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| Markus Gabriel |
É a resposta filosófica em tempos de notícias falsas, 'fatos alternativos' e realidades paralelas. Os novos realistas estão em busca de verdades compartilhadas - contra o relativismo brutal dos pós-modernos. Mar Padilla para El País:
Aislados,
vivimos una progresiva fragmentación de mundos inconexos entre sí, cada
uno con su realidad y su verdad a cuestas. Quizás estos aires vienen
porque de un tiempo a esta parte hemos asistido a un extraño matrimonio:
el del triunfo de la filosofía posmoderna
en su versión más extrema, que afirma que la realidad es solo una
percepción individual, y el de los usos de internet que alimentan el
aislamiento y la confusión entre realidad y ficción. De esa extraña
simbiosis se ha llegado a la creencia de que cualquier afirmación es
válida, que el significado compartido es mera ilusión y que la verdad es
un mito más.Más información
El
posmodernismo, surgido en las facultades de Filosofía y Literatura
francesas del último tercio del siglo XX, suele cargar con parte de la
responsabilidad de ese desvarío relativista. Y sus ideas han acabado
calando hondo en ciertos trazos del pensamiento común y en la política
más populista. Tres ejemplos: hace 10 años, Dominique Venner se quitó la vida en el altar de Notre Dame en protesta contra el Gran Reemplazo,
como si fuera cierta esa teoría conspirativa que afirma que la
población blanca cristiana europea está siendo reemplazada por árabes y
subsaharianos. Durante el Gobierno de Trump se llegó a crear una especie
de campo impermeable “antirrealidad” alrededor del Gobierno
estadounidense y la base del Partido Republicano, “un caparazón de pura
negación que derrotaba casi cualquier argumento sobre cualquier cosa”,
según escribe Tom Nichols en la revista The Atlantic. Y hace apenas unos
meses Isabel Díaz Ayuso afirmó que el cambio climático era una “gran estafa”
—cuando hay pruebas irrefutables de que es una realidad palpable— y
acabó vinculándolo al comunismo, tal vez porque sus expertos en
comunicación saben que, en un contexto de sospecha y manga ancha en la
construcción de otras realidades, su mensaje puede calar.
Anegados
en un alud de fake news, verdades alternativas y realidades paralelas,
hay cada vez más voces que recuerdan que no todo vale. Y algo se está
moviendo. Es la consolidación del Nuevo Realismo, una corriente de
filosofía que parece llegar al rescate contra el relativismo rampante,
un cambio de paradigma en busca de verdades compartidas.
El Nuevo Realismo
Los nuevos realistas son Markus Gabriel
(Alemania, 1980), Maurizio Ferraris (Italia, 1956), Graham Harman
(EE.UU., 1968), Ray Brassier (Inglaterra, 1965) y Quentin Meillassoux
(Francia, 1967), entre otros. Claman por un aterrizaje de emergencia y
urgen en la búsqueda de una realidad común. Porque hay que ir con ojo:
la obstinación de la realidad es limitada y necesita que nosotros la
protejamos, escribió Hannah Arendt.
Sus
tesis presentan variaciones, pero a los nuevos realistas les une las
ganas de bajar a la arena y plantear ideas nuevas. El Nuevo Realismo
proclama que “el mundo existe independientemente de nosotros, pero, a su
vez, que puede ser conocido por nosotros”, explica por teléfono Ernesto Castro,
doctor en Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Una
afirmación que puede parecer una perogrullada, pero no es tal: hace 15
años, declararse realista y tratar de entender el mundo externo era
motivo de burla entre colegas filósofos, según el estadounidense Graham
Harman.
Tras
una crisis financiera global, una pandemia y una guerra en curso, cuyas
consecuencias reales difícilmente pueden ponerse en duda, el viento
sopla ahora a favor de estos nuevos realistas. Si el Nuevo Realismo no
es nuevo (su embrión data de 2007 y, antes, a principios del siglo XX
hubo un movimiento filosófico estadounidense de igual nombre), sí lo es
la favorable recepción de sus propuestas. Castro, autor de Contra la
postmodernidad (Alpha Decay, 2011) y de Realismo poscontinental:
Ontología y Epistemología para el siglo XXI (Materia Oscura, 2020), se
pregunta si la filosofía tiene capacidad de encarar los retos
contemporáneos. Y su respuesta es que sí, y que una opción es esta nueva
corriente, que enlaza con los desafíos de este tumultuoso siglo XXI.
Contra el ‘bullshit’
Markus
Gabriel, uno de los pensadores más influyentes de la actualidad, lo
confirma sin dudar: el giro realista es “una respuesta filosófica a
estos tiempos de posverdad, postrumpismo y bullshit (estupideces)”. Es
una nueva corriente que nace contra los excesos del posmodernismo y su
reflejo en la tecnología. “Mi ataque al relativismo es un ataque a
Twitter”, afirma en conversación por videoconferencia.
Gabriel
razona por qué esto está sucediendo en estos últimos tiempos,
recordando la idea de Hegel según la cual la filosofía es el reflejo de
su tiempo capturado en el pensamiento: “Lo que acontece es lo que lleva a
la filosofía”. La filosofía, dice, “no es una contribución inmediata,
sino una reflexión respecto a lo que pasa y a lo que vivimos”.
Para
Maurizio Ferraris, autor del Manifiesto del Nuevo Realismo (Biblioteca
Nueva, 2013), el objetivo de esta corriente es superar el dogma
posmoderno que afirma que toda realidad está socialmente construida y es
“infinitamente manipulable”. Se trata de trabajar en la búsqueda de
ciertas verdades consensuadas como, por ejemplo, aceptar la realidad del
serio deterioro medioambiental del planeta.
Esta
búsqueda es importante porque la falta de acuerdo en torno a una cierta
realidad compartida lleva a la sospecha y la desconfianza. Es la tesis,
deudora del posmodernismo más nihilista, de que la realidad no es tal,
sino que está subordinada al Poder —con mayúsculas—o es creada por este.
En esa tesitura, la objetividad, la realidad y la verdad son una
construcción del mal, una idea fatalista según la cual todo está
decidido —y perdido— de antemano, lo que inhibe la capacidad de
transformación de las personas y alimenta la indiferencia ante los
sucesos reales. “Afirmar que la verdad no existe es decir que el lobo
tiene todo el derecho a comerse al cordero. Significa, como en la
fábula, argumentar que la razón del más fuerte es siempre la mejor”,
razona Ferraris en conversación por correo electrónico.
Medio
en broma, medio en serio, Ferraris pone hora, fecha y ubicación exacta
en la creación de la corriente del Nuevo Realismo: fue durante un
almuerzo con Markus Gabriel en el restaurante Il Vinacciolo de Nápoles,
el 23 de junio de 2011, a las 13.30. Ese es el momento en el que
Gabriel, que en aquellos días estaba preparando un congreso
internacional sobre el carácter fundamental de la filosofía, le consultó
cuál podría ser el título del congreso. A lo que Ferraris respondió:
“Nuevo Realismo”.
Esta
corriente quiere poner el acento en lo común, en lo compartido, en la
idea de que la realidad y la ética son conceptos complejos pero, a su
vez, obvios para todos los humanos. Por ejemplo, todos sentimos que el
maltrato a personas mayores está mal e inhibirse de ayudar a menores que
sufren violencia va contra nuestra naturaleza. Por eso, la afirmación
de que la categoría de la realidad básica está vacía de contenido es una
falacia posmoderna. “Para mí, el relativismo lleva intrínseco la
negación de lo importante”, alerta el filósofo alemán.
Gabriel
subraya que la palabra “realidad” en el idioma alemán es Wirklichkeit,
que incluye el nosotros en ella. Es lo que tenemos en común como
definición, de lo que no podemos huir y de lo que no hay alternativa.
Eso no quiere decir que la realidad sea unificada, porque las
perspectivas y subjetividades existen, pero significa que “en la
realidad estamos todos juntos”, reflexiona.
Veneno mental
Uno
de los objetivos de la filosofía es desenmascarar las construcciones
ficticias. Y ese es uno de los ejercicios del Nuevo Realismo, que se
esfuerza por desmontar ideas muy asentadas, como que el impulso
fundamental de la sociedad es la competitividad y la lucha por el
dominio de los recursos, o que los humanos necesitamos supervisión y
vigilancia constantes. “Tenemos que vacunarnos contra el veneno mental
que nos divide en culturas nacionales, razas, grupos de edad y clases
sociales en mutua competencia”, escribió Gabriel en un artículo en este mismo periódico.
En
algunos sectores del feminismo esta nueva corriente filosófica es
interesante porque aboga por nuevas formas de realismo con enfoques más
universalistas, generosos y abiertos, en claro contraste con el viejo
pensamiento patriarcal, según subraya Katerina Kolozova, doctora en
Filosofía del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de Skopje, en
After the ‘Speculative Turn’: Realism, Philosophy, and Feminism
[Después del “giro especulativo”: realismo, filosofía y feminismo].
En
todo caso, si la filosofía es una herramienta que desvela ideologías,
una de las líneas del pensamiento dominante es la fantasía de las
bondades de la tecnología, esa idea de que la inteligencia artificial va
a ser capaz de administrar las cosas del mundo. Pero para Gabriel, la
percepción de que el progreso científico y tecnológico puede reemplazar
el progreso ético es “la idea más estúpida de todos los tiempos”, un
mito peligroso que puede llevarnos a la posibilidad de autoexterminio.
Para
este filósofo alemán —nacido en 1980 en Remagen, que a los 12 años ya
había leído la Crítica de la Razón Pura de Kant (y encontró algunas
incorrecciones)—, un grave problema contemporáneo es que las
multinacionales y los ingenieros que dirigen el presente y el futuro de
la ciencia y la tecnología deciden por todos. Y eso no puede ser. Los
grupos tecnológicos y científicos “deben trabajar mano a mano con los
grupos sociales y políticos que conforman la comunidad para desarrollar
un progreso moral común”, afirma.
Gabriel
predica con el ejemplo: es director académico del prestigioso New
Institute de Hamburgo, donde, junto con empresas como Telekom o
Deloitte, investigan cómo corregir los prejuicios decisionales de la
economía de datos o cómo certificar un comportamiento ético de la
inteligencia artificial.
El
pensador alemán, nombrado catedrático de Filosofía en la Universidad de
Bonn con 28 años, confía mucho en el trabajo cooperativo. “La esperanza
es un modelo de orientación de la acción mucho mejor para los seres
humanos que el miedo. Necesitamos lugares, incluso instituciones, de
esperanza”, zanja.
De
idza. a dcha. los filósofos Ian Hamilton Grant, Graham Harman, Quentin
Meillassoux y Ray Brassier, reunidos para la coferencia 'Realismo
Especulativo', realizado en el Goldsmiths College de la Universidad de
Londres, el 28 de abril de 2007.
El cuarteto de Goldsmiths
Puede
que Ferraris y Gabriel sellaran el nacimiento del Nuevo Realismo entre
manteles y copas en aquel restaurante napolitano a principios de verano
de 2011, pero el embrión de esta corriente filosófica es anterior. Uno
de sus momentos fundacionales se da el 27 de abril de 2007, cuando Ian
Hamilton Grant, Graham Harman, Quentin Meillassoux y Ray Brassier
participaron en un taller sobre Realismo Especulativo en Goldsmiths, de
la Universidad de Londres.
Fue
en ese encuentro, financiado por la revista Collapse, donde estos
cuatro jóvenes tuvieron la audacia de compartir y debatir diferentes
proyectos de aproximación a un nuevo realismo, una temática casi
underground en las agendas académicas de aquel tiempo.
Pero
nada es sencillo. Para empezar, la misma noción de realidad no está
clara. Según Graham Harman, autor de Realismo raro. Lovecraft y la
filosofía (Holobionte Ediciones, 2020), la realidad resulta
inconmensurable ante cualquier intento de conocerla o representarla.
Ante ese esfuerzo —tan humano, tan frustrante— se abren dos brechas: la
que se da entre la realidad y nuestra capacidad para percibirla o
describirla, y la que existe entre un objeto y sus diversas cualidades,
explica en conversación por correo electrónico. Así, mientras el
posmodernismo sospecha de los objetos y quiere desentrañar para qué
sirven, la ciencia los descompone, esto es, busca saber de qué están
hechos. Ante estas dos opciones, Harman apuesta por otras ventanas de
conocimiento como el arte o la propia filosofía.
Atento lector de José Ortega y Gasset y
de Xavier Zubiri —de quien le influyó el concepto de la diferencia
entre la esencia de una cosa y sus relaciones con otras cosas,
confiesa—, la filosofía especulativa de Harman se basa en que el mundo
está constituido por objetos —esto es, todo lo que existe en el plano
real o imaginario, desde las células hasta el ordenador, la princesa
Leia o él mismo, se puede catalogar comúnmente como objetos— y que la
realidad es, ni más ni menos, que la relación de simbiosis que se da
entre todo ellos.
Esta idea de simbiosis bebe de las teorías de la científica y pensadora Lynn Margulis,
que describió cómo las especies evolucionan combinándose hasta
transformarse en un nuevo y único organismo. Es aquello que hace que lo
que antes no estaba, después esté. Puro aire fresco que invita a asumir
la transformación que va de la posibilidad a la realidad, como en la
canción Got To Be Real, de Cheryl Lynn.
Postado há 1 week ago por Orlando Tambosi

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