a usar a expressão que o dono da companhia quer), em blogs, em programas televisivos ou talk radio. E a política deixa de ser uma forma de servir o público, de zelar pelos seus interesses, de trabalhar para o bem comum, e passa a ser um espetáculo para entreter as hostes, fazendo com que se vote na pessoa mais estapafúrdia, inconsequente e ignóbil porque é divertido. É a política-entretenimento como a forma de convencer o cidadão de qual é a sua melhor representação. É um cenário confrangedor e aflitivo, mas parece-me ser muito complicado voltarmos ao que era (devia ser).
Postado há por

 

A religião do perdão seletivo

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI


O progressismo afirma buscar a igualdade, mas, na realidade, sua sobrevivência depende da possibilidade de perpetuar a relação desigual de poder. Dante Augusto Palma para The Objective:


Es imposible comprender en toda su magnitud los enfoques sobre los grandes temas de la agenda pública española de las últimas semanas sin tomar en cuenta la incidencia de la perspectiva del progresismo woke. Y no me refiero solamente al beso de Rubiales o a la delirante persecución a un grupo de chavales por los comentarios desafortunados que pudieran hacer en privado por whatsapp, sino también a la eventual posibilidad de una amnistía a los implicados en el procés.

Es que resulta harto evidente que el progresismo se ha transformado en la religión de los tiempos presuntamente seculares, aun cuando esto incomode a sus devotos y aun cuando, naturalmente, haya resistencias.

Es más, como bien indicara un colaborador de este mismo espacio, Miguel Ángel Quintana Paz, la nueva religión progresista, a pesar de su obsesión contra la tradición judeocristiana y la Iglesia, se ha apropiado de muchos de sus símbolos, como ser, por ejemplo, el énfasis en la víctima. Claro que, en esta apropiación, el aprecio por la víctima deviene glorificación del victimismo con la consecuente divisoria entre personas que, por su color de piel, religión, género, etc. están determinados a ser víctimas o victimarios.

Sin embargo, Quintana Paz agrega que hay un aspecto central de la tradición judeocristiana con la que el progresismo no se lleva bien: el perdón.

Efectivamente, más allá de la retórica garantista, una acción que contradiga los valores neopuritanos de la nueva dogmática, será perseguida de manera implacable independientemente del momento en que haya ocurrido. El linchamiento público puede ocurrir por un comentario en una red social realizado 15 años atrás; o, peor aún, en esta lógica de aplicación retroactiva de los linchamientos, utilizando los valores de la sociedad actual se pueden juzgar las acciones ocurridas hace 500 o 1000 años, tal como atestigua la moda del derribo de estatuas o la censura a determinadas obras y autores clásicos.

Sin embargo, llegados a este punto, es necesario hacer algunas consideraciones.

En primer lugar, esta particular relación que el progresismo tiene con el perdón debe entenderse a la luz de lo que es, desde mi punto de vista, uno de sus rasgos esenciales, esto es, la construcción de los vínculos sociales a través de la noción de «deuda». Efectivamente, como decíamos antes, la sociedad progresista es una sociedad partida en dos donde hay víctimas y victimarios. Si eres no hombre, no blanco, no hetero, etc. perteneces al bando de las víctimas. Si no, lamentablemente, eres un privilegiado y te toca estar del lado de los victimarios. Esa condición es inamovible porque lo que lo define es una identidad y no las acciones de los individuos. Así, a estas personas que son víctimas «por esencia» se les debe algo que sería, por definición, imposible de pagar y, por ende, el victimario tiene una deuda que, también por definición, sería imposible de saldar. En otras palabras, nada de lo que hagan los varones blancos y heteros será suficiente. Nunca. Entonces el progresismo dice buscar la igualdad, pero en realidad su continuidad depende de la posibilidad de perpetuar la desigual relación de poder existente entre acreedores y deudores.

En la comparación entre el castigo social en forma de linchamiento «virtual», tan de moda últimamente, y el castigo por la vía judicial, está el mejor ejemplo del funcionamiento de este progresismo que no perdona y postula deudas eternas. Es que cuando una persona realiza un acto que está fuera de la ley, existe una penalidad en función del acto. Es lo que se conoce como «proporcionalidad». Para tal acto, tal castigo en proporción al acto realizado. Desde la pena más baja a la pena más alta. Pero lo central allí es que con el cumplimiento de la pena, sea la que fuera, «la deuda» se extingue, aun para los peores crímenes. Eso quiere decir que el malviviente «paga» y cuando «paga» no debe más. Su castigo no es eterno. No sucede lo mismo con las «faltas» juzgadas por el progresismo woke. Allí no hay proporcionalidad, ni purga ni redención; el castigo no termina nunca, del mismo modo que la cancelación es para siempre.

A su vez, en segundo lugar, dado que no hay proporcionalidad, el acto más trivial puede ser juzgado con una severidad inusitada según el humor de la turba. En otras palabras, como todo es lo mismo, alguien puede decir que lo de Rubiales es una agresión sexual que merece la cárcel, o un comentario idiota en un whatsapp privado puede iniciar una «cacería» mediática que, en el mejor de los casos, solo acabe con el fin de la carrera académica de un estudiante y su humillación pública.

Ahora bien, si el progresismo fuera coherente en esta dinámica tan nociva, alcanzaría con advertir que estamos transitando una pendiente resbaladiza hacia una sociedad asfixiante que atenta contra nuestras libertades. Pero me temo que hay algo peor, de modo que a aquella advertencia hay que sumar una segunda vinculada a la particular selectividad que muestra el progresismo al implementar su pasión persecutoria sobre determinadas personas y determinados hechos.

Pensemos, si no, en la eventual amnistía que se estaría negociando a cambio de los votos necesarios para la investidura de Pedro Sánchez. Se trata curiosamente de un concepto vinculado a la idea del «perdón». De hecho, la propia noción de «amnistía» deriva del griego «amnestía» que significa, justamente, «olvido», y del cual se sigue un sinfín de conceptos caros a nuestra civilización occidental, al menos desde Platón a la fecha.

En este caso puntual y por evidentes razones políticas, de repente puede haber perdón y olvido aun cuando la acusación que pesa sobre Puigdemont y demás intervinientes, tiene como objeto una acción que en cualquier lugar del mundo sería juzgada con la máxima severidad.

Entonces ya ni siquiera es el problema de que todo parece lo mismo y de que acciones menores de eventual incivilidad o falta de decoro, se evalúen de manera desproporcionada, sino que acciones que deben considerarse desde el punto de vista penal, de repente, gozan del beneficio del olvido y el perdón solo por la conveniencia del poder de turno. Resulta así evidente que el progresismo ha devenido una religión en la que hay perdón, pero solo de manera selectiva.

Aun con un grado de cinismo, permítaseme concluir estas líneas afirmando que podríamos perdonarles que fueran sectarios y fascistas, pero lo que no vamos a aceptar es que sean incoherentes; aunque mejor sería acabar con aquella frase que pronunciara un gran cantautor catalán cuando en un perfecto castellano afirmara: «si no fueran tan temibles, nos darían risa».
Postado há por

 

O aterrorizante novo livro de Stephen King: azar dos negacionistas e trumpistas.

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

Em "Holly", o escritor arremete contra os negacionistas da Covid e contra a gestão da pandemia nos Estados Unidos. I. H. para El Confidencial:


Es uno de los más prolíficos y admirados escritores de novelas de terror de toda la historia. Y el nuevo libro de Stephen King es realmente espeluznante: transcurre mientras una terrible pandemia sacude a los Estados Unidos de Donald Trump.

La novela, la número 65 de King, lleva por título Holly, el nombre de su protagonista, una detective que investiga una serie de desapariciones que tienen lugar en plena pandemia. El libro salió el pasado día 5 a la venta en EEUU, en España lo hará el próximo 21 de septiembre de la mano de la editorial Plaza & Janés. Pero viene precedido de la polémica y de la convicción por parte de su autor de que este nuevo título le va a granjear el odio de numerosos negacionistas y seguidores de Trump.

"Creo que a mucha gente no le va a gustar", asegura King en una entrevista a la revista Rolling Stone. "Creo que mucha gente, especialmente aquella que piensa de un modo distinto al mío en el tema del covid y de Trump, le dará una estrella en las reseñas de Amazon. Todo lo que le puedo decir a esas personas es: ‘Que os aproveche".


King se convirtió durante la pandemia de coronavirus en un convencido defensor de la vacunación y del mantenimiento de la distancia social. Y su nuevo libro, Holly, es una “cápsula de ese particular periodo”, en sus propias palabras. Un periodo en el que el escritor se distinguió por su férreo apoyo a la vacuna contra el covid —en EEUU solo el 48,7% de las personas mayores de 12 años ha recibido la vacunación completa contra el coronavirus, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades— y por sus críticas contra Donald Trump, de quien llegó a decir: “Trump es un presidente horrible y una horrible persona”.

Negacionista hasta la muerte

Holly Gibney, la protagonista del nuevo libro de King, ya hizo acto de presencia en la Trilogía Bill Hodges, trabajando junto a ese detective en la resolución de varios crímenes. Pero, en esta ocasión, ella es el personaje principal, la encargada de investigar la desaparición de una chica mientras una pandemia mortal azota al mundo. De hecho, el nuevo libro del llamado rey del terror comienza con Holly asistiendo vía Zoom al funeral de su madre, fallecida por covid, pero quien hasta el último minuto negó la existencia del coronavirus, asegurando desde su lecho de muerte que ella solo tenía una vulgar gripe.

"Ha habido personas durante años que han sido negacionistas de las vacunas, que dicen que, si te administran una vacuna, eso va a provocar defectos de nacimiento en tus hijos; que, si vacunas a tus hijos, estos podrían sufrir derrames cerebrales. Y lo mismo con las vacunas del covid", señala King a Rolling Stone. "Circula de manera constante la historia de que miles de personas están muriendo de enfermedades cardiacas debido a las vacunas. No es cierto, pero ha ganado mucha credibilidad. Así que hay mucho de eso en mi libro (...). Siempre trato de reflejar el tiempo en el que escribo".

Es uno de los más prolíficos y admirados escritores de novelas de terror de toda la historia. Y el nuevo libro de Stephen King es realmente espeluznante: transcurre mientras una terrible pandemia sacude a los Estados Unidos de Donald Trump.
Postado há por

 

 Pode ser uma imagem de 1 pessoa e carro

Procuradores recorrem da anulação de provas e dizem que Toffoli extrapolou os limites legais

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

A Associação dos Procuradores da República teme que o ato extremo de Dias Toffoli afete outros processos. Reportagem do Estadão:


A Associação Nacional de Procuradores da República (ANPR) apresenta nesta segunda-feira, 11, recurso ao Supremo Tribunal Federal (STF) argumentando que a decisão do ministro Dias Toffoli – responsável por anular todas as provas do acordo de leniência da Odebrecht – , “extrapolou” os limites legais. A entidade pretende atacar aspectos técnicos da decisão por temer que outros processos sejam afetados pelo despacho assinado por Toffoli.

Para a entidade, o processo julgado de maneira isolada pelo ministro não poderia, por exemplo, avançar em questões disciplinares. Só as instâncias de correição do Judiciário e do Ministério Público poderiam averiguar se houve desvio na conduta dos integrantes da Lava Jato.

Na semana passada, em despacho recheado de críticas à atuação de procuradores e da Vara da Justiça Federal comandada na época pelo juiz Sérgio Moro, hoje senador, Toffoli anulou as principais provas sobre pagamentos de propina pela Odebrecht para políticos do PT e de vários partidos. E ainda pediu que fossem instaurados processos contra os investigadores da Lava Jato.

A reclamação que motivou a decisão do ministro foi feita pelos advogados do presidente Luiz Inácio Lula da Silva. A advogada Valeska Zanin Martins – mulher de Cristiano Zanin, hoje ministro do Supremo e ex-advogado de Lula no caso – sustentou que, antes de assinar o acordo de leniência com a Odebrecht, o Ministério Público Federal (MPF) começou uma negociação informal com autoridades dos Estados Unidos em busca de pistas para fechar o cerco a executivos da construtora.

Segundo o presidente da entidade, Ubiratan Cazetta, o processo em que Dias Toffoli tomou a decisão não contou com manifestação da empreiteira, principal envolvida no caso. “Nem mesmo as partes estão lá (na reclamação)”, argumentou Ubiratan Cazetta, presidente da ANPR. “Nem mesmo as empresas participaram. A Odebrecht não participou disso para discutir questões.”

A ideia principal da contestação da ANPR, Cazetta aponta, é que tudo que foi julgado por Toffoli que ultrapassa o objeto na reclamação impetrada por Lula tem que ser lido como algo que não é uma decisão judicial “no seu sentido clássico”. Ele diz que não pretende discutir os efeitos processuais em relação a Lula.

“Isso já foi objeto de várias discussões”, disse. “A discussão é: ali há comentários feitos por um julgador, que tem um ônus argumentativo, mas que não é a decisão. Queremos reafirmar que a responsabilidade por averiguar a conduta disciplinar de membros do Judiciário e do Ministério Público é do próprio Judiciário e do Ministério, não pode ser feita por terceiros.”

Ele ainda relembra que, no caso do MPF, a matéria já é objeto de análise da corregedoria, e o material foi entregue ao Supremo. “Não há o que voltar a reapreciar”, disse.

Na última quarta-feira, 6, Toffoli assinou despacho que disse que a prisão de Lula foi um dos “maiores erros judiciários da história do País” e uma “armação fruto de um projeto de poder de determinados agentes públicos”.

A decisão anulou todas as provas do acordo de leniência da Odebrecht e dos sistemas Drousys e My Web Day B, feito em dezembro de 2016. A empresa também se comprometeu a desembolsar R$ 6,8 bilhões para ressarcir os cofres públicos.

O despacho de Toffoli abre caminho para a derrubada de investigações e ações civis, penais e eleitorais, no Brasil e no exterior, apoiadas em provas obtidas a partir do acordo.

Um dos pontos centrais da decisão de Toffoli é que, mesmo após sucessivas ordens do STF para a 13.ª Vara Federal Criminal de Curitiba e o Ministério Público Federal compartilharem toda a documentação relacionada ao acordo de leniência da Odebrecht com Lula, documentos teriam sido omitidos.

A decisão endossa o discurso de Ricardo Lewandowski de que houve um “ostensivo” descumprimento de determinações “claras e diretas” do STF.

A Associação dos Juízes Federais do Brasil (Ajufe) também manifestou o desejo de ajuizar o agravo à decisão de Toffoli.
Postado há por

 

Decisões judiciais não bastam para reescrever a história

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

São impressionantes as reviravoltas de posicionamento da corte máxima do país e da própria postura dos ministros em relação aos casos envolvendo a Lava Jato. Diogo Schelp para a Gazeta do Povo:


O ordenamento jurídico brasileiro é uma bagunça, demasiado poroso a interpretações subjetivas da lei, às preferências pessoais ou até interesses imediatos de juízas e juízes, o que dá margem a sentenças judiciais estapafúrdias, contraditórias entre si e que passam ao largo dos fatos. Por vezes, têm-se a impressão que o juízo quer reescrever os próprios fatos — ou, em última instância, até reescrever a história.

Decisões judiciais, contudo, não são capazes de reescrever a história. Elas têm, evidentemente, efeitos concretos para as partes envolvidas ou para a sociedade. Réus podem acabar sendo condenados injustamente ou, ao contrário, terem suas sentenças anuladas por filigranas processuais. Detalhes burocráticos podem jogar acusados ou vítimas em um enredo kafkiano, barrando-os até mesmo do direito constitucional de recorrer, ou, em muitos casos, resultar em escancarada e escandalosa impunidade para infratores.

Historiadores dedicam-se a analisar processos sociais e econômicos, personagens e acontecimentos para compreender o passado. Decisões judiciais podem compor o material de estudo para escrever a história, mas não são nem de longe a única ou principal fonte. Para efeitos históricos, decisões judiciais não são a última palavra sobre o que é fato ou mesmo sobre qual é a interpretação correta de um fato. Mas elas podem ajudar a entender as forças em jogo em torno de determinado fato histórico.

O presidente Lula quer reescrever a história. Pretende, por exemplo, fazer uma devolução simbólica do cargo presidencial a Dilma Rousseff, com o argumento de que seu impeachment foi ilegítimo ou, nas suas palavras, "um golpe". Também tentou usar a anulação, pelo STF, das condenações que o levaram à prisão no âmbito da Operação Lava Jato para se apresentar como inocente das acusações de corrupção e lavagem de dinheiro.

Agora, recebeu mais uma ajudinha na sua tentativa de reescrever a história com a decisão de Dias Toffoli, ministro do STF, de anular provas do acordo de leniência da Odebrecht que embasaram muitos dos processos da Lava Jato e que resultaram na devolução de bilhões de reais desviados. A decisão de Toffoli em si ignora fatos bem documentados e precedentes jurídicos consagrados (por exemplo, ele argumentou que era necessário haver cooperação internacional firmada com autoridades suíças para validar provas materiais que, no entanto, haviam sido recuperadas no exterior e entregues voluntariamente pela construtora aos investigadores brasileiros). E, apesar de não fazer juízo de mérito dos atos envolvendo a empreiteira, sua decisão está sendo usada por apoiadores de Lula para vender a ideia de que tudo o que foi apurado pela Lava Jato não passou de uma fantasia.

Impossível. O próprio Lula, durante a campanha eleitoral do ano passado, foi obrigado a admitir que os escândalos de corrupção na Petrobras durante os governos do PT eram reais. "Você não pode dizer que não houve corrupção se as pessoas confessaram", disse Lula em entrevista ao Jornal Nacional, da TV Globo.

São impressionante as reviravoltas de posicionamento da corte máxima do país e da própria postura dos ministros em relação aos casos envolvendo a Lava Jato. O ministro Dias Toffoli, por exemplo, trocou a rigidez do passado (ele impediu que o então detento Lula fosse ao enterro do irmão, em 2019) pelo atual empenho em desmantelar provas e, consequentemente, condenações que renderam aos governos do PT a pecha de ter encampado o maior escândalo comprovado da história do país.

Os desdobramentos internacionais das investigações da Lava Jato mostram que os fatos eram fatos não apenas para juízes e procuradores brasileiros, mas também para os estrangeiros. Os complexos esquemas de corrupção revelados pela Lava Jato por meio das delações e das provas colhidas são estudados e teorizados nas universidades por cientistas políticos, economistas e historiadores brasileiros e estrangeiros.

Nesse e em tantos outros casos que tramitam na bagunçada Justiça brasileira, fica evidente a inutilidade de tentar reescrever a história com decisões judiciais.
Postado há por

 

A condição da mulher na modernidade, sem clichês.

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

Fôssemos escrever um manual revolucionário, diríamos que todo militante é estúpido em sua missão reducionista. Luiz Felipe Pondé para a FSP:


Há temas tabus em nossa época. Um deles é dizer que o STF foi um tanto afoito quando criou as bases para uma guerra civil rural no Brasil com relação ao "marco temporal". Outro é todo o campo identitário sagrado. Outro é a emancipação feminina.

Claro, todos à esquerda. E por quê? Porque na direita você pode jogar pedra com gosto — é feita de gente lixo— ainda mais depois da anta do Bolsonaro. A esquerda, não, ela carrega sobre si a aura da graça divina política. Todos são puros de coração.

Pois a peça "Espiral", com texto de Ricardo Leitte, direção de Einat Falbel, no elenco, Julia Carrera, Eliane Sombrio e Falbel, tem a coragem de, ao revisitar de forma sutil a sombra da famosa Nora da peça "Uma Casa de Bonecas", do dramaturgo Henrik Ibsen (1828-1906), refletir de forma consistente, e não militante, acerca das consequências da emancipação feminina.

O que aconteceu com as herdeiras da personagem Nora, que, ao final da peça "Uma Casa de Bonecas", rompe com o mundo que a fazia de boneca? A peça estreia no próximo sábado e fica em cartaz até 14 de outubro. As sessões, aos sábados, acontecem às 19h, no Studio Zoe, na rua Croata 210, na Lapa, com lotação de 20 pessoas.

Ibsen é visto como "feminista" por criticar a condição feminina no século 19 europeu e simpatizar com a fuga das mulheres daquela condição. Mas a pergunta é: quais os efeitos colaterais indesejáveis da opção feita por Nora? Como estão as descendentes da Nora?

Disclaimer para os inteligentinhos, que hoje dominam completamente o debate público e jurídico no país: essa reflexão proposta aqui nada tem a ver com defender um "retorno" a condição préNora —o que seria uma ideia idiota—, mas sim propor uma reflexão consistente, e não militante, como faz a peça "Espiral", acerca do "projeto Nora" de Ibsen, vista a partir dos olhos de hoje.

Toda militância é estúpida quando se trata de entendermos o mundo. Fôssemos escrever um novo "manual do revolucionário" hoje, deveríamos acrescentar um novo pré-requisito: o militante deve ser sempre um estúpido para cumprir sua missão. Nossa Nora é médica —você conhece profissão mais chique? Todos os pais e todas as mães sonham com filhos médicos e filhas médicas.

Mora num desses condomínios para "singles" descolados. Sozinha, já passada sua juventude, herda um gato, mora num prédio que tem um assassinato, policiais rondam, sonha —e teme ao mesmo tempo—com o porteiro a visitando de surpresa, pois não perdeu o viço da mulher que deseja um homem que a possua. Perdida, ela bebe vinho demais.

Este é o argumento básico encontrado na peça. Há elementos inspirados no teatro pobre do polonês Jerzy Grotowski (1933-1999). O espaço é íntimo e minimalista, as atrizes circulam "na sua cara", estamos claramente num espaço cênico que visa escapar do formato clássico do teatro burguês em que a segurança é o elemento que sustenta a condição do espectador na plateia.

A Nora de "Espiral" não é uma mera sombra da Nora de Ibsen. Ela vai além. Antes de tudo porque a personagem Nora de Ibsen é um arquétipo da mulher que se liberta da opressão e vive na adolescência da modernidade, no século 19, cheia de mitos sobre o alcance benigno que teriam esses mitos na vida das pessoas.

A Nora de hoje sabe mais do que a Nora de Ibsen. Ibsen não tinha como saber de que forma a modernidade "envelheceria". Viveu no século 19, um século muito orgulhoso de si mesmo. Se olharmos a personagem Nora da peça "Espiral" sob o prisma do "projeto de vida" da Nora de Ibsen, seremos obrigados a dizer que a modernidade envelheceu muito mal.

Hoje, apegada a clichês feministas baratos quando se discute a condição feminina, a modernidade apenas aprofunda a ignorância acerca de tudo. Cobre com a manta da cegueira militante toda a vida à sua volta. E os jovens revolucionários repetem as bobagens que muitos professores e intelectuais ensinam para eles. Enfim, a peça é rica em elementos clássicos muito além de Ibsen.

A Grécia tem um papel de destaque, assim como a caixa de Pandora tem na vida da personagem Nora. Arriscaria dizer que "Espiral" é a tragédia de Nora e de algumas mulheres acima dos 50 dos dias de hoje.
Postado há por

 

Janja da Silva: o namastê e o deslumbramento.

BLOG  ORLANDO  TAMBOSI

Ninguém estava dançando em Muçum, ou em Roca Sales, cidades gaúchas que foram dizimadas pela água e pelo lodaçal. Guilherme Macalossi para a Gazeta do Povo:


O cônjuge de um presidente da República não desempenha qualquer função oficial. Não recebe para isso. Homem ou mulher, a nomenclatura que adquire é advinda de seu parentesco. Ainda assim, pela proximidade com quem exerce o poder, tem status e benefícios, bem como certas responsabilidades institucionais inatas. Sua posição lhe exige decoro, prudência e discrição. É tudo o que falta para a atual primeira-dama. Janja da Silva, que se casou com Lula em 2022, esbanja inadequação e deslumbramento, inclusive para prejuízo do atual governo.

Na última semana, enquanto voluntários e equipes da Defesa Civil e do Corpo de Bombeiros se desdobravam no esforço de encontrar desaparecidos e salvar pessoas em situação de risco nas áreas inundadas no Rio Grande do Sul, Janja voava para a Índia acompanhando o marido. Antes de embarcar, escreveu nas redes sociais que teria 20 horas para tuitar. A postagem contrastou com a agenda anterior do casal presidencial, que não teve um único minuto para visitar as vítimas de uma das maiores tragédias naturais da história do Sul do país.

Não sendo o bastante, já em Nova Dheli, Janja publicou um vídeo comemorando a chegada. Sorridente, apareceu fazendo “Namastê” e dizendo “Olá, Índia! Boa noite. Me segura que eu já vou sair dançando”. Ninguém estava dançando em Muçum, ou em Roca Sales, cidades gaúchas que foram dizimadas pela água e pelo lodaçal. Ciente do prejuízo político, a assessoria do Palácio do Planalto removeu o vídeo, mas não a tempo de evitar que circulasse pela web, gerando incontáveis memes.

Essa postura indiferente, quase que como a de uma blogueira sem noção da realidade, não é inédita. No início de 2023, quando chuvas castigaram o litoral norte de São Paulo, a primeira-dama não interrompeu sua participação do carnaval. Continuou sambando em Salvador. Naquela oportunidade, Lula foi até a região, mas a imagem dela fazendo festa em Salvador não foi bem recebida.

A alegação de que Janja não governa ignora o fato de que, por ser a esposa do presidente, não pode ficar à margem de situações dramáticas. É preciso decoro nessas horas, e saber que sua imagem está indelevelmente ligada a do presidente.

A primeira-dama vem sendo fanaticamente protegida e paparicada pela militância lulopetista. Críticas à sua conduta são respondias como expressões de “misoginia” e “machismo”, aquelas palavrinhas mágicas do dicionário ideológico identitarista que servem de escudo para qualquer coisa. Por sua formação como socióloga com especialização em história, alguns imaginam que Janja possa ser a Ruth Cardoso de Lula. Até aqui ela não conseguiu nem mesmo ser Dona Marisa, que não era intelectual, mas ao menos tinha senso de ridículo.
Postado há por