BLOG ORLANDO TAMBOSI
Nunca faltaram charlatães na história da humanidade, escreve Enrique Fernández Garcia em artigo publicado pelo Instituto Independiente:
Atrevámonos, pues, a entrever algunos felices instantes en el porvenir; regocíjese nuestro corazón al prever que un pueblo pueda, en algunos intervalos favorables, ser gobernado por la razón.Barón de Holbach
En
el siglo XVII, con serenidad, un hombre se decantó por pensar frente a
su chimenea. Era Descartes, filósofo que decidió entonces dudar de todo
para tener alguna certeza. Así, gracias a la razón, verificó su propia
existencia. Era el punto de soporte que serviría para continuar con
otras reflexiones. El desarrollo del conocimiento científico,
verbigracia, consideró ese camino, uno conformado por reglas y
principios que ha ayudado a identificar falsedades e imprecisiones. No
se niega que la experiencia sea también importante; sin embargo, esa
posición racionalista, más aún cuando es crítica, ha sido un factor
fundamental para nuestro avance. La desgracia es que lo olvidamos,
permitiendo ataques por parte de sus enemigos. Por fortuna, tenemos a
Steven Pinker, quien, en su nueva obra, Racionalidad, lanzada el año
pasado, nos advierte sobre prácticas o tendencias irracionalistas del
presente. Conviene aprovecharlo.
En
una época rebosante de información, con facilidades que superan lo
imaginado durante largo tiempo, pensar correctamente puede resultar
difícil. Pasa que, aun cuando tengamos un genuino deseo de conocer la
realidad, podemos ser perjudicados debido a las noticias falsas. Es un
fenómeno que, por lo visto, crece en intensidad y variedad. Sin duda, la
política se ha constituido en su preferido campo de acción. Ya son
cuantiosas las campañas electorales que, de principio a fin, han estado
marcadas por esos engaños. Se ha recurrido a métodos mucho más
sofisticados, alterando videos con audios que dicen lo jamás concebido
por sus supuestos emisores. De este modo, considerables personas se
quedan con datos inexactos, dando por resultado una mirada tergiversada.
Víctimas de la manipulación, varios ciudadanos eligen lo peor.
Lejos
de las urnas, la situación es igualmente problemática. Sucede que,
aunque con el afán de conocer cómo funciona el mundo, muchos se dejan
llevar demasiado por la imaginación. Aludo a casos en los cuales se
concluye que hay una conspiración en nuestra contra. Se puede tratar de
un grupo compuesto por magnates que, buscando todavía más dinero,
inventan un virus, pero, a la vez, comercializan las únicas vacunas
aplicables. Asimismo, según lo notado en los últimos tiempos, se ha
llegado a sostener que criaturas extrañas, o sea, los reptilianos,
dirigirían todo. Los poderosos del planeta conformarían esta maléfica
comunidad. Tenemos hasta la creencia en un plan que, resumiéndolo,
procuraría volver homosexuales a todas las personas. Huelga decir que,
para ellos, cualquier crítica en su contra evidencia la pertenencia al
sector conspirativo.
Las
redes sociales posibilitaron que opinantes de toda índole sean
consagrados como autoridades en distintas materias. No importa que sus
explicaciones carezcan de respaldo; lo fundamental es el impacto
discursivo. Nunca faltaron charlatanes en las sociedades humanas. Desde
tiempos antiguos hasta el presente, con seguridad, pueden identificarse
incontables muestras al respecto. No obstante, nuestros contemporáneos
pueden ejercer una influencia superlativa, conduciendo al despropósito a
sus numerosos seguidores. Porque la regla es no someter a crítica nada
de lo manifestado por ese osado palabrero. No interesa que indique cómo
bajar bastante peso, curar una enfermedad o conquistar al ser amado,
entre otras opciones; sus recomendaciones serían estimadas cual oro
puro. Sólo quienes se animan a ser racionales, los rebeldes del
presente, pueden desnudar a esos ídolos con pies de barro.
El autor es escritor, filósofo y abogado.

Nenhum comentário:
Postar um comentário