BLOG ORLANDO TAMBOSI
Neste mundo global, onde a informação e a desinfomrção literalmente voam, está se travando uma sórdida batalha entre a verdade e a mentira. Confiemos que, para o bem e a saúde de todos, a verdade se imponha. Alejandro Venegas para Disidentia:
¿Qué
ha pasado con la divulgación científica para que la ciencia se
convierta en tema reservado a los expertos, cuando en realidad
absolutamente todo lo que hay en nuestra vida cotidiana procede de los
descubrimientos y avances tecnológicos basados en el método científico?
Para
responder a la pregunta “¿dónde está la ciencia?” bien vale usar como
punto de partida algún ejemplo pintoresco en materia de cultura
científica. Remontémonos a 1859, cuando Charles Darwin, tras agrupar las
publicaciones de sus predecesores y añadir sus propias conclusiones,
obtenidas tras un largo e intenso estudio, publica El Origen de las
Especies. Desde ese día hasta el presente han transcurrido 159 años. y
todavía hay quien pregunta: “¿si el hombre viene del mono, por qué
todavía hay monos?” Seguramente, querido lector, usted habrá pensado
varias respuestas que ofrecer, sin embargo, en este post pretendo ir más
allá de este infantil interrogante y desentrañar otras muchas falacias
del saber.
En
opinión de Michio Kaku, físico teórico, o del astrofísico Neil deGrasse
Tyson, ambos famosos divulgadores, todos nacemos científicos. Según
crecemos, vamos experimentando, formulando hipótesis, realizando
experimentos y extrayendo conclusiones. Sin embargo, el sistema de
creencias impositivas tiende a anular nuestra racionalidad. Y muchos
individuos abandonan un método tan fiable como la experimentación para
seguir un conjunto de creencias culturales que emanan de su contexto
histórico.

Resulta
fácil adivinar por qué hay ideas más autosuficientes que otras, más
infecciosas, como si de un virus se tratase. Y es que, dependiendo del
ámbito de la vida que ocupen, pueden resultar más emocionales,
trascendentales o inocuas. ¿Pero por qué habríamos de abandonar un
método racional, empírico, demostrable, aplicable y transmitible? ¿Qué
ha hecho que las personas desconfíen de la medicina y abracen las
terapias alternativas, las religiones restrictivas y demás creencias
dependientes del dogma?
Son
muchos los factores: las creencias impuestas por cuestión cultural a
edades en las que la razón está aún por desarrollarse, la necesidad
secular de creer en algo fijo e inmutable, la búsqueda irracional de
certezas, la autoafirmación del Yo… y cientos más. Lamentablemente, la
vida no son certezas; la vida es incertidumbre. Para colmo, en la
historia del conocimiento cada descubrimiento no hace sino plantear más
preguntas. Pero lo que aniquila al conocimiento y, por ende, a la
ciencia, es el dogma. Son miles las falacias que escuchamos en un debate
“científico” en televisión, si bien son aceptadas e incluso rebatidas
en los platós, dejando a la vista el bajísimo nivel intelectual y
también retórico del programa. Debemos diferenciar lo que es un
argumento de lo que es una falacia, ese el mayor obstáculo al que se
enfrenta un divulgador.
Al
enfrentarnos a un defensor de la homeopatía encontramos “argumentos”
tales como: si al sujeto le funciona entonces funciona. Pero ¿qué hay
del placebo?, ¿lo han olvidado? No, ni mucho menos; no es que lo
ignoren, es que lo abrazan, es su salvoconducto para seguir lucrándose
de la ignorancia. En lugar de proporcionar al individuo mayores
competencias, más información, lo prefieren ignorante, dependiente de
una cura que dejaría de funcionar al instante si se llenase ese vacío
del saber.

Olvidan,
sin embargo, que la cura a un mal psicológico no es hacer un bypass
directo desde el mal a la cura. Y lo olvidan porque no tienen en cuenta
que lo más importante en el conocimiento es el método empleado.
El
buen especialista en salud mental sabe perfectamente que la solución a
un perjuicio psicológico que aqueja a la sociedad no es una pastilla
mágica hecha de 100% azúcar, sino dotar a la sociedad del conocimiento
de su mal, las causas, los hechos, las posibles soluciones; en
definitiva, hacerla consciente, madura y competente.
Son
muchas las falacias contra la medicina moderna, algunas parten de la
crítica a las empresas farmacéuticas y sus intereses cuando los
“curanderos” intentan sostener a toda costa sus argumentos, creando un
enemigo común. Es evidente que rechazar la medicina y abrazar las
terapias alternativas movidos por el odio a las compañías farmacéuticas
resulta descabellado, pues las terapias alternativas deberían en todo
caso sostenerse por sí mismas, nunca creando un enemigo externo.
Terapias
como el reiki, contemplan la transmisión de una “energía” por las manos
para lograr la sanación. Pero ¿qué energía?, ¿electromagnética,
infrarroja, visible o tal vez química en forma de ATP? Nuevamente, la
falsa curación se sustenta en la ignorancia y en la fe ciega. Son muchos
los casos de pacientes que acuden a la seguridad social con
enfermedades en un grado avanzado tras haber probado “terapias
milagrosas”. ¿Dónde está la ética de estos curanderos que, ante la menor
crítica, se rasgan las vestiduras?
Si
volvemos la vista atrás, comprobaremos que gracias a la ciencia hoy
vivimos mucho más y bastante mejor que hace cien años. Sí, es cierto,
resulta todo un reto que la ética avance al mismo ritmo que los logros
científicos, sobre todo los últimos diez años, donde la ciencia ha
experimentado un desarrollo exponencial. Pero esto no debe servir de
excusa para renunciar al saber y retrotraernos a tiempos pretéritos,
cuando los curanderos y los chamanes tenían tanto o más poder que los
hombres de armas. En este mundo global, donde la información y la
desinformación literalmente vuelan, se está librando una sórdida batalla
entre la verdad y la mentira. Confiemos en que, por el bien de la salud
de todos, la verdad se imponga.
Postado há 1 week ago por Orlando Tambosi
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