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Contraditório e valente, Carlos Alberto Montaner (1943-2023) deixa uma obra que é e seguirá sendo objeto de discussão e devoção para os cubanos livres. Jacobo Machover para Letras Libres:
El anuncio de la muerte de Carlos Alberto Montaner en Madrid ha provocado
una gran emoción en el exilio cubano. Y también en las filas de los
demócratas desterrados de Venezuela o de Nicaragua, así como de otros
países latinoamericanos amenazados por una forma u otra de despotismo.
Esa
emoción, que comparto naturalmente, es consecuencia de un combate sin
fin (y sin vacilaciones) contra el castrismo. Recuerdo que la primera
vez que oí hablar de él fue en un artículo relatando un congreso, que se
celebró a mediados de los años 1970, de escritores hispanoamericanos en
las islas Canarias. Allí tuvo la valentía de criticar la revolución,
aún mitificada, frente a un panel de simpatizantes del régimen que
desataron un griterío contra él. Tuvo que aguantar esos insultos, como
“agente de la CIA”, “mercenario al servicio del imperialismo”,
“terrorista”, “gusano”…, en lo que calificaba como un “asesinato de
reputación”, a lo largo de su vida.
Desde
los 17 años se enfrentó a la dictadura de Fidel Castro, siendo apresado
por el régimen en 1961. Logró fugarse de la cárcel –una verdadera
hazaña– y refugiarse en una embajada, de donde partió al exilio eterno,
de Puerto Rico a España, donde se afincó durante varias décadas, pasando
por Estados Unidos.
Su
combate fue verbal y particularmente eficaz. Coincidí con él en su
querido Madrid a principios de los años 90, donde dirigía la editorial
Playor, que publicaba a varios exiliados cubanos y, para sobrevivir,
libros de texto. Ya sus artículos eran difundidos en todos los países de
lengua española, a través de su propia empresa, Firmas Press.
Se
reclamaba de una ideología liberal, lo que lo llevó a fundar la Unión
Liberal Cubana, junto con su amigo, el doctor Antonio Guedes. Multiplicó
los contactos con los disidentes del Este europeo, varios de ellos,
como Lech Wałesa o Vaclav Havel, llegados al poder tras el derribo del
muro de Berlín. Evidentemente, estos apoyaban nuestro combate,
rápidamente frustrado por una represión despiadada, a favor de la
liberación de Cuba del castro-comunismo. Montaner fue uno de sus
principales opositores, junto con Jorge Mas Canosa, presidente de la
Fundación Nacional Cubano-Americana, prematuramente fallecido en 1997.
Este último era mucho más radical que Carlos Alberto Montaner, quien a
veces intentaba promover un “diálogo” imposible con algunos miembros del
gobierno cubano para llegar a una transición pacífica. Por eso tuvo que
hacer frente a críticas virulentas de otra fracción del exilio que
consideraba esa voluntad conciliadora como una traición. El escritor
Reinaldo Arenas expresó en forma virulenta esa oposición en su
introducción a sus memorias póstumas, Antes que anochezca.
Las
polémicas de Montaner con cubanos de afuera y de adentro fueron
constantes, hasta su final, ya que brindó un apoyo decidido, desde su
espacio televisivo en CNN en español, primero a Hillary Clinton y luego a
Joe Biden contra Donald Trump, quien sigue gozando de una gran
popularidad en la Florida por su oposición resuelta a cualquier
acercamiento con la dictadura imperante en Cuba. En 2010, protagonizó
una extraña polémica por correo electrónico con el cantautor Silvio
Rodríguez, “diputado” de la Asamblea Nacional del Poder Popular (sic),
defensor a ultranza de sus amos revolucionarios luego de haber sido, en
sus años mozos, crítico con ciertos aspectos del castrismo.
Carlos
Alberto fue autor de unos treinta libros, entre ensayo y ficción, desde
Perromundo, su primera novela,hasta Sin ir más lejos, su libro de
memorias, pasando por Viaje al corazón de Cuba, un ensayo de divulgación
de la realidad de nuestro país vista desde el destierro, así como Otra
vez adiós, un libro inspirado en la historia de la comunidad judía, con
quien sentía grandes afinidades, de Cuba. La obra que lo propulsó a una
fama continental fue un libro a tres voces, escrito en 1996 con el
colombiano Plinio Apuleyo Mendoza y el peruano Álvaro Vargas Llosa, hijo
de Mario, quien fuera su amigo: Manual del perfecto idiota
latinoamericano, cuyo éxito provocó dos actualizaciones posteriores. Los
tres arremetían de manera bastante sarcástica contra los lugares
comunes, trasnochados, de las teorías de los herederos del
castro-guevarismo. Debo decir que lo mejor de esos volúmenes es su
título, ya que las previsiones contenidas en ellos se revelaron en su
mayoría erróneas: los idiotas siguen cabalgando.
Quiero
referirme a algunas de las conversaciones que tuve con él, en distintos
puntos de la geografía de nuestros encuentros de cubanos errantes. Uno
de ellas fue en Roma en 1991, durante una reunión del exilio y algunos
de sus apoyos, evento interrumpido por una horda de comunistas italianos
que no apreciaban que se pudiera criticar a su querido Líder Máximo.
Allí pude entrevistar juntos a Carlos Alberto y a su hija Gina, quien lo
acompañaba. Su familia, con sus dos hijos y su esposa Linda, fue el
pilar en quien siempre se apoyó contra todas las adversidades.
Otro
encuentro fue en París para un coloquio en la Asamblea Nacional, en
presencia de algunos de los mejores intelectuales franceses,
Bernard-Henri Lévy por ejemplo, y de otras nacionalidades, como Mario
Vargas Llosa. Sostuvimos otros en Miami, ya fuera en el restaurante La
Carreta a medianoche, o en el transcurso de una cena en casa del editor
Juan Manuel Salvat, nuestro amigo común, celebrada en 2009 con motivo de
la presentación de una obra mía, El libro negro del castrismo. Carlos
Alberto estaba ya físicamente disminuido, con un hilillo de voz que,
paradójicamente, le confería una actitud muy cariñosa.
Al
revelar en el mes de mayo su rara enfermedad neurodegenerativa, todos
sabíamos que no íbamos a escuchar más las crónicas radiales de ese
editorialista incansable.
Recordaré
a Carlos Alberto con todas sus contradicciones pero, sobre todo, con su
valentía para enfrentar las calumnias y los ataques despiadados de sus
enemigos declarados, los hermanos Castro y sus propagandistas. Su obra
es ya en la isla, clandestinamente, y será, el día en que se acabe ese
régimen de oprobio, objeto de discusión y de devoción para los cubanos
libres. ~
Jacobo Machover (La
Habana, 1954) es catedrático en la universidad de Aviñón, crítico
literario y periodista. Ha publicado libros como La cara oculta del Che
(2008), El libro negro del castrismo (2009), El terror “humanista”
(2011) y El sueño de la barbarie. La complicidad de los intelectuales
con la dictadura castrista (2012).
Postado há 3 weeks ago por Orlando Tambosi

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