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Com uma miopia desse calibre, a violência é inevitável. A única lei universal que se respeita é a do mais forte, que se impõe seja pela força, seja pela intimidação. Antonini de Jiménez para Disidentia:
Hoy
me las tuve que ver con el vecino después de haber convertido su
departamento en una discoteca ambulante. Llamé a la puerta, le exigí
educadamente, pero sin excusarme, que bajara la música, y ofendido, se
negó. Aquí tenéis la más viva prueba de porqué Colombia es un país
pobre.
Saquémosle
punta al lápiz. Nuestro vecino se ofendió porque es incapaz de
reconocer una verdad, la de respetar el silencio ajeno, cuando entra en
disputa con sus caprichos. Una miopía de tipo social le impide excusarse
por su falta de educación y me obliga a mí a hacerme la víctima,
inventando alguna tragedia, para despertar en él algún tipo de compasión
y verlo ceder. Si la baja lo hará por pena hacia mi fingida desventura y
no por vergüenza ajena, pues es incapaz de meterse en la cabeza que
respetar al vecino es una máxima universal y no una alternativa abierta a
la discusión. Y esto aplica para todo en este santo país; no me salvará
que mi vecino tenga un doctorado.
Si
te diriges a una tienda de ropa te aplaudirán para captar tu atención
cuando no la atizarán con un ruidoso bafle; acto seguido se te arrimará
un dependiente que engatusándote no te dejará tiempo para saber que
compras. Esto ocurre porque el colombiano no necesita tiempo para
pensar, obra, acogido a los sentimientos. La miopía colombiana se deja
sentir también a la hora de oscurecer la existencia de verdades que van
más allá de su propio ombligo; algunas de estas pasan por respetar los
pasos de peatones, o el descanso del vecino. Y como no cree que exista
nada más allá de él, tampoco podrá distinguir entre su opinión y la
verdad, y entonces, creerá, solo porque pertenece a esta tierra y así le
dijeron, que ya eran una civilización antes de la llegada de Castilla.
En
finanzas ni hablemos. Las cuentas de ahorros padecen de goteras y no
existe bolsillo colombiano trenzado sin agujeros. Los negocios invierten
con reservas a un día, y, al otro, como es natural, se precipita una
avalancha de cierres. Por si fuera poco, tendrás que aguantar a todo
aquel que quiere venderte una canción, o una pulsera o yo qué sé cuántas
cosas en la vía pública sin que te atrevas a impedírselo pues es
incapaz de comprender que está transgrediendo tu tiempo, al creerse con
derecho a hacerlo solo porque le conviene ganarse tu donativo.
Con
una miopía de este calibre la violencia es inevitable. La única ley
universal que se respeta es la del más fuerte, que se hace imponer, o
bien por la fuerza, o por la intimidación. Cuando es por esta segunda,
lo que ocurre en la mayoría de las veces, se destapa un resentimiento
que hace despreciable el gusto a la vida, hundiéndola tras un pesimismo
crónico que a veces llega incluso a ponerle fin. De esta lamentable
situación suelen aprovecharse los gobernantes mesiánicos que lejos de
alentar a su pueblo para que crezcan, cubren de fango las calles para
que se revuelquen. Ahora ya lo sabes colombiano, o te pones las pilas y
maduras, dejando de actuar como un niño malcriado, o solo te quedará
Maduro.
Postado há 3 weeks ago por Orlando Tambosi

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