Para Michael F. Cannon, do Instituto Cato, a atribuição de vacinas ao mercado não seria perfeita, mas seria superior ao racionamento estatal:
Los reportajes en las noticias indican que las vacunaciones en EE.UU. están dándose más lentamente de lo que los funcionarios prometieron y de lo que se está haciendo en otros países. Algunos proveedores de salud están en una carrera —y algunos están fracasando— para administrar su stock de vacunas antes de que estas expiren. En un caso, más de 500 dosis se malograron cuando un empleado las retiró de un congelador, supuestamente intencionalmente.
Estos
episodios resaltan solo algunos de los problemas implícitos en utilizar
el racionamiento estatal en lugar de los precios de mercado para
distribuir las vacunas.
Si
los productores y vendedores al por menor podrían cobrar y los
consumidores podrían pagar, lo que sea que ellos deseen, la distribución
de las vacunas contra el COVID-19 probablemente sería más rápida que lo
que es actualmente y probablemente no expiraría el stock actual.
Los reportes anecdóticos indican que algunos consumidores están dispuestos a pagar $25.000
para recibir la vacuna. Si los vendedores al por menor podrían obtener
miles o incluso cientos de dólares en ganancias de cada dosis que
vendan, ellos tendrían el incentivo y la capacidad de invertir más
recursos en asegurarse de tener vacunas y de distribuirlas rápido. Ellos
se esforzarían más para proteger las vacunas del sabotaje por parte de
empleados desquiciados (la ley también lo podría hacer, si las
penalidades por destruir las vacunas se elevaran con el valor de mercado
de cada dosis). Contratarían más personal (esto es, enfermeras) con
sueldos más altos de lo normal para organizar la distribución y/o
suministro de las vacunas. Incluso podrían entrenar a más personas para
poner las vacunas —y conformarían un lobby para exigir que los estados
suspendan las regulaciones estatales que impiden que lo hagan.
Si
los productores podrían ganar miles o incluso cientos de dólares por
cada dosis que venden, ellos también tendrían un incentivo y capacidad
superiores para expandir la producción y producir más vacunas más
rápido.
¿Los
precios de mercado garantizarían que las vacunas irían a los
recipientes de mayor valor primero? Para nada. Pero la asignación de
mercado no tiene que ser perfecta. Solo tiene que ser mejor que el
racionamiento estatal.
En un artículo anterior
acerca de la asignación estatal vs. la de mercado para las vacunas
contra el COVID-19, escribí, “Si el gobierno pudiese asignar las vacunas
de tal manera que obtuviese más de estas para los destinatarios de
mayor valor que las fuerzas de mercado” entonces la distribución estatal
fuese algo defendible. Pero, “Para lograr un desempeño mejor que las
fuerzas de mercado, el estado de hecho debe saber quiénes son los
recipientes de mayor valor, de hecho ser capaz de asignar las vacunas en
torno a ese criterio, y no restar de cualquier aporte que puedan hacer
por sí solas las fuerzas del mercado, o …disminuir los incentivos que
tienen las empresas farmacéuticas para aumentar la producción”. Eso no
parece estar sucediendo.
El
racionamiento estatal está restando del bien que las fuerzas de mercado
podrían contribuir y retardando la distribución de vacunas contra el
COVID-19, al disminuir los incentivos para la velocidad y seguridad por
parte de los productores y vendedores. En muchos casos, está resultando
en que los recipientes de bajo valor reciban las vacunas antes que
aquellos de alto valor. Está disminuyendo los incentivos para que los
fabricantes aceleren la producción. En algunos casos, esto está costando
vidas al permitir que se expiren vacunas.
Este artículo fue publicado originalmente en Cato At Liberty (EE.UU.) el 31 de diciembre de 2020.
BLOG ORLANDO TAMBOSI

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