Tal como o clima mundial, a macroeconomia é um sistema complexo que desafia a tentativa de incorporá-la a um modelo e predizer sua trajetória futura. William Shughart II para o Instituto Independiente:
La
macroeconomía, al igual que el clima mundial, es un sistema complejo
(muy poco lineal y sacudido por choques aleatorios) que desafía los
intentos de incorporarlo a un modelo y predecir su trayectoria futura.
El
reto de estimar el PBI, el empleo y los niveles generales de precios y
tasas de interés - junto con sus trayectorias, incluso a corto o medio
plazo - es bastante desalentador. No obstante, la administración Biden
convocó recientemente el primero de una serie de cuatro talleres bajo
los auspicios de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y
Medicina destinados a "incorporar el clima a un modelo macroeconómico".
A
pesar de los errores del pasado -pocos macroeconomistas, si es que hubo
alguno, previeron la Gran Depresión, la Gran Recesión o cualquier otra
crisis económica-, la Casa Blanca desea ahora adicionar aún más
complejidad a los modelos macroeconómicos contabilizando de algún modo
las "fricciones" del mercado supuestamente creadas por el cambio
climático en los pronósticos económicos.
Sin
embargo, el problema va mucho más allá de la especificación y
estimación de un modelo. La teoría y la práctica macroeconómicas están
basadas en la ficción: en la "ciencia ficción", como a menudo he
caracterizado a todo el campo de estudio.
Como ha argumentado de manera contundente
el profesor Richard E. Wagner, mi antiguo colega en la George Mason
University, los macroeconomistas tratan erróneamente a los agregados
macroeconómicos, como el PBI, el empleo, el nivel de precios y las tasas
de interés, como objetos explícitos de elección por parte de los
responsables de las políticas públicas. Es como si algún político o
burócrata -o un grupo de ellos- decidiera cuál será la producción de
bienes y servicios finales en un momento dado, cuántas personas estarán
empleadas en generar esa producción, qué nivel general de precios o
tasas de interés prevalecerán, etc.
Nada
podría estar más alejado de la realidad. Los agregados macroeconómicos
son fenómenos emergentes de los procesos de mercado que involucran las
interacciones de cientos de millones de compradores y vendedores, cada
uno de los cuales toma decisiones basadas en su propio conocimiento
local y en las circunstancias especiales e idiosincrásicas de tiempo y
lugar. Los datos a partir de los cuales las variables macroeconómicas
son calculadas a posteriori son generados de abajo hacia arriba, no de
arriba hacia abajo.
Además,
los responsables de las políticas públicas no eligen del mismo modo que
los consumidores y productores individuales en el mercado. Por lo
general, los procesos de mercado permiten a los agentes económicos
aprovechar los beneficios -y los obliga a soportar los costos- de sus
propias decisiones personalmente, generando así fuertes incentivos para
economizar, canalizando los escasos recursos hacia sus usos más
valiosos, satisfaciendo los deseos de los clientes e innovando
continuamente. Estos incentivos son mucho más débiles en el sector
público porque los beneficios y los costos de la toma de decisiones
colectiva son compartidos. Los políticos y los burócratas gastan el
dinero de los demás en lugar del suyo propio.
El cambio climático, que ha estado en curso durante toda la historia de la Tierra,
evolucionó originalmente en una escala de tiempo geológica, no humana.
Los modelos climáticos siguen estando en pañales, en parte por la
incapacidad de predecir las coberturas nubosas globales. ¿Cómo van a lidiar con eso quienes elaboren modelos macroeconómicos?
Los
creadores de modelos también son confundidos por los cambios
imprevistos en las políticas públicas. La propia intervención
gubernamental tiene un impacto importante, mayormente negativo, en la
macroeconomía.
Un grupo de expertos en salud pública (los firmantes de la Declaración de Great Barrington)
advirtió sobre las desastrosas consecuencias económicas de un cierre
prolongado de la sociedad durante la pandemia de COVID-19. Pero por muy
sofisticadas que sean las técnicas, quienes elaboren los modelos macro
sólo pueden tener en cuenta los cambios políticos cuando éstos ya se han
producido. Una autentica industria artesanal dedicada a comprender los
efectos macro de específicas políticas públicas relacionadas con el
COVID-19 se encuentra activa a nivel estatal, regional y nacional;
quizás podamos aprender algo sobre las magnitudes de esos efectos a
posteriori, pero ellos no fueron (y por definición no pudieron ser)
profetizados.
El
pronóstico de la trayectoria de la macroeconomía está plagado de
errores causados por las diferencias en las suposiciones sobre las
condiciones iniciales, las variables incluidas o excluidas de los
modelos, la precisión con que son mensuradas las variables incluidas,
las especificaciones de los modelos y las técnicas de estimación. Nadie
debería esperar que la introducción forzada de un cambio climático poco
comprendido en estos análisis mejore las predicciones sobre la
trayectoria futura de la economía.
Pero,
aunque así fuera, ningún político estaría interesado en ubicar a la
economía en una trayectoria óptima. La motivación electoral -el deseo de
ser elegido o reelegido- es mucho más importante.
William
F. Shughart II es director de investigaciones en el Independent
Institute, profesor J. Fish Smith de Public Choice en la Huntsman School
of Business de la Utah State University, ex presidente de la Southern
Economic Association y editor del libro del Instituto, Taxing Choice.
Postado há 3 weeks ago por Orlando Tambosi

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