BLOG ORLANDO TAMBOSI
Acaba de sair na Espanha o volume que reúne pela primeira vez neste idioma os cinco textos de lendas, gênero utilizado pelo autor austríaco para lançar grandes e eternas perguntas universais. Irene Velasco para El Cultural:
Stefan Zweig
fue un escritor increíblemente prolífico y de enorme éxito, algo que
dura hasta hoy. Escribió novelas, escribió obras de teatro, escribió
relatos, escribió cuentos, escribió ensayos, escribió biografías,
escribió poemas, escribió sus memorias… Pero también cultivó otro género
literario por el que sin embargo es mucho menos conocido: el de las
leyendas.
Pero
es precisamente en las leyendas en donde se descubre al Zweig más
íntimo, al más espiritual, al de las grandes y eternas preguntas
filosóficas, al que lucha por resolver las paradojas y contradicciones
que le atenazan, al que busca el sentido de la vida, al que agarra a las
grandes verdades universales. A través de las leyendas, Zweig encontró
una forma profundamente personal de transmitir experiencias y
aspiraciones.
Las
cinco leyendas que Stefen Zweig escribió (Raquel discute con Dios, Los
ojos del hermano eterno, El candelabro enterrado, la leyenda de la
tercera paloma y Las hermanas iguales y diferentes) salen ahora reunidas
por primera vez en un único volumen en español de la mano de la
editorial Arpa. Se titula simplemente Leyendas y es una auténtica maravilla.
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La
leyenda era en tiempos de Zweig un género con un profundo arraigo en
Alemania y que contaba con predecesores tan ilustres como Heine,
Schiller, Hesse o Goethe.
“Pero, sobre todo, las leyendas le permitían a Zweig expresar
cuestiones más íntimas que con otros géneros no le resultaba tan fácil:
sus raíces judías, la experiencia de su viaje a la India, su noción de
la divinidad o su actitud ante la violencia”, destaca José Rafael
Hernández Arias, responsable de la traducción y el prólogo de este
volumen de Leyendas de Zweig. “El retrato íntimo del escritor que
arrojan esas leyendas es el de un intelectual profundamente sensible que
sufre tanto por las crisis que atraviesa su país como por las crisis de
su vida privada”.
Una
prueba está en La leyenda de la tercera paloma, publicada por primera
vez por Zweig en diciembre de 1916 en el suplemento de una revista
berlinesa e inspirada en un episodio del Génesis.A pesar de su brevedad
(ocupa tan solo cinco páginas) es un fortísimo alegato contra los
conflictos armados escrito en plena I Guerra Mundial.
“Los hombres, con ropas de colores, se lanzaban la muerte unos a otros,
y las terribles máquinas arrojaban fuego y conflagración”, escribe
Zweig en esa leyenda. “La paloma se despertó sobresaltada. La muerte
estaba sobre ella y la aniquilación; como en otro tiempo lo hicieron las
aguas, ahora sí el fuego se apoderaba del mundo”.
El escritor prestó servicio durante la I Guerra Mundial en el archivo de guerra, logrando así evitar el frente. Y aunque inicialmente se dejó llevar por el espíritu bélico,
enseguida se dio cuenta de que aquella contienda iba a ser una
gigantesca masacre y abrazó el pacifismo. “Al principio, se vio
arrastrado por la guerra, como otros muchos intelectuales. Pensaba que
iba a ser una pequeña escaramuza, una guerra rápida, a lo que se añadía
el romanticismo de defender a la patria y a la cultura alemana de los
‘bárbaros’ ingleses. Pero ya en las primeras páginas de su diario Zweig
escribe que está seguro de que Austria va a perder la guerra y de que
ésta va a ser una carnicería”, nos cuenta Luis Fernando Moreno Claros,
uno de los grandes expertos en Stefan Zweig y quien en octubre próximo
publicará una gran biografía sobre el autor. De hecho, fue él quien le
sugirió a la editorial Arpa la idea de publicar estas cinco leyendas
juntas, dado que desde enero pasado la obra de Zweig está libre de
derechos.
Pero
es sin duda en la leyenda El candelabro enterrado donde emerge el Zweig
más potente e intenso. Escribió ese relato en 1936, cuando la
persecución de los judíos se intensificaba por toda Europa y sus libros
fueron prohibidos por el regimen nazi. La leyenda versa sobre un
candelabro deseado por unos por su valor económico y venerado por los
judíos por su valor religioso. Aunque Zweig pertenecía a una familia
judía, él era ateo y se consideraba, por encima de todo, europeo.
“Cuando
se desató la furia antisemita en Europa, Zweig llegó a ver en un
principio el judaísmo como una maldición, como una carga que él no había
elegido y que amenazaba con dar al traste con su vida”, subraya Luis
Fernando Moreno Claros. “Pero luego cobró conciencia de su judaísmo, de
que pertenecía a esa raza maldecida y perseguida, y animó a los judíos a
seguir siendo judíos, a mantenerse unidos. Decía que lo sagrado siempre
vencería a la fuerza, sostenía que los judíos vencerían a Hitler con su resistencia y su espíritu”.
Ese
es el gran mensaje de El candelabro enterrado, una leyenda en la que
Zweig se identifica con el pueblo judío y su destino. Sin embargo, el
escritor llegó a traicionar lo que él mismo predicaba. Ante el avance
del nazismo, se exilió en Brasil. Pero ni siquiera allí se sentía
seguro, llegó un momento en el que pensó que Hitler iba a vencer en todo
el mundo, que el nazismo se extendería por todo el planeta. Así que,
como es bien sabido, el 22 de febrero de 1942 se quitó la vida junto a
Charlotte Elisabeth Altmann, su segunda mujer.
Los cuerpos sin vida de Stefan Zweig y de su mujer, Charlotte Elisabeth Altmann, en su casa de Petrópolis en Brasil.
“Zweig
no creía en Dios, pero estaba muy necesitado de moral, quería ser un
hombre éticamente perfecto, cosa que no era en absoluto. Se daba cuenta
de que tenía deficiencias, como las tenemos todos, pero aspiraba a ser
mejor. Esa era su gran virtud”, subraya Moreno Claros, quien destaca que
Zweig era mujeriego y frío de sentimientos, alguien que no se llegaba a
enamorar y que a las mujeres más bien las utilizaba, aunque con sus
amigos emuy generoso. “Era un hombre de su época, alguien que además se
había criado entre algodones”.
Contra una divinidad cruel
Aunque
era ateo, en la leyenda Raquel discute con Dios, de 1927, Zweig narra
su rechazo a aceptar a una divinidad cruel y vengativa, que no atiende
al sufrimiento de los seres humanos y que se define por la brutalidad y
el castigo. De existir un dios, considera que éste debería ser
misericordioso y magnánimo.
Las
leyendas de Zweig siguen siendo plenamente actuales. Al fin y al cabo,
responden a cuestiones imperecederas que acompañan a la humanidad desde
el albor de los tiempos, plantean preguntas perpetuas.
Un
ejemplo lo constituye la leyenda Los ojos del hermano eterno, inspirada
en un viaje que Zweig realizó a la India y en el importante texto
sagrado hinduista Bhagavad-gita. Narra la historia de un hombre que, por
equivocación, mata a su hermano y, ante los remordimientos que siente,
busca una vida virtuosa, dándose cuenta de que la más virtuosa de las
vidas es la de la no acción. El relato está basado en las leyendas
indias que hablan de la renuncia, del ascetismo, de que todo es
superfluo excepto la paz interior… Pero, sirviéndose de ese material,
Zweig dilucida su propia actitud ante la violencia y el mundo
occidental.
De
Zweig son famosos sus relatos (como Miedo o Veinticuatro horas en la
vida de una mujer), pero sus leyendas, mucho más desconocidas, son
soberbias.
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Stefan Zweig y su hermano Alfred en Viena alrededor de 1900.
“Los
relatos más apasionados y eróticos de Zweig han ocultado sus leyendas.
Hoy sus relatos nos parecen muy normales, pero él fue el primero en
escribir sobre el deseo de las mujeres de estar con un hombre, algo
inaudito en aquellos tiempos. Zweig fue de hecho calificado en su época
de escritor erótico. Era un escritor de best sellers, y los best sellers
de entonces tenían una alta carga sexual”, subraya Luis Fernando Moreno
Claros.
Las
leyendas de Zweig no tienen esa carga erótica, son mucho más
espirituales. Y aunque no tuvieron la popularidad arrolladora de sus
relatos, también tuvieron éxito, porque todo lo que él escribía se
convertía en oro.
El
caso es que las leyendas de Zweig son más actuales que algunos de sus
relatos. No sólo porque en ellas se abordan cuestiones universales, sino
también por el modo en están escritas. “Las leyendas, precisamente
porque son leyendas, no pasan de moda, están hechas para perdurar,
tienen un tono atemporal, flotan en el tiempo”. Palabra de Moreno
Claros.
Postado há 1 week ago por Orlando Tambosi



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