Para o economista Juan Ramón Rallo, o antagonismo entre as direitas espanholas centralistas e as direitas periféricas dificulta mais que as esquerdas na formação de um novo governo:
La
derecha española tiene un problema y es que el electorado de derechas
dentro de esa plural comunidad que es España posee proyectos de
organización territorial antagónicos. A la postre, y por mucho que
Sánchez haya proclamado vencedor de las elecciones al bloque de
izquierdas, quien realmente ha ganado los comicios es el bloque de
derechas: Partido Popular - PP (136 diputados), Vox (33), Unión del
Pueblo Navarro - UPN (1), Coalición Canaria (1), Partido Nacionalista
Vasco - PNV (5) y Junts per Catalunya (7). En total, 183 diputados de
350.
En
cualquier otro Estado, estas diversas derechas se sentarían a negociar y
probablemente a repartirse el gobierno: pero en España, las derechas
centralistas odian a las derechas periféricas y viceversa. Vox veta al
PNV y el PNV veta a Vox, no digamos ya a Junts per Catalunya. La
situación no sería dramática para la derecha si este fenómeno se
reprodujera simétricamente en la izquierda: si la izquierda fuera
centralizadora y no pudiera siquiera conversar con la izquierda
periférica, entonces el bloque de la izquierda en el Congreso se vería
reducido a PSOE (122) y Sumar (31), quedando consecuentemente fuera
Esquerra Republicana de Catalunya - ERC (7), Bildu (6) y Bloque
Nacionalista Gallego - BNG (1). Pero no: lo que supone un obstáculo
insalvable para la derecha, no lo es para la izquierda, quien incluso
aspira a fagocitar apoyos del bloque de la derecha, a saber, PNV y
Junts.
O
dicho de otro modo, lo que resulta inconcebible dentro de la derecha
(que PP y Vox pacten con las derechas periféricas), no solo resulta del
todo concebible en el bloque de la izquierda (que PSOE y Sumar pacten
con los izquierdas periféricas), sino que incluso se acepta que la
izquierda pacte con las mismas derechas periféricas que han sido
repudiadas por las derechas centralistas.
Se
entenderá, pues, por qué PP y Vox no pueden gobernar en España salvo
que logren una supermayoría: porque parte del electorado español "de
derechas" termina integrando el apoyo parlamentario a la izquierda. Es
verdad que esta desventaja se ha visto históricamente compensada por el
sistema electoral español, que tiende a sobrerrepresentar a los dos
principales partidos nacionales. Pero habiéndose dividido el voto dentro
del bloque de la derecha entre PP y Vox, ese factor de compensación ya
no existe, de modo que la victoria, si bien no es imposible (en esta
ocasión, no se ha quedado tan lejos de lograrla), se antoja muchísimo
más complicada que para la izquierda.
En
suma, o la derecha centralista se replantea su marco de relaciones con
las derechas periféricas, o concurrirá indefinidamente a las elecciones
con ambas manos atadas a la espalda.
Este artículo fue publicado originalmente en La Razón (España) el 27 de agosto de 2023.
Postado há 3 weeks ago por Orlando Tambosi

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