É necessário ter em mente que a desigualdade é estabelecida diariamente pelas pessoas no supermercado com suas compras e abstenções de comprar. Alberto Benegas Lynch (h) para o Instituto Independiente:
El
premio Nobel en economía Friedrich Hayek en su constante preocupación y
ocupación por la trascendencia de los marcos institucionales ha
repetido que la única igualdad compatible con una sociedad libre es la
igualdad ante la ley. En esta línea argumental subraya que ese concepto
clave está indisolublemente atado a la idea de Justicia que según la
definición clásica consiste en “dar a cada uno lo suyo” por lo que, a su
vez, “lo suyo” remite a la propiedad privada.
Asimismo
destaca que la pretendida igualdad de rentas y patrimonios no solo
destruye incentivos para producir por partida doble pues desalienta a
los que se ubican por encima de la marca igualatoria y paraliza a los
que se encuentran por debajo para esforzase en subir debido al
redistribucionismo, sino que inexorablemente apunta a tratar a las
personas de modo desigual ante la ley, es decir, los gobernados tendrían
derechos desiguales.
En
nuestro tiempo irrumpe con toda fuerza la gran paradoja de la igualdad,
esto es, al tiempo en que se insiste en el redistribucionismo se ataca
la noción jurídica elemental de la igualdad de todos ante la ley. La
demagogia quiere igualitarismo económico y desigualdad de derechos pues
resulta imposible contar con las dos igualdades. Una u otra.
Pues
bien, es necesario tener el claro que la desigualdad de ingresos y
patrimonios la establece diariamente la gente en el supermercado y
afines con sus compras y abstenciones de comprar. El delta depende
entonces de la voluntad de la gente que pone de relieve cotidianamente
sus inclinaciones. Esta votación diaria en el mercado es el resultado de
los juicios del consumidor respecto a la capacidad o incapacidad de
servir a sus necesidades. El comerciante o profesional que da en la
tecla con los gustos y preferencias del prójimo obtiene ganancias y el
que yerra incurre en quebrantos. Es la forma en que se le da el mejor
uso a los siempre escasos factores productivos. Solo quiebran este
principio los empresarios prebendarios aliados al poder de turno para
explotar a sus semejantes con privilegios y mercados cautivos de
distinta naturaleza.
Es
en este contexto es que Adam Smith ya precisó en 1776 que el carnicero y
el panadero obtienen ganancias solo si se concentran en el interés del
consumidor, en la forma de satisfacerlo. Esa es la base de la
competencia y los mercados abiertos que no quiere decir cuantos
proveedores deben existir sino que la entrada y salida sea completamente
libre de regulaciones.
Es
necesario percatarse de la sandez de sostener que “frente a cada
necesidad nace un derecho” lo cual demuestra no tener la menor idea del
significado del derecho que es la facultad de usar y disponer de lo
adquirido legítimamente vía el trabajo personal, la herencia, donaciones
y equivalentes. A todo derecho corresponde una obligación. Si alguien
obtiene cien en el mercado, hay la obligación universal de respetar ese
ingreso, pero si esa misma persona demanda que el gobierno directa o
indirectamente le entregue doscientos cuando gana cien y el aparato
estatal procede en consecuencia quiere decir que otros se habrán visto
forzados a entregar parte del fruto de su trabajo con lo cual estamos
frente a un pseudoderecho.
Vivimos
la era de los pseudoderechos: derecho a hidratos de carbono, derecho a
la recreación, derecho al transporte, derecho a la salud adecuada y
hasta derecho a la felicidad. Si de lo que se trata es que otros se vean
compelidos a entregar sus ingresos para tales fines, estamos frente a
la destrucción del derecho lo cual afecta a toda la comunidad pero muy
especialmente a los más vulnerables debido a la consecuente disminución
en las tasas de capitalización que son la únicas causas de salarios e
ingresos en términos reales.
Desde
la Carta Magna de 1215 en adelante las constituciones originalmente
eran documentos para limitar el poder político, hoy en cambio son en
gran medida cheques en blanco para que los aparatos estatales hagan lo
que quieran con los derechos de la gente. Muchas son ahora declaraciones
de deseos. Para poner un ejemplo extremo, en la Asamblea Constituyente
convocada en su momento por Correa en Ecuador se propuso seriamente
incluir en la Constitución el “derecho al orgasmo de la mujer”, lo cual
afortunadamente no prosperó pero lo menciono al efecto de ilustrar la
corriente que hoy embarga a buena parte del mundo basada en ideas
atrabiliarias del derecho.
Entonces,
por un lado la empobrecedora guillotina horizontal presente en la manía
del igualitarismo de resultado y, por otro, el remate del derecho hacen
de operación pinza para la liquidación de marcos institucionales
civilizados. Como bien ha apuntado Anthony de Jasay, sostener que en la
carrera de la vida todos deben partir de la misma situación es una
metáfora deportiva autodestructiva puesto que a la llegada de la carrera
los participantes se darán cuenta que los esfuerzos fueron
completamente estériles puesto que para seguir con el mismo principio se
iguala nuevamente en la carrera que le sigue a continuación.
La
paradoja de las igualdades que dejamos consignada en esta nota
periodística debe ser intelectualmente combatida si se desea el progreso
moral y material de la sociedad.
BLOG ORLANDO TAMBOSI
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