Em artigo publicado pelo Instituto Juan de Mariana, Vice Moreno Casas retoma a teoria da ordem espontânea, de Hayek, para analisar os méritos da tradição:
Tenemos la impresión de que, a medida que las personas se hacen
mayores, se vuelven más conservadoras. Y cuidado; no me refiero
estrictamente a convertirse en conservador puro, sino que incluso dentro
de una ideología progresista abandones esas ideas más revolucionarias y
te vuelvas más conservador o realista. En definitiva, uno se encuentra
más alejado de los ideales más utópicos que pretenden moldear una
sociedad perfecta y armoniosa, y prefiere conservar determinados
elementos de la sociedad, puesto que acaba entendiendo que tampoco son
tan perjudiciales y que, si acaso, necesitarán de una mejora progresiva
pero no inmediata. Más aún se nota en aspectos no políticos de la vida
cotidiana, eso que podríamos llamar de sabiduría popular. Es común
escuchar a los más jóvenes tomar por locos o “carcas” a sus mayores. Se
supone que una mente en plena forma y actualizada a los conocimientos de
hoy es mucho más sabía que la de cualquier persona mayor que no ha
tenido al alcance la inmensidad de conocimiento que hoy tiene cualquier
mente joven. Sin embargo, ocurre que cuando nos hacemos mayores
empezamos a decir cosas como: “qué razón tenían mis mayores, y yo que
los tomaba por locos”. Como digo, el tiempo nos hace ver que aquellas
personas que nos precedieron, en efecto, tenían razón sobre el
funcionamiento de la vida, y nosotros, por inexpertos y soberbios,
preferíamos ridiculizarlos. Ahora bien, ¿podríamos dar una explicación
de carácter teórico o científico a este hipotético proceso?
Si tuviéramos que encontrar una explicación a todo esto en la teoría,
podríamos hacerlo en la teoría del orden espontáneo de Hayek. Esta
teoría viene a decir que el orden espontáneo es aquel orden de elementos
en sociedad que son resultado de la acción humana pero no del diseño
humano, pues se crean en un largo proceso de prueba y error que acaba
albergando una cantidad de conocimiento fáctico no asimilable por la
mente humana. Es cierto que las ideas que hay detrás de la teoría
hayekiana son compartidas por muchos autores previos (Barry, 1982), y es
el mismo Hayek quien dice los primeros en aplicar esta idea del orden
espontáneo como fruto de la acción pero no del diseño humano fueron los
escolásticos españoles (Hayek, 1973). No obstante, es en Hayek donde
encontramos una mejor justificación teórica del orden espontáneo que se
remonta, nada más y nada menos, que a su teoría de los fundamentos de la
psicología que recogió en su obra The Sensory Order (1952).
Hayek (1952) demuestra que la propia mente nunca será capaz de
explicar al completo el funcionamiento de ella misma. Esto se deriva de
el razonamiento de que solo los órdenes de complejidad superior son
capaces de explicar los de orden inferior. Por ello, si ni siquiera la
mente es capaz de explicarse a sí misma, ¿cómo va a explicar un orden de
complejidad superior cómo es el orden social o espontáneo?
Precisamente, es espontáneo porque no es diseñado, y como no es
diseñado, no se puede volver a planificar o diseñar. Dado esto, y
conectando con la idea del orden espontáneo, Hayek (1988) concede suma
importancia a la tradición. La tradición entendida como un orden de
elementos heredados de generaciones pasadas y, por lo tanto, complejo y
no diseñado, resultado de un proceso evolutivo. Es más, Hayek (1988)
sitúa la tradición entre el instinto y la razón, aclarando que la
tradición es lo que permite superar al instinto, pero, a su vez, no es
resultado de la razón, sino que más bien, es la razón resultado de la
tradición. La tradición, por tanto, engloba una cantidad de conocimiento
que resulta inabarcable para la mente humana. Se aprende con el tiempo
en base a comportamientos pautados sobre los que muchas veces no se
tiene justificación, a pesar de su utilidad. Además, Hayek (1988) añade
una expresión de sobra conocida para referirse al pecado capital de todo
planificador, esto es, su fatal arrogancia. Precisamente, la fatal
arrogancia es la actitud en la que, desde las limitaciones de la mente
humana nos creemos capaces de rediseñar y planificar el orden
espontáneo, la tradición y, casi por analogía, la propia razón humana.
Explicado así, cobra sentido nuestro planteamiento anterior. Las
personas mayores descubren, a lo largo de su vida (de ahí que cuando son
mayores dicen: ¡qué razón tenían mis padres!), que en la tradición hay
verdad o, en otras palabras, razón y conocimiento. Por su parte, las
personas más jóvenes, por inexpertos, caen en el pecado de la fatal
arrogancia, rechazando la tradición sin saber que, con ello, están dando
la espalda a la razón. Ciertamente, ocurre que cuando las personas van
envejeciendo, la vida, en un proceso de prueba y error, les lleva a
darse de bruces con el orden espontáneo. Debido a que son solo las
reglas de dicho orden las que permiten sostener el funcionamiento y
éxito de la sociedad, y de la vida individual misma (Hayek, 1973),
acaban llegando finalmente a la conclusión de que en la tradición, en lo
heredado por sus padres, es donde estaba efectivamente la razón, y que
en el pasado fueron fatalmente arrogantes.
Referencias
Barry, N. (1982). The Tradition of Spontaneous Order. Literature of Liberty, 5(2).
Hayek, F. A. (1952). The Sensory Order: An Inquiry into the
Foundations of Theoretical Psychology. The University of Chicago Press.
Hayek, F. A. (1973). Law, Legislation and Liberty. Vol. I: Rules and Order. Routledge.
Hayek, F. A. (1988). The Fatal Conceit: The Errors of Socialism. Routledge.

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