BLOG ORLANDO TAMBOSI
Para Alberto Benegas Lynch (h), é confuso continuar utilizando os termos direita e esquerda para analisar a política:
Como
es sabido, las palabras resultan esenciales para pensar y para
transmitir pensamientos, por lo que deben ser lo más precisas posible a
efectos de evitar malentendidos y confusiones de diverso calibre.
En
esta línea argumental observamos cada vez con mayor preocupación lo que
a esta altura nos parece un uso anticuado y algo embrollado de los
términos derecha e izquierda. Lo primero siempre fue pastoso: por un
lado, se identifica con el fascismo, y por otro, con el espíritu
conservador en el peor sentido de la palabra, es decir, no apuntando a
conservar la vida, la libertad y la propiedad, sino como anclado y
encajado en el statu quo, incapaz de dejar pesadas telarañas mentales,
lo cual es un atentado contra el progreso. Si fuera por estos
conservadores, no hubiéramos sido capaces de zafar del garrote y la
cueva, puesto que el arco y la flecha eran algo nuevo y distinto de la
rutina.
Respecto
de la izquierda, su origen se remonta a los que se sentaron a la
izquierda del rey en la Asamblea de la Revolución Francesa para destacar
su oposición al abuso del poder y a todo privilegio, aunque a poco
andar se aliaron a los jacobinos para todo tipo de desmanes. Pero lo
peor es que renunciaron a su origen y cada vez con mayor entusiasmo
apoyaron las botas, es decir, el entrometimiento del aparato estatal en
las vidas y haciendas ajenas.
Con
más énfasis, sin embargo, señalamos que hoy día esos dos lugares
geográficos se han convertido en expresiones más o menos anodinas,
similares a referirnos a arriba, abajo, atrás o adelante. Es mucho más
claro y preciso aludir a estatismo o liberalismo; en diversos grados,
claro está, pero son términos que remiten sin equívocos y vacilaciones a
dos posiciones en el espectro de las ideas. Desde luego, con todo el
indispensable debate, bien alejado de la peste del dogmatismo, lo cual
es la antítesis del liberalismo, siempre abierto a nuevos paradigmas y a
distancia sideral de la llamada ortodoxia que, como dice Karl Popper,
es un campo propio de la religión.
Para
complicar más las cosas, con el tiempo aparecieron la nueva izquierda,
la nueva derecha y tal vez aparezca la requetederecha y la
requeteizquierda, y pueden irrumpir otras sorpresas de mayor espesor,
pero siempre escarbando en el mismo pozo confuso y lleno de acechanzas y
epítetos cruzados que trata de calmar otra terminología geográfica,
esto es el llamado “centro”, con el mismo resultado.
Como
es sabido, el estatismo se traduce en que el monopolio de la fuerza se
arroga facultades que van más allá de asuntos tales como la seguridad y
la justicia, dos funciones fundamentalísimas que los gobiernos
generalmente no cumplen y en su lugar se abocan a todo tipo de aventuras
que naturalmente perjudican a todos, pero muy especialmente a los más
necesitados.
Por
su parte, el liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de
vida de otros. Es decir, el respeto recíproco en el contexto de entender
que los derechos no se toleran, se respetan, y en esta línea argumental
es medular comprender que esto en modo alguno significa compartir el
proyecto de vida del vecino. La tolerancia encierra cierta connotación
inquisitorial y de soberbia, puesto que equivale a un perdón a los que
están equivocados, encajando la verdad en el que tolera.
El
conocimiento tiene la característica de la corroboración provisoria,
sujeto a refutaciones. El debate abierto es condición necesaria para el
aprendizaje. Más aún, a uno puede resultarle repugnante el proyecto del
vecino, pero bajo ninguna circunstancia puede recurrirse a la fuerza, a
menos que se produzcan lesiones de derechos. Esto último es la única
condición que da pie al uso de la fuerza, es decir, defensiva, bajo
ninguna circunstancia ofensiva. Esto que parece una obviedad no lo es
cuando se filtra el aparato de la fuerza en áreas que en una sociedad
libre son privativas de cada uno y bajo su responsabilidad. Y ya sabemos
que el liberalismo no se corta en tajos, se trata de aspectos
indisolubles de moral, derecho, filosofía, economía y epistemología.
Cuando los megalómanos dan rienda suelta a sus caprichos respecto de lo
que debería hacer cada uno con su vida y su propiedad se incurre en una
insolencia y constituye una bofetada a la inteligencia y al sentido
común.
Seguramente
uno de los textos más difundidos en ciencia política sea el de Norberto
Bobbio titulado Derecha e izquierda. Razones y significados de una
distinción política. Bobbio resume la definición de izquierda en “la
razón de ser de los derechos sociales […] es una razón igualitaria”. En
este contexto opone la derecha a lo anterior; sin embargo, desde la
perspectiva liberal no hay tal cosa como “derechos sociales”, se trata
simplemente de derecho como la facultad de hacer o no hacer con lo
propio, pero de ningún modo coactivamente con el fruto del trabajo
ajeno. Además, la guillotina horizontal que impone el igualitarismo
empobrece y denigra. También cabe destacar que la denominada derecha
tiene ribetes autoritarios en el sentido de imponer la generalización de
visiones que son incompatibles con la libertad en el sentido de
“ausencia de coacción por parte de otros hombres”.
Antes
he escrito parcialmente sobre lo que sigue, pero cabe destacar el texto
de Steven Lukes que lleva un título con doble sentido: “What is Left?”,
lo cual significa simultáneamente “¿Qué es la izquierda?” y “¿Qué queda
[de la izquierda]?”. Este ensayo debe complementarse con el de
Giancarlo Bosetti (“La crisis en el cielo y en la tierra”). En este
último caso, el autor escribe: “La izquierda no es ya o, en todo caso,
no puede continuar siendo cosas como estas: la planificación
centralizada, la abolición de la propiedad privada, el colectivismo, la
supresión de las libertades individuales, la intención de enderezar el
‘leño torcido’ kantiano, de plasmar al hombre y la sociedad de acuerdo
con el proyecto elaborado por una vanguardia intelectual”. Es pertinente
aclarar que la cita kantiana completa de su obra de 1784 es: “Con un
leño torcido como aquel del que ha sido hecho el ser humano nada puede
forjarse que sea del todo recto”, lo cual es otro modo de decir que la
perfección no está al alcance de los asuntos humanos. Sobre la base de
esta cita se decidió el título de una de las colecciones de Isaiah
Berlin (The Crooked Timber of Humanity). Autores como Anthony de Jasay
–tal vez el pensador liberal más sofisticado de nuestro tiempo–
recuerdan que “no estamos en la búsqueda de un sistema perfecto”, ya que
tamaña meta no resulta posible para los mortales. Y eso es lo contrario
de lo que ocurre con todas las utopías socialistas que tantas masacres y
sufrimientos han provocado con su pretensión de torcer la naturaleza
del ser humano en la busca de ese engendro que sería el “hombre nuevo”
que se exime de contrariedades en un mundo idílico.
Es
curioso, pero hay pensadores de una gran solvencia y enjundia en
diversas materias que cuando abordan el tema social-laboral se desvían
por completo de sus propias premisas a favor de la libertad para
internarse en un galimatías de prepotentes intromisiones estatales.
El
dictum de Kant en cuanto a que “el sabio puede cambiar de opinión, el
necio nunca” puede revertirse si este abandona su postura y presta
atención a los argumentos. En resumen, recurrir a liberal o estatista
simplifica en grado sumo el terreno de la ciencia política y permite
ubicar posiciones.
Este artículo fue publicado originalmente en La Nación (Argentina) el 4 de julio de 2023.
Postado há 3 weeks ago por Orlando Tambosi

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