Em "A saúde segundo
Cristina Kirchner", o economista Carlos Rodríguez Braun critica os
pronunciamentos de Cristina na Espanha, onde atacou o "neoliberalismo" e
suas "políticas criminosas e genocidas". Para a ex-presidente
argentina, a cultura da liberdade é uma verdadeira enfermidade. Nisso,
empata com Dilma, outra inimiga dessa enfermidade. Segue o texto
publicado pelo Instituto Cato:
Los arrebatos de doña
Cristina Fernández de Kirchner hicieron dudar en mi Argentina natal
sobre el estado de su salud mental. Sin embargo, lo dañino de doña
Cristina no es su posible enfermedad sino sus ideas sobre qué cosa es
una enfermedad.
A propósito de las
políticas de su sucesor, que nos visita esta semana, declaró: “el
neoliberalismo desorganiza a la gente y le quita derechos. Es una
enfermedad que contagia por varias vías. Son políticas criminales y
genocidas porque llevan a la gente a carecer de remedios, acceso a
tratamiento, trabajo y vivienda”.
En primer lugar,
destaca la idea de la “organización”, que entronca con las doctrinas
fascistas y socialistas. La comunidad organizada es el título de un
texto fascistoide del general Juan Domingo Perón de 1949. El creía,
igual que sus sucesores hasta los Kirchner, en organizar a la gente
desde arriba, por el poder, y no en las personas libres, que se
organizan voluntariamente, si así lo desean. Eso nunca. Los
antiliberales sólo valoran la organización de grupos si son
reivindicativos, en el sentido de clamar por la intervención pública,
por subsidios y demás incursiones contra el dinero ajeno.
Otra clave
intervencionista pasa por los derechos. Tanto los fascistas como los
(demás) socialistas comparten la idea antiliberal de que los derechos no
son de los ciudadanos sino del Estado, y que el Estado los confiere
generosamente, y los financia arrebatando recursos que son propiedad de
sus súbditos, pero que estos están obligados a entregarle, dada la
“función social de la propiedad”.
Sobre esa base brota
la divinización de los partidarios y la demonización de los adversarios.
De ahí la idea de que quien es menos intervencionista (porque Macri no
es en absoluto un liberal radical), es necesariamente malvado, criminal y
genocida. En el imaginario antiliberal, se trata de perversos que le
quitan a la gente desde la casa hasta el empleo o la salud, bienes todos
ellos que, naturalmente, la gente sólo puede obtener gracias a la
decisión del poder político y legislativo.
Rizando el rizo
sectario, comentó doña Cristina Fernández: “No creo que se hayan
equivocado, y no creo que haya mala gestión del gobierno. El modelo
neoliberal necesita una desocupación de dos dígitos y condiciones
laborales malas para que la gente no reclame”. Esto entronca con la
mitología marxista del “ejército industrial de reserva”, y choca
abiertamente contra la realidad: no es el mercado libre el que propicia
el desempleo, sino el intervencionismo, como bien sabemos en España.
En diciembre pasado
se juntó la ex presidenta argentina con Dilma Rousseff, y ambas
despotricaron contra esa enfermedad que es la libertad. Naturalmente, la
ex presidenta brasileña aseguró que su destitución sólo fue obra de
“los grandes medios, los sectores conservadores y los segmentos
empresariales”, cuyo objetivo es, agárrese usted: “destruir a los
líderes que enfrentan la corrupción”. Ni la señora Rousseff ni la señora
de Kirchner reconocieron ninguna responsabilidad en la corrupción, que,
como es sabido, ostentó en sus gobiernos respectivos una salud de
hierro.
BLOG ORLANDO TAMBOSI

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