BLOG ORLANDO TAMBOSI
O paleontólogo Juan Luís Arsuaga publica um novo livro em que examine os sete milhões de anos da evolução da anatomia humana, unindo ciência e arte. Entrevista a David Barreira, do El Cultural:
Juan Luis Arsuaga (Madrid,
1954) observa en las salas del Museo del Prado las esculturas del
Diadúmeno de Policleto o la Venus del Delfín. El cuerpo humano desnudo y
glorificado, el resultado de una historia evolutiva de siete millones
de años. Conectando la ciencia con el arte, el famoso divulgador, uno de
los científicos más importantes de España y codirector de Atapuerca,
arranca en ese escenario su nuevo libro, Nuestro cuerpo (Destino), donde
desgrana cómo ha sido el proceso hasta alcanzar esta expresión
anatómica y cómo nos hemos diferenciado del resto de las criaturas.
Pregunta. ¿Cuál diría que es la parábola de este libro? ¿Qué quiere enseñar a los lectores sobre la anatomía humana?
Respuesta.
Básicamente, lo que pretendo es amigarnos con nuestro propio cuerpo,
disfrutar del cuerpo conociéndolo. Creo que no pensamos mucho en él,
salvo cuando nos duele. Entonces no tenemos una buena relación. El
cuerpo es un desconocido. Sabemos del cuerpo lo que yo sé de mi coche,
que no soy aficionado a la mecánica. Sé que tiene un motor en algún
sitio y que de alguna forma metiéndole gasolina anda. Alguien que sabe
de mecánica de automóviles parece que disfruta más del viaje en coche.
Entonces nos pasa un poco lo mismo con nuestro cuerpo, con una
diferencia fundamental: nuestro cuerpo tiene sensibilidad y sentimos a
través de él.
»Después
de haberlo dicho todo en esta clave dualista, en esta clave de
Descartes, de que somos dos en realidad —una parte importante que soy yo
y luego un vehículo que es menos importante que me lleve, que me
transporta—, he tratado de cambiar un poco el sentido de la mirada, y
decir que más bien somos un cuerpo que tiene una mente. Eso nos llevar a
interesarnos por nuestro cuerpo y a sentirlo y disfrutarlo a través del
conocimiento. Es decir, Epicuro.
P. También tiene una estructura original...
R.
Desde el punto de vista literario, tiene la originalidad de que, hasta
donde yo sé, nunca se ha escrito un libro de texto sobre el cuerpo
humano, con palabras. Nadie lee un libro del cuerpo. Leemos novelas o
libros de cualquier cosa, pero no un atlas de anatomía con unos señores
despellejados. En otras palabras: el libro en realidad es el cuerpo.
Nuestro cuerpo es un libro. De hecho, es uno de los títulos que
manejamos. El cuerpo es un documento que cuenta con siete millones de
años de historia. Hay que aprender a conocerlo como si fuera el
documento que es y a través de la vista y del tacto. El libro no tiene
ilustraciones porque tu cuerpo es la ilustración. Es un libro para
tocarse.
P. Reivindica la relación que tenían los antiguos griegos con el cuerpo. ¿Pero por qué el cuerpo es el gran desconocido? ¿Por una cuestión de pudor?
R.
En España en particular tenemos un problema. Habría que hacer un
análisis sociológico-histórico para ver cómo hemos llegado a esto, pero
somos vergonzosos. Eso es una observación inmediata. Cuando dices en
clase "vamos a tocarnos la muñeca" se produce ahí como un momento de
pánico. En otros sitios se presentan voluntarios. Aquí tenemos una mala
imagen del cuerpo. Hay una cosa con el cuerpo, que sería fácil decir que
es producto de la Inquisición, de la Contrarreforma, no lo sé, pero que
tenemos una relación que no es normal, que no es la que tienen los
niños. Los niños están encantados de tocarse en todos lados, y luego los
adultos nos volvemos tímidos o vergonzosos o pudorosos.
El Homo sapiens es una especie excepcional, un diseño revolucionario
P.
Los dos grandes rasgos definitorios del ser humano son el bipedismo y
la capacidad cognitiva. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cuáles son las
claves de este proceso de evolución respecto a otros animales?
R.
Están desfasados porque la postura bípeda aparece primero y luego la
inteligencia. Estos dos rasgos que nos definen aparentemente no tienen
nada que ver, salvo que quizá podríamos decir que la postura bípeda era
una condición necesaria para que más adelante se produjera la expansión
del cerebro. Las habilidades, por ejemplo, para manipular objetos son
anteriores a la expansión del cerebro, que debe ser una condición
necesaria, quizá no suficiente, pero lo precede. Pero ahí también hay
otra cosa, y es que dentro de la evolución somos bípedos desde hace
cuatro millones de años, pero el Homo sapiens es un bípedo muy especial,
porque somos un prodigio de la biomecánica o del diseño biológico. El
Homo sapiens es una especie que está muy bien diseñada para recorrer
largas distancias. Somos una especie caminante, peregrina.
P. ¿Y somos la especie privilegiada, la elegida por la selección natural?
R.
Bueno, nosotros hemos desarrollado eso más que la fuerza. En la
evolución humana, las otras especies bípedas, los neandertales, el Homo
erectus, tienen una gran fortaleza física. Pesarían 10-15 kilos más de
músculo que cualquiera de nosotros. Seguramente también sus fibras
musculares tuviesen predominio de las fibras de contracción rápida. Es
decir, se trata de unos cuerpos que están mejor preparados para
esfuerzos explosivos, pero no para la resistencia. Yo siempre pongo un
ejemplo que es bastante evidente: la gente se hace el Camino de Santiago
en un mes, que empieza en Francia y termina en Compostela. Esa
capacidad que nos parece normal de caminar es excepcional, es
extraordinaria.
P. Las migraciones de nuestros antepasados hace decenas de miles de años ya eran impresionantes…
R.
El Homo sapiens es el maratoniano. Y esto tiene muchas implicaciones
desde el parto hasta miles de cosas. Una manera de explicar este
concepto para que la gente lo entienda es lo difícil que se es
adelgazar, porque este coche nuestro quema tan poco combustible que
cuesta mucho perder peso solo por el ejercicio porque gastamos muy poco.
P. ¿Los siete millones de años de evolución han sido una gran odisea? ¿Lo lógico hubiera sido quedarnos por el camino?
R.
Lo lógico habría sido ser parántropos. Dentro de una lógica de nuestra
descendencia hay un cambio climático, un hecho externo, que redujo la
extensión del bosque, de la selva lluviosa. En ese momento hay muchas
líneas evolutivas que evoluciona para adaptarse a ambientes más secos,
más abiertos, más estacionales. Aparecen los australopitecos y eso
continúa progresando y aparecen unas formas de australopitecos que
tienen un aparato masticador: son vegetarianos que trituran mucho
alimento vegetal.
»Esa
sería la evolución que tendría que haber ocurrido. Pero sucedió otra
cosa: hubo un antepasado nuestro que en lugar de aumentar el tamaño de
los dientes, lo redujo, y a cambio sustituyó la biología por la
tecnología y aumentó el cerebro. Eso, si yo fuera un zoólogo
extraterrestre que hubiera estado mirando, francamente no me lo habría
esperado, porque es como una inversión, es un cambio completo de la
evolución. Es una trayectoria evolutiva distinta y en cierto modo
inesperada.
P. El momento clave.
R.
Ahí empezó todo: el momento en el que un antepasado nuestro que vivía
junto con otros muy parecidos que eran vegetarianos y que vivían en esos
medios, pues en lugar de adaptarse a los nuevos ecosistemas y los
nuevos recursos, desarrollando el aparato masticador, 'apostó' por toda
la tecnología y por la inteligencia. Esa apuesta tuvo éxito, pero no
estaba escrito en absoluto.
P.
En el libro analiza la polémica científica entre los que defienden que
nuestro cuerpo (de cuello para abajo) apenas ha cambiado desde el Homo
erectus y los que, como usted, aseguran que es una adquisición exclusiva
del Homo sapiens hace aproximadamente unos 200.000 años.
R.
Pero es que eso lo es todo. Más allá de los descubrimientos de huesos,
esa es la gran partida de la ciencia de la evolución humana. Es una cosa
en la que me gusta insistir porque no es trivial. Yo lo comparo con la
teoría de la Tierra como centro del universo. Esa es la gran partida que
se está jugando. Hay dos hipótesis alternativas que son incompatibles y
que no puede haber un término medio. Y yo defiendo una y estoy seguro
de que voy a ganar.
P. ¿Cuáles son las evidencias que respaldan su teoría?
R.
Por lo que he explicado antes, por la interpretación de los huesos y
porque creo que, en pocas palabras, el Homo sapiens es una especie
excepcional. No somos uno más. Los neandertales, por poner el ejemplo de
una especie parecida a la nuestra, son como una prolongación de lo que
había antes. Nosotros somos un suceso, algo novedoso, una gran novedad
evolutiva, un diseño biológico distinto de todo lo anterior. Todo lo
otro es lo arcaico. Es es como si tuvieses un barco de vela. Tú puedes
ponerle más velas y más velas, y más postes o más palos. Pues bien, es
un perfeccionamiento del barco de vela. Pero nosotros somos un barco de
vapor. Es que somos otra cosa.
P. ¿Ese momento concreto de la aparición del cilindro corporal estrecho es el gran misterio actual sobre la evolución humana?
R.
Es el gran debate. Misterio no es porque hay dos alternativas: o blanco
o negro. Esto es como lo de Copérnico: o gira el sol o gira la Tierra.
Ahora hay discusión y disputa para ver quién tiene razón. Pero no tengo
la más mínima duda de que la batalla está ganada, de que este gran
debate se resolverá a favor de mi equipo. Y eso nos cambiará la
perspectiva. Se ha escrito mucho acerca de que somos una especie humana
más como tantas otras, con alguna peculiaridad. Y yo digo que no, que
somos un diseño revolucionario, que somos otra cosa, que no somos una
variante.
»Ya
se sabe que el péndulo de la historia va de un extremo al otro. Se
empezó diciendo que éramos algo único, insólito y divino, y que los
demás eran simiescos y subnormales, incluyendo a los neandertales, pero
luego ha ido en otra dirección y parece que somos simplemente una
variante o una subespecie de homínido con alguna cosa peculiar y un poco
de suerte. Y yo creo que no, que tenemos un diseño completamente
distinto y que todo está relacionado. Nosotros hemos renunciado a la
fuerza individual en favor de la fuerza del grupo. Es decir, nos podemos
permitir el lujo de ser individualmente más débiles porque nuestro
grupo es más fuerte. Todo esto condiciona la definición del ser humano.
P.
¿Sobre qué más aspectos diría que se están centrando hoy en día los
principales estudios científicos relacionados con la evolución humana?
P.
Es que el cuerpo humano sigue siendo un misterio. Todavía no sabemos
para qué tenemos el glúteo mayor tan desarrollado. Por qué tenemos culo,
dicho así directamente. La postura bípeda no sabemos qué función tiene o
qué ventajas representa. En el libro sale mucho Descartes, que es
dualista, la mente y el cuerpo como cosas separadas. Eso ha llegado a
trascender tanto que nos parece que siempre hemos pensado en esos
términos, de que tenemos dos entidades separadas. Ahora hay como una
tendencia a cambiar el sentido de la mirada: mientras que con Descartes
se decía que la mente tiene un cuerpo, ahora tendemos a pensar que el
propietario es el cuerpo.
P. El pasado verano su equipo anunció el hallazgo en Atapuerca de la cara del europeo más antiguo. ¿Este individuo sería muy difícil a lo que somos hoy en día?
R.
Sí, sí, porque yo digo que nosotros somos distintos. El otro bando
diría que no, que hay cambios a nivel del cerebro pero que en esencia es
bastante parecido. Yo como creo que el Homo sapiens es producto de la
evolución, por supuesto, pero que los originales somos nosotros, te
diría que sí. Probablemente el mejor nombre que le podemos dar a esta
especie que tiene 1,4 millones de años es el de Homo erectus. Si lo
vemos reconstruido en un museo, es bastante parecido a nosotros, no es
un mono. Es un humano bípedo, alto y grande, tecnológico. Pero luego en
la anatomía no y en todo lo que eso conlleva. Si tú tienes un cuerpo que
está bien dotado para esfuerzos explosivos practicarás una caza por
emboscada. Y si tú tienes una anatomía que te facilita la carrera de
resistencia, pues harás una caza por agotamiento.
P.
En varios fragmentos del libro repite que uno de los grandes problemas a
los que se enfrentan los paleontólogos es la escasez de fósiles. ¿Cree
que las nuevas tecnologías pueden ayudar en esta búsqueda o realmente
teme que la ausencia de restos de homínidos se deba a que no se han
conservado tras tantos cientos de miles de años?
R.
Siempre ha habido más caballos o más cebras que humanos, pero siempre
ha habido más cebras que leones. Así que no, se irán encontrando los
restos porque no éramos tan excepcionales. De hecho, no seríamos más
raros que los leones. Eso es cuestión de tiempo, de esfuerzo y de
dinero.
P. Hace unos días se publicó en Nature un estudio que decía que el Homo sapiens desciende de al menos dos poblaciones
diferentes en África. ¿Cómo valora la revolución que los estudios de
ADN están provocando en la historia de la evolución humana?
R.
Pues comparables a los que se han producido en el estudio de la especie
humana actual. Y en realidad muy complementarios o muy relacionados,
porque verdaderamente para saber en qué somos distintos nos viene muy
bien tener una especie como los neandertales o los denisovanos con los
que compararnos. Hay aspectos de la biología humana que no cambian tanto
como puede ser la anatomía o la fisiología. La genética es importante
para la especie humana actual. No sabemos muchas cosas de cómo nos
desarrollamos y nuestra relación con las enfermedades. Ahora bien, tiene
un límite de antigüedad. Nunca vamos a tener ADN de Homo erectus o de
australopitecos.
P. Bermúdez de Castro
dice que la evolución humana es un edificio bien construido y que estos
estudios son como una especie de reformas, que no va a haber un giro
brutal.
R.
Yo creo que de entrada saber que tenemos un porcentaje de genes
neandertales, pues es una contribución. La ciencia es acumulativa, es
decir, esa frase que tanto se lee por ahí de que este descubrimiento va a
obligar a reescribir el libro de la historia… Pues hombre, apañados
estaríamos, ¿no? Si cada semana tuviéramos que reescribir la historia
estaríamos perdidos. El conocimiento produce ignorancia. Antes de que
descubriésemos América no teníamos ningún problema con la botánica
americana. De hecho, ni siquiera sabíamos que había un continente. Una
vez llegó Colón a América, ya hay una pregunta: ¿qué tipo de plantas
crecen aquí?
»Es
decir, para formular una pregunta necesitas una novedad, un hecho
nuevo. Cuando pensamos que solo había agua entre Europa y Asia el
problema de las culturas americanas no existía. Cuanto más conocimiento,
pues más preguntas surgen. El propio ADN se descubrió en 1953. Entonces
nadie se preguntaba por los genes. Cada descubrimiento permite plantear
nuevas preguntas. Cada avance hace que surjan nuevas cuestiones. No es
que haya que reescribir lo anterior. Es que ahora aparecen nuevas
preguntas.
P. Quizá los medios tenemos un poco de culpa en exagerar los descubrimientos…
R.
A veces sí y a veces son los investigadores. En los últimos tiempos, en
el mundo de la paleontología, las nuevas tecnologías que han hecho
cosas muy importantes son los métodos de datación y luego estaría el
TAC, del que no se habla comparado con el ADN.
No se habla tanto de él, pero ha revolucionado por completo los
estudios de paleontología humana, porque gracias al TAC podemos tener
una imagen tridimensional del objeto. El primer cráneo del que se
publicó une estudio de TAC fue el número 5 de la Sima de los Huesos, que
se hizo en el Hospital 12 de Octubre.
P.
En el libro dice que ciencia y libertad son inseparables. A ahora que
parece que tenemos más libertad que nunca, ¿la ciencia está perdiendo
peso en esta sociedad líquida, instantánea, fugaz, del presente?
P.
Yo creo que no, pero aquí hay un debate muy interesante: si puede haber
ciencia en una dictadura. La pregunta es por qué surgió la ciencia,
cuándo y dónde. Pues empieza en la época de Descartes. La ciencia es
básicamente un método, la gente la tiene muy idealizada, como si fuera
una cosa casi religiosa. Apareció en Europa en el contexto del barroco
del siglo XVII. Entonces hay polémica acerca de si se puede desarrollar
la ciencia en una dictadura.
P. ¿Cuál es su opinión?
R.
Que no. Darwin escribió que España era una potencia y que de pronto
dejó de tener ciencia por culpa de la Inquisición. Yo tengo ejemplos del
retroceso que experimentó la Unión Soviética, por ejemplo en la
genética, donde por razones ideológicas a los mendelistas se les metió
en la cárcel. Y se estableció una doctrina genética que satisfacía al
dictador de entonces, que era Stalin,
pero que hizo que la genética en Rusia sufriera un retraso de medio
siglo. ¿Puede haber desarrollo tecnológico en estos países, en estas
dictaduras? También tengo mis dudas.
P. Armamentístico, quizá.
R.
Ni eso. Tenemos el ejemplo de Alemania nazi, donde hicieron las bombas
voladoras. ¿Puede haber un cierto desarrollo? Sí, pero la gran ciencia
alemana es anterior a Hitler. Y cuando llega se la carga directamente.
Pero este es un debate bonito, interesante, porque produce nuevas
preguntas. El resumen, en mi opinión, es que no puede haber ciencia
porque la ciencia es incómoda. O sea, la verdadera ciencia es que es una
cosa incómoda porque siempre es subversiva, en el sentido de que se
hace las preguntas incómodas. Hasta ahora yo creo que ningún avance
importante en la ciencia hasta el día de hoy se podría haber dado en una
sociedad cerrada.
P.
La gran aportación de Descartes es esa idea de diferenciar cuerpo y
mente. ¿A usted por qué contribución le gustaría que le recordasen?
R.
Yo encontré un terreno que era el de la evolución humana, que estaba
excesivamente especializado. La ciencia puede caer en un defecto que es
el de la idea de especialización, que acabes trabajando solo en cosas
muy concretas. Hay una frase que utilizamos mucho que dice que un
especialista es una persona que a fuerza de saber cada vez más de menos,
acaba sabiéndolo todo sobre nada. Este es un peligro de la
especialización.
»Yo
he contribuido a dar una visión de la evolución humana que tiene mucho
más sentido biológico, que es el de la especie humana como parte de la
naturaleza. Había un dualismo que era hombre y planeta. El gran avance
de la segunda mitad del siglo XX es descubrir que todo está conectado. Y
entonces mi perspectiva es volar un poco más alto. Y mi aportación en
la divulgación, como en la investigación, es intentar ver las cosas
desde una altura mayor, tener una panorámica más amplia y, sobre todo,
ver al ser humano como parte de un ecosistema y relacionarlo con el
clima, con los cambios en las plantas, en las comunidades. Es decir, una
idea mucho más ecológica de la especie humana, que ahora es más
necesaria que nunca. La evolución era como un drama, como una obra de
teatro en la que los personajes eran los humanos, como diferentes etapas
de la historia y el planeta era como un decorado de fondo.
P. Y ahora interactúan con él.
R.
Claro, ahora no se entiende la evolución humana si no se entienden los
cambios en el planeta. Entonces la gran revolución que todavía no hemos
asimilado es que todo está relacionado y todo está conectado.
Postado há 1 week ago por Orlando Tambosi

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