BLOG ORLANDO TAMBOSI
El escritor narra en 'Las sirenas de Titán' viajes siderales y plantea que vivimos en una realidad prediseñada por fuerzas superiores a nosotros. José Antonio Guerpegui para El Cultural:
Los
reencuentros con viejos conocidos literarios provocan un cúmulo de
sensaciones nostálgicas de compleja verbalización. La relectura de Las
sirenas de Titán (1959) de Kurt Vonnegut (1922-2007) me ha
teletransportado a mis años universitarios cuando, en la Transición, era
autor referencial junto a Bukowski y Burroughs en el triunvirato de
transgresores de obligada lectura.

He
utilizado el término teletransportado porque precisamente de eso va el
argumento de esta obra, de viajes siderales entre los distintos planetas
del sistema solar. Se trata de una novela de ciencia ficción que nos
sitúa espacialmente en Newport, Estados Unidos, y temporalmente en un
momento impreciso entre la II Guerra Mundial y la Tercera Gran
Depresión.
El
multimillonario Winston Niles Rumfoord y su perro Kazak recorrerán el
espacio interplanetario a bordo de una nave galáctica bautizada “La
Ballena”. Al alcanzar los “Infundíbulos cronosinclásticos” —lugares
espaciales donde incluso verdades contrapuestas encajan de forma lógica—
la materia celular de Rumfoord se esfumó pasando a convertirse en
fuente de energía que tan solo puede recuperar su naturaleza humana
cuando interfiere con la órbita de algún planeta, disponiendo tan solo
de una hora hasta retornar al estado etéreo.
Otra
singularidad es el hecho de que conozca pasado, presente y futuro como
si de una misma realidad se tratara. El riquísimo heredero Malachi
Constant es invitado a una de las referidas materializaciones, que
cuando de la Tierra se trata ocurre cada 59 días, en la que Rumfoord le
predice su futuro viviendo en otro planeta. Constant intentará por todos
los medios controlar su propio destino, pero todo será en vano, e
incluso llegará a ser protagonista de la guerra que Marte inicia contra
la Tierra.
El
tema sustancial se asemeja al planteado en la película Matrix: la vida
es una entelequia, pues somos utilizados por fuerzas superiores a
nosotros mismos. Tal como afirma Rumfoord —recordemos que conoce todas
las verdades pasadas y futuras— en el último relato: “A nadie le gusta
pensar que lo están utilizando. Cualquiera se negaría a admitirlo hasta
el último momento.” (p. 265).
Se
nos plantean dilemas relativos a la existencia y sentido de la
libertad, pues tal vez no seamos dueños de nuestros propios actos, sino
que vivimos en una realidad previamente diseñada por el “controlador de
la situación”. Es decir, ¿son nuestras acciones y actuaciones fruto del
libre albedrío o fueron anteriormente preestablecidas por algún tipo de
ser o fuerza superior, ya sea máquina o dios alienígena? (tal vez el
dios de la “Primera Iglesia de Dios Totalmente Indiferente”).
Otro
interrogante, ¿es nuestra civilización el resultado de los
acontecimientos históricos o ha sido manipulada durante miles de años
por los tralfamadorianos? (sí, los mismos que volveremos a encontrar en
su novela más conocida, Matadero 5).
Como
escribe Stony, amigo de Constant, “Dios sabe que no es gran cosa, pero
he aquí lo que sé con seguridad […] Lo primero que sé con certeza es lo
siguiente: Si las preguntas no tienen sentido, tampoco tendrán las
respuestas.” (p. 113). Los seres humanos nos vemos en la encrucijada de
encontrar la respuesta al sentido de nuestras vidas; sin embargo, la
propuesta de Vonnegut cuestiona el hecho de nuestra obsesión por
encontrar una respuesta que tal vez no exista. Lo importante radica en
que incluso si todos estamos predestinados por fuerzas superiores a
nuestra voluntad, tenemos la capacidad de amar y ser felices.
Postado há Yesterday por Orlando Tambosi

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