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A história passa, mas os ódios permanecem. Também permanece a filosofia que os combate, como a de Spinoza. Enrique Krauze para Letras Libres:
Los
odios teológicos que enfrentó Spinoza en el siglo XVII (el de las
guerras religiosas) continuaron en los siglos siguientes, mutando en
odios nacionales, ideológicos, étnicos. En este siglo las variantes
nacen de las diferencias “identitarias” de la lengua, el género, el
color, la cultura, la política. La historia pasa, los odios permanecen.
Pero también permanece la filosofía que los combate.
Spinoza
fue excomulgado por sus ideas pero no conoció el odio sino la forma más
alta del amor que él llamaba amor Dei intellectualis, que no es otro
que el amor al conocimiento de la naturaleza infinita e inabarcable
–incluida la naturaleza de las pasiones humanas– que buscó comprender a
la luz de la razón.
Su
antídoto contra el odio fue comprenderlo, para así liberarse de él.
Aquí una selección de sus ideas provenientes de cuatro obras
fundamentales.
TRATADO BREVE
A
modo de conclusión, decimos que el odio y la aversión contienen en sí
tantas imperfecciones como, por contra, el amor contiene perfecciones.
Este, en efecto, produce siempre mejora, fortalecimiento y crecimiento,
que es la perfección; mientras que el odio, al revés, siempre tiende a
la destrucción, al debilitamiento y la aniquilación, que es la
imperfección misma.
302-303
ÉTICA
El
odio nunca puede ser bueno. […] Todo lo que apetecemos porque estamos
afectados de odio, es deshonesto, y en el Estado, injusto.
752 (IV, Proposición 45 y Corolario 2)
Todos
los afectos de odio son malos, y, por tanto, quien vive bajo la guía de
la razón se esfuerza cuanto puede en no sufrir los conflictos de los
afectos de odio; y, en consecuencia, se esforzará en que tampoco otro
soporte esos afectos.
753 (IV, Proposición 46, Demostración)
Quien quiere vengar las injurias con el odio recíproco, vive sin duda míseramente.
754 (ibid, Escolio)
Concebimos
que el soberbio es necesariamente envidioso y odia sobre todo a
aquellos que son muy alabados por sus virtudes, y que su odio no es
fácilmente vencido por el amor o los beneficios y que tan solo disfruta
con la presencia de aquellos que condescienden con su ánimo impotente…
760 (Proposición 57, Escolio)
[…]
el varón fuerte no tiene odio a nadie, no se irrita contra nadie, no
envidia, ni se indigna, ni desprecia a nadie, y no es en absoluto
soberbio.
774 (IV, Proposición 73, Escolio)
TRATADO TEOLÓGICO-POLÍTICO
En
cuanto a las sediciones, suscitadas so pretexto de religión, surgen
exclusivamente […] porque las opiniones, al igual que los crímenes, son
juzgadas y condenadas como un delito. La verdad es que sus defensores y
simpatizantes no son inmolados a la salvación pública, sino tan solo al
odio y a la crueldad de sus adversarios.
840
Esto
es lo que, respondiendo a las exigencias […] de la filosofía […] he
decidido demostrar aquí ampliamente, sin inquietarme demasiado de los
gritos de la superstición, cuyo máximo odio se dirige contra quienes
cultivan la verdadera ciencia y practican la verdadera vida.
862
[…]
pues no hay nadie que no viva angustiado en medio de enemistades,
odios, iras y engaños, y que no se esfuerce, cuanto esté en su mano, por
evitarlos. Y, si consideramos, además, que, sin la ayuda mutua, los
hombres viven necesariamente en la miseria y sin poder cultivar la razón
[…] veremos con toda claridad que, para vivir seguros y lo mejor
posible, los hombres tuvieron que unir necesariamente sus esfuerzos.
1036
Así,
pues, los príncipes debían preocuparse al máximo, al menos por su
propio interés, de administrarlo todo según las leyes vigentes y de
todos suficientemente conocidas… De lo contrario, no podían evitar el
más profundo odio de los súbditos, cual suele ser el odio teológico.
1060
El
fin del Estado, repito, no es convertir a los hombres de seres
racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su alma […] y
su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad, y que ellos se sirvan
de su razón libre y que no se combatan con odios, iras o engaños, ni se
ataquen con perversas intenciones. El verdadero fin del Estado es,
pues, la libertad.
1092
TRATADO POLÍTICO
§
14. En la medida en que los hombres son presa de la ira, la envidia o
cualquier afecto de odio, son arrastrados en diversas direcciones y se
enfrentan unos con otros. Por eso mismo, hay que temerlos tanto más
cuanto más poder tienen y por cuanto son más perspicaces y astutos que
los demás animales.
1144
[…]
el ejercicio de un poder absoluto es muy peligroso para el príncipe,
muy odioso para los súbditos y contrario a las leyes, tanto divinas como
humanas, como lo prueban innumerables ejemplos.
Postado há 6 hours ago por Orlando Tambosi

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