BLOG ORLANDO TAMBOSI
Mais de um ano após o início da guerra, ainda há quem defenada Vladimir Putin. Carlos Galán para a revista Ethic:
El discurso que rodea la invasión de Rusia a Ucrania
parece haber creado extraños compañeros de cama. Mientras que en la
propia Rusia no son pocos los artículos que muestran, sin ningún tipo
de complejo, que el país es un imperio militar, que así ha sido –y
será siempre–, que no hay que avergonzarse de ello y que no es
necesario recurrir a ningún eufemismo ni reemplazarlo con otros
términos, ciertos analistas occidentales –entre los que también hay
españoles– desean mostrar a Rusia como la víctima, la atacada en el
conflicto.
Aunque
la mayoría de los ciudadanos españoles, así como los líderes de los
principales partidos políticos, han brindado su apoyo a Ucrania,
existen ciertas personas –ideológicamente situadas en la extrema
izquierda o la extrema derecha– que, haciendo uso de sus respectivos y
recurrentes argumentos (desconfianza en la política exterior de los
Estados Unidos, por ejemplo), defienden la actuación del presidente
ruso Vladímir Putin, llegando incluso a instar a las autoridades
españolas a no intervenir en defensa de Ucrania. Pese a sus diferencias
dialécticas, lo más significativo que de común parecen evidenciar
los discursos de ambos lados es un victimismo al que acompaña un
sentido de profunda autocompasión. Pareciera que ambas posiciones
tienen la convicción de estar siendo permanentemente «marginadas»,
«dominadas» o «amenazadas» por un establishment aparentemente
omnipotente. Un ejemplo de ello lo encontramos en la posición que
parecen defender dos personas públicas, en principio alejadas
ideológicamente.
La
primera de ellas es el exteniente Luis Gonzalo Segura, que, como recoge
su propia web, en junio de 2015 fue expulsado de las fuerzas armadas
españolas por denunciar públicamente corrupción, abusos, acosos y
privilegios anacrónicos, una postura que recuerda a la de Edward
Snowden. En ambos casos, sus protagonistas consideraron que, por ética
personal, tenían que hacer públicos los datos que habían adquirido en
la actividad profesional desempeñada en virtud de un previo compromiso
con su propio país.
Gonzalo
Segura es un referente militar de la izquierda antisistema. Resulta
llamativo que no solo ponga en duda cualquier cuestión que pueda
perjudicar a Rusia, sino que, por el contrario, siga su misma estrategia
comunicacional. Ejemplo de ello son los artículos que ha publicado en
RT (antes Russia Today) reproduciendo exactamente las mismas ideas que
viene aventando Rusia desde el comienzo del conflicto; desde las que
señalan que los ucranianos son nazis o que la OTAN
se comprometió a no expandirse al este a aquellas que critican el
envío de armas a Ucrania o las que señalan que la Unión Europea o
España serán las verdaderas perjudicadas del conflicto. Aunque la
posición de Gonzalo Segura parece más que evidente –gracias a la
publicación de artículos en RT o participando en eventos y congresos
anti-OTAN, habitualmente organizados por plataformas que no parecen
ocultar su simpatía al régimen de Putin–, quizá una de sus
manifestaciones más interesantes fueron las realizadas una semana antes
de la invasión, y en las que, siguiendo la versión oficial rusa,
criticaba en tono jocoso (recogiendo las declaraciones de Maria
Zajarova, portavoz del Ministerio de Exteriores ruso) las alertas de los
servicios de inteligencia de Estados Unidos y el Reino Unido: «Cuesta
creer que finalmente se vaya a producir esa tan temida invasión, yo
creo que se trata de un juego político que va para largo a pesar del
pico de tensión que podemos tener ahora».
Por
su parte, en el otro lado del espectro ideológico-político
encontramos a Juan Antonio Aguilar, fundador en los años ochenta de
Bases Autónomas, militante entre 1996 y 1998 de Falange Española,
candidato en el año 2000 por España 2000, fundador en 2005 de la
organización neofascista UST (Unión Sindical de Trabajadores),
dirigente hasta finales de 2006 del ultraderechista MSR (Movimiento
Social Revolucionario) y director del medio El espía digital, una web
de análisis internacional que, en la práctica, funciona como un
elemento más del engranaje mediático ruso. Aguilar, que ha sido
entrevistado en RT y en Sputnik News en numerosas ocasiones divulgando
narrativas favorables a Rusia, fue uno de los promotores españoles de
la manifestación prorrusa del 8 de mayo de 2022. Si examinamos alguno
de los artículos publicados en El espía digital con posterioridad a la
invasión, observamos que, también aquí, se critica el suministro de
armas a Ucrania por parte de España, a la OTAN por su supuesta
expansión o las narrativas que señalan que la UE y España serán las
más perjudicadas por apoyar a Ucrania, entre otros argumentos.
Análogamente,
si analizamos las narrativas difundidas por Aguilar antes de la
invasión de Ucrania, observaremos la coincidencia con los contenidos
divulgados por los medios oficiales rusos, que sostenían que la prensa
occidental estaba exagerando y Rusia no iba a invadir su país vecino,
llegando incluso a señalar que «la inminente invasión rusa de Ucrania
será la mayor noticia falsa de 2022 en los medios occidentales».
Entre
los principales argumentos que ambos esgrimen para defender su postura
prorrusa está el que sostiene que en Europa –y en España– no existe
una verdadera libertad de expresión; sin señalar al mismo tiempo que,
durante 2022, se promulgaron en Rusia leyes en las que se criminaliza a
aquellos que difunden «información falsa» sobre el ejército o las
operaciones rusas con cuantiosas multas y penas de prisión de hasta 15
años y obviando que estas normas han obligado a muchos medios
independientes –o mínimamente críticos con el Kremlin– a limitar su
labor informativa o, en el caso de los periodistas extranjeros, a
abandonar el país. Un apunte más: estas dos personas han sido
invitadas a participar en medios oficiales pertenecientes a otras
dictaduras, como el medio iraní HispanTV.
Estos
perfiles suelen colaborar con proxies de la Federación Rusa; medios
que, no reconociendo su financiación o vinculación política con
Rusia, funcionan como su altavoz, tratándose, por lo general, de
plataformas dirigidas a un público de fuerte polarización ideológica.
Ambos son solo una pequeña muestra que forma parte –consciente o
inconscientemente– del bien diseñado y engrasado engranaje
propagandístico y desinformativo del ecosistema comunicacional de
Rusia, que evidencia claramente cómo determinadas narrativas pueden
llegar a propagarse por distintos actores, al margen de la ideología
política o personal de sus defensores.
Postado há 1 week ago por Orlando Tambosi

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