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A importância do Natal reside na força de seu simbolismo. Juan Arias para El País:
Los
personajes de la Navidad, como el niño Jesús, la Virgen María, el
misterioso y casi escondido José y todas las personas reales, míticas y
simbólicas que los rodean, como los pastores, los Reyes Magos o el tirano Herodes,
además de episodios como la huida a Egipto o la masacre de niños,
reaparecen cada año en estas fechas a pesar de que sobre todo ello, al
igual que sobre la fecha de nacimiento de Jesús, no se sabe casi nada
con certeza. Es curioso que sigan siendo un misterio los orígenes de un
personaje que ha tenido una importancia mundial durante siglos como
fundador de la gran religión monoteísta, el cristianismo, nacida de la
evolución del judaísmo.
Mientras los cuatro evangelios llamados canónicos,
los únicos considerados por la Iglesia de Roma como verdaderos, abundan
en detalles menores sobre la pasión y muerte de Jesús, solo dos de
ellos, Mateo y Lucas, hablan del nacimiento de Jesús, pero con pequeñas
alusiones e ignorando toda su infancia.
El origen de la tradición popular en torno a ese episodio, empezando
por los nombres de los tres Reyes Magos, que ni siquiera eran reyes,
Melchor, Gaspar y Baltasar, así como de las peripecias de la concepción,
se conoce solo por los evangelios apócrifos, es decir, los descartados
por la Iglesia, que los considera falsos o fantasiosos.
Los
cristianos, sin embargo, no han renunciado a conocer el día y el lugar
del nacimiento del fundador de su religión. Los papas, ante el silencio
de los evangelios canónicos, decidieron escoger como fecha para celebrar
oficialmente este acontecimiento el 25 de diciembre, coincidiendo con la festividad pagana de las Saturnales,
cristianizándola. Surgieron así alrededor de esa fecha decenas de
detalles de una leyenda cuajada de símbolos que evocan sentimientos de
alegría familiar, al mismo tiempo que hacen aparecer el nacimiento de
Jesús rodeado de un manto de protección divina contra la ira del
emperador Herodes, que temía que aquel niño visto como el sucesor del rey David pudiera poner en peligro su poder.

Tríptico de la Adoración de los Magos, de El Bosco (1494, detalle), en el Museo del Prado.
Surgieron también los detalles sobre el viaje de Nazaret a Belén de María, ya encinta, junto a José
para empadronarse, los del nacimiento del niño en una gruta, en un
pesebre de animales, rodeado de ángeles y pastores, y la llegada de tres
Reyes Magos guiados por una estrella.
Históricamente,
sin embargo, se sabe hoy, por los escritos romanos, que en aquella
fecha no hubo ningún tipo de empadronamiento que obligara a José y María
a trasladarse a Belén, lo que convierte en pura leyenda los detalles de
aquel viaje y de su huida a Egipto tras el nacimiento de Jesús para
escapar de Herodes, que supuestamente mandó sacrificar a todos los niños
menores de dos años para librarse de Jesús.
Un pesebre sin vacas ni asnos
El mismo papa Benedicto XVI,
el teólogo alemán con fama de conservador Joseph Ratzinger, afirmó en
2013, en un arrebato de progresismo, que seguramente en el pesebre donde
nació Jesús no había ni vacas ni asnos.
En
el tiempo en que vivió Jesús, a las personas se las llamaba o por el
nombre del padre o el lugar de nacimiento. Y en los cuatro evangelios
canónicos reconocidos como verdaderos por la Iglesia, al hijo de María
se le llama siempre “Jesús de Nazaret”, ni una sola vez “Jesús de
Belén”, lo que revela un consenso en las primeras comunidades cristianas
de que María dio a luz en Nazaret.
Sin
embargo, a pesar de que los expertos bíblicos están de acuerdo en que
las peripecias que rodean el nacimiento de Jesús son más bien una
leyenda, se cree que esta debe de ser muy antigua. Existe hasta un lugar
de culto considerado milagroso en el que, según la leyenda, María se
detuvo para dar el pecho a su hijo, y al que hoy acuden las embarazadas
para pedir protección a la Virgen María.
La Natividad y otros temas de la infancia de Cristo, hacia 1330, de Pietro da Rimini.
¿Disminuye
todo ello la fuerza, la belleza y la tensión de la leyenda del
nacimiento de Jesús, el fundador del cristianismo que luchó hasta su
muerte para ensanchar los límites del judaísmo hasta convertirlo en una
creencia universal? Al contrario, esa leyenda refleja el interés que las
primeras generaciones de cristianos tenían por conocer los detalles
sobre el nacimiento.
En
realidad, los cuatro evangelios llamados canónicos (Mateo, Lucas,
Marcos y Juan) no son más que una colección de hechos y dichos de Jesús
que corrían entre los primeros cristianos y que acabaron mezclando
relatos verdaderos de los apóstoles con añadiduras de fantasía para
rellenar las lagunas de las noticias más serias.
Nacieron
así decenas de otros evangelios. Hasta que en un cierto momento los
papas decidieron que solo cuatro eran verdaderos e inspirados por Dios y
el resto apócrifos o fruto de la fantasía sin fundamento histórico. Y
curiosamente son los acontecimientos sobre el nacimiento y la infancia
de Jesús los que más abundan en los textos apócrifos, ya que los
canónicos casi los ignoran. A los canónicos les interesaba sobre todo la
predicación, la pasión y muerte de Jesús, más que su nacimiento. No
está claro el criterio que llevó a los papas a considerar, entre las
decenas de evangelios que circularon durante los primeros siglos entre
los cristianos, solo cuatro como inspirados por Dios.
Según
los modernos exégetas, toda la literatura transmitida por las primeras
comunidades cristianas, desde la existencia misma de la figura de Jesús y
de su familia hasta las razones por las que fue crucificado, se halla
contaminada por las discusiones de los primeros cristianos, que fueron
acomodando los hechos reales a las discusiones teológicas del momento,
sobre todo tras la gran influencia que tuvo el único apóstol que no
conoció a Jesús en vida, Pablo de Tarso, cuyos escritos fueron muy importantes en la creación de la primera teología cristiana.
Ello
explica que aún hoy sea difícil, incluso con los cuatro evangelios
canónicos y los escritos de Pablo, saber qué hay de histórico y de
leyenda en lo que se cuenta sobre los inicios del cristianismo, aún
empapado de judaísmo y de la doctrina agnóstica. ¿Es por ejemplo cierto,
como aparece en las pinturas del siglo II en algunas catacumbas de
Roma, que las mujeres eran ya obispos y podían celebrar en sus casas la eucaristía?
No
se sabe con exactitud, por ejemplo, cómo nacieron los cuatro evangelios
considerados por la Iglesia como auténticos ni sobre sus autores y
hasta qué punto son, por ejemplo, verdaderas o literarias muchas de las
palabras colocadas en boca de Jesús. Dichos evangelios, que en inicio
eran narraciones orales que se transmitían de unos cristianos a otros y
que por el camino se iban transformando, acabaron siendo escritos.
Por
lo que se refiere a las frases colocadas en boca de Jesús, algunas de
ellas clásicos universales como “Dad al César lo que es del César y a
Dios lo que es de Dios” o la de “Es más fácil que un camello pase por el
ojo de una aguja que el que un rico vaya al cielo”, existe un cierto
consenso entre los biblistas, sean católicos o protestantes, de que no
hay certeza absoluta de que fueran en verdad pronunciadas por él. Hace
unos años, 12 expertos en estudios bíblicos católicos y protestantes se
reunieron para analizar los dichos atribuidos a Jesús en los cuatro
evangelios canónicos y el resultado creó estupor, ya que solo hubo
unanimidad sobre la autenticidad de media docena de frases. Sobre el
resto cayó el velo de duda.

Adoración de los Reyes Magos de Velázquez.
¿Qué
les queda entonces a los cristianos de histórico en la base de su fe si
se llega a dudar hasta de la historicidad de su fundador, de sus
palabras, de sus orígenes y de la verdad sobre su condena a muerte y su resurrección?
Les queda todo, ya que las creencias superan las barreras de la
historia para centrarse en la fuerza de la fe que, como afirmó Jesús
(¿será verdad que lo dijo?), “es capaz de mover montañas”.
De
ahí que los hechos de la Navidad, sean leyenda o historia, continúan
siendo importantes para los cristianos, que los han convertido en un
momento del año preñado de significados espirituales y humanos que
atañen a algo tan fuerte y simbólico como es la familia, por mucho que
hayan cambiado hoy los modelos creados para vivirla.
Hay
algo en la Navidad cristiana, incluso al prescindir de su carácter
netamente histórico, que provoca fuertes aldabonazos en el interior de
grandes y pequeños y que explica la fuerza que han cobrado en el mundo
estas fechas aun sin motivaciones históricas.
Y
de ahí las quejas, justas y reales, contra el hecho de que en estos
tiempos de modernidad y consumismo desenfrenado y pagano la festividad
navideña se haya convertido en algo más cercano a las bacanales de las
antiguas fiestas paganas de Roma que al recuerdo y la memoria del
nacimiento de aquel niño que llegaba al mundo con un mensaje nuevo de
amor, de sencillez, de acogimiento de todo lo despreciado por el poder y
del calor familiar, simbolizado en el que le habrían ofrecido en un
pesebre los animales que rodearon su nacimiento. Que todo fuera historia
o leyenda, poco importa. La importancia de la Navidad sigue residiendo
en la fuerza de su simbolismo y en el imperativo de la felicidad de
estar juntos, amándonos, en cualquier modelo de familia.
Postado há Yesterday por Orlando Tambosi

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