Antonio R. Rubio resenha, para Aceprensa, o novo livro de Emilio Lamo de Espinosa - seguidor de Ortega y Gasset - sobre o declínio do Ocidente:
Emilio
Lamo de Espinosa, fundador y expresidente del Real Instituto Elcano,
ganó con esta obra el Premio Espasa de Ensayo el año pasado. Se
considera un discípulo de Ortega, aunque no comparte el concepto de la
decadencia del filósofo. Occidente, y en particular Europa, no han
entrado en decadencia, sino que están experimentando un declive. En el
escenario mundial ha irrumpido con fuerza Asia, que no es solo China, y
que representa el 60% de la población mundial. Parece, pues, que la
historia ya no tendrá por protagonista casi exclusivo a Occidente, tal y
como ha sucedido en los últimos doscientos años. Estados Unidos,
simbolizado por un águila envejecida, pero todavía con poderosas garras,
intenta contener el avance del dragón chino, cuya proyección mundial
está determinada por el peso de sus 1.300 millones de habitantes.
Se
diría que Occidente intenta aferrarse a la historia, pero, tal y como
resalta Lamo, la geografía es un hecho determinante que no puede
eludirse. Desde una dimensión geográfica, Europa está situada en medio
de los colosos chino y estadounidense. En esa rivalidad global los
europeos no cuentan demasiado, entre otras cosas porque solo representan
el 7% de la población mundial. Vivimos en la hora de Europa después de
Europa, en expresión tomada del filósofo checo Jan Patocka. Tal es la
realidad de un mundo globalizado, una realidad que no todos aceptan, por
lo que intentan protegerse de la inseguridad encerrándose, como bien
señala Lamo, en los muros de las regiones y las sociedades nacionales,
en un cortoplacismo que reflejan los medios de comunicación y es
aceptado por una gran mayoría de políticos. Una de las consecuencias de
esta mentalidad ha sido la reestatalización a la que asistimos en la UE,
de la que ha sido una muestra la gestión de la pandemia.
Según
Lamo, vivimos en un punto de inflexión, semejante al que en 1989 trajo
la caída del Muro de Berlín y de los regímenes comunistas europeos, con
la diferencia de que el actual período será mucho más prolongado en el
tiempo. Pero, en cualquier caso, la consecuencia será la consolidación
de un mundo poseuropeo. Además, existe el riesgo de que tantos los
objetivos como la propia existencia de la UE se vean amenazados por una
realidad que convierte a la historia europea en una historia regional, y
no en la historia del mundo como en el pasado reciente. El autor,
europeísta convencido, subraya que la UE nunca será un Estado, dada la
diversidad de sus partes, pero debe aspirar a ser más que un simple
mercado. O Europa se articula o terminará colonizada y “desamparada”.
Al
igual que su maestro Ortega en La rebelión de las masas, Lamo escribe
un epílogo para españoles. Les recomienda abrir su mirada al exterior
porque “el futuro de España está fuera de España”, una afirmación que
contrasta con el escaso interés de la mayoría de los españoles, aunque
no es privativo de ellos, por la política exterior. Es lamentable que no
vean vida más allá de la tribu. Ese ensimismamiento solo se explica por
miedos diversos: al futuro, al pasado y al mundo emergente. Sin
embargo, para protegerse del nuevo mundo, la mejor solución es lanzarse a
él. Hay que mirar al futuro en Europa y fuera de Europa. De ahí que
Lamo recomiende para España una política exterior, diferente a la
errática de los últimos años, que siga cultivando la dimensión europea,
pero que incida también en la bilateralidad con los países vecinos y con
quienes haya desarrollado especiales vínculos.
BLOG ORLANDO TAMBOSI

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